
Un catálogo de espía al alcance de la mano
En Buenos Aires se pueden comprar desde cámaras ocultas en botones de camisa hasta audífonos para escuchar a distancia
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Equis, el señor Equis, entró en el despacho de su principal competidor con una inocente sonrisa dibujada en el rostro. Conversó con él 20 minutos, le dio un apretón de manos y abandonó la oficina. Media hora después llamó para avisar que había olvidado su celular. "Pasaré a buscarlo el viernes", dijo. Otro saludo cordial y listo, el trabajo estaba hecho.
Su competidor guardó el teléfono en el cajón del escritorio sin saber que acababan de ponerle un micrófono. Sin escándalo, sin la complicidad de nadie y sin necesidad de tirar un sólo cable, el señor Equis estaba ya en condiciones de escuchar todas las conversaciones de su principal rival comercial.
No es un escena de una película de espionaje. Es una situación que, casi con certeza, se produce en Buenos Aires, donde, en los últimos años, se incrementaron las ventas de equipos para espiar. Micrófonos, cámaras ocultas y grabadores telefónicos resultan una herramienta útil, aunque de dudosa ética, en manos de aquellos que estén dispuesto a todo con tal de descubrir los secretos ajenos.
Los diminutos artefactos electrónicos son, además, relativamente accesibles -se pueden conseguir micrófonos desde 250 dólares y cámaras desde 400- y, aunque cueste creerlo, también se hicieron de uso frecuente entre padres que quieren controlar mucamas, baby sitters y hasta para conocer las relaciones de sus vástagos.
Los espías, al parecer, están entre nosotros, mal que a muchos les pese. El propio jefe de gobierno porteño, Aníbal Ibarra, hace un año fue víctima de espionaje: un equipo especializado detectó en su escritorio dos micrófonos del tamaño de un botón y en la puerta un transformador que servía de sostén para cámaras ocultas.
Un micrófono escondido en la batería de un celular como el que usó el señor Equis para tener a su competidor en la palma de su mano cuesta 1200 dólares. El precio puede resultar caro o económico en función del valor que tenga para quien espía la información que desea conseguir.
¿Quienes espían? En la Argentina, los principales clientes de las casas que comercializan este tipo de equipos son empresas. El uso más frecuente es el espionaje interno: muchas compañías adquirieron micrófonos y cámaras ocultas para poner a prueba la fidelidad de sus empleados. No sólo para cuidarse las espaldas. También para conocer cómo actúan frente a los clientes cuando creen que nadie los ve.
Una de las técnicas es el mistery shopping. Un "detective" con cámara oculta simula ser un comprador insoportable, insistente y maleducado. Todo un desafío para la premisa de "el cliente siempre tiene la razón". Claro que los empleados nunca se enterarán de que participaron de un simulacro.
De la mano de la recesión económica y la globalización de las técnicas de competencia, el espionaje industrial y comercial logró en la tecnología su mejor aliado.
En Buenos Aires existe media decena de casas que venden productos para espías y en Internet las posibilidades son mayores. Los productos que ofrecen, básicamente se dividen en dos: los equipos de medidas y los de contramedidas. Dicho de otro modo, en espionaje y en contraespionaje. En el país son más quienes espían que los que temen ser espiados.
Contraespías
La Casa del Espía.com abrió sus puertas hace cinco años. Según aseguró Nicolás Ruggiero, su titular, en un comienzo los principales trabajos fueron de contraespionaje. "Las empresas nos contrataban para hacer barridos de cámaras y micrófonos. Querían saber si alguien los espiaba", dijo.
Pero luego esas mismas compañías se convirtieron en clientes. No alcanzaba con no ser visto... también había que espiar. Cuando Ruggiero comenzó en el negocio apenas era mayor de edad. Hoy, a los 25 años, tiene su propia sucursal en Miami y vende equipos a toda América latina.
Algo similar ocurrió en Spy Products, una casa que se autodefine como "la tienda del espía profesional". Cuando Ernesto Yaffe la inauguró, en 1997, comenzó siendo una empresas de servicio de contramedidas electrónicas. En ese entonces sus principales clientes eran bancos, compañías de seguros o fuerzas de seguridad y la venta de estos equipos se hacía en un ámbito confidencial.
Hoy, uno de sus locales se asoma sobre la peatonal Florida. En la vidriera, un juego de espejos y cámaras invita al misterio y atrae curiosos.
"Desde hace dos años el consumo se masificó, porque los equipos están al alcance de todos. Si por 500 dólares tenés posibilidad de ver o escuchar a 200 metros lo que hace su vecino, todas las personas se convierten en potenciales espías", aseguró Yaffe.
De celos y niñeras
"Este tipo de productos interesa a matrimonios que trabajan todo el día y dejan a sus hijos con una niñera y hasta mujeres que quieren investigar si su esposo es infiel", aseguró José Manuel Reina, director de Contraespía, con sede en España pero que desde su página web ofrece equipos a la Argentina.
No son ni el zapatófono ni el cono del silencio que usaba Maxwell Smart, el temible operario del recontra espionaje , en una famosa serie televisiva. Pero, aun así, después de saber que una cámara puede estar camuflada dentro de un botón de camisa, son pocos los que pueden hablar confiados frente a una lapicera, una agenda o a un celular.
De hecho, a raíz de los programas de televisión que utilizan la cámara oculta como instrumento de investigación periodística ("Telenoche Investiga", "Zona de Investigación" y "Punto Doc/2"), según precisan en La Casa del Espía.com, se incrementó la venta de detectores de transmisores de frecuencias como las que emiten las cámaras o los micrófonos. Ni empresarios ni funcionarios quieren quedar inmortalizados en la pantalla chica como Papito, el empresario Angel Ramini cuando se jactó ante una cámara oculta de haber intervenido en la venta ilegal de armas.
Una gran cantidad de pequeños comerciantes también se incorporó a la cartera de clientes confidenciales de las casas de espías. El objetivo no son sólo empleados desleales. También, los inspectores desleales que piden coimas y amenazan con clausuras.
La operatoria es sencilla: con la grabación del pedido de coima en mano, los comerciantes repelen a los inspectores extorsionadores con una jugada de contraespionaje: denunciarlos ante la Justicia o ante los medios. Entre los abogados y fiscales, el uso de micrófonos ya no es novedad. Tanto que uno de los códigos en Tribunales es que antes de mantener una conversación ambas partes apaguen sus celulares y desconecten las baterías.
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