
Un chico de 16 años mató a un custodio
Había sido expulsado de una fiesta de egresadas por pelear en el lugar.
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Un joven de 16 años fue detenido ayer en el barrio de Saavedra acusado de matar de un balazo a un custodio de la conocida disco porteña New York City, minutos después de ser despedido del lugar por protagonizar una pelea.
La Policía Federal también arrestó a otra persona, mayor de edad, quien acompañó al menor sospechoso hasta la casa de sus abuelos, donde vive desde hace un año y medio.
El dramático episodio se produjo a las 5.30 de ayer en el conocido local bailable de Alvarez Thomas al 1300 de esta ciudad, cuando el muchacho, cuya identidad se mantiene en reserva por razones legales, fue echado de la discoteca, por pelearse con otros jóvenes, que participaban de una fiesta de egresadas del colegio religioso Patrocinio de San José, ubicado en Conesa y Virrey Arredondo, en el barrio de Belgrano.
Una vez fuera del local se subió a su camioneta, dio una vuelta y volvió a la puerta de la discoteca, armado con una pistola 9 milímetros con la que apuntó y disparó tres veces. Uno de los tiros hirió de muerte en el abdomen a Carlos Pizzio, de 25 años, uno de los custodios, que trabajaba allí desde hacía 10 días.
El muchacho fue detenido por la policía en una casa de la calle Zapiola y Jaramillo, donde vivía con sus abuelos. Allí mismo fue secuestrada el arma utilizada en el hecho, una pistola que, según informaron fuentes policiales a La Nación , tendría limado su número de registro.
La gerenta de New York City,Marianela Olivieri, dijo a La Nación que "los custodios estaban cumpliendo con su deber, protegiendo a las personas que estaban en el boliche. Si el patovica no hubiese estado en la puerta, el chico podría haber entrado con el arma. Nuestro local no tiene nada que ver".
Un joven mató al custodio de una disco
El muchacho fue detenido junto a otro que lo ayudó a huir de New York City después de disparar contra uno de los guardias.
Un nuevo hecho violento se produjo ayer en una discoteca porteña. Pero los roles se invirtieron. La víctima no fue un adolescente golpeado por un patovica: esta vez, un joven mató de un balazo al custodio Carlos Pizzio, minutos después de que lo echaran del local.
El muchacho se refugió en la casa de sus abuelos, en el barrio porteño de Saavedra. Allí lo detuvo la policía, cuando lloraba, encerrado en su pieza, después de deshacerse del arma. El chico, de 16 años, fue identificado por vecinos consultados por La Nación . Sin embargo, razones legales impiden dar a conocer su nombre.
Un amigo del detenido, mayor de edad, que lo acompañó en su fuga, fue arrestado más tarde, para determinar si colaboró o no en el asesinato.
La fiesta terminó mal
El drama se desató a las 5.30, en la discoteca New York City, en Chacarita, al finalizar una fiesta estudiantil organizada por las alumnas del colegio Patrocinio San José, de Belgrano.
Una de las chicas de quinto año invitó a su fiesta de egresados al novio, un chico de 16 años, que estudiaba en un instituto militar, según dijeron vecinos a La Nación , aunque esto fue negado por el Ministerio de Defensa.
De madrugada, la alegría del festejo pronto se transformó en violencia. El muchacho, en medio de la pista, comenzó a discutir con otro chico.
Forcejeaban cuando fueron vistos por uno de los custodios del lugar. El guardián lo agarró fuerte del hombro y lo llevó hasta la calle. Los amigos lo acompañaron hasta la salida, mientras discutían con los custodios. Uno de ellos terminó con la ceja hinchada por los golpes recibidos en el forcejeo.
El muchacho, que había sido sacado de la disco por la fuerza, y uno de sus amigos fueron hasta el estacionamiento, situado a unos metros de la entrada, y se subieron a una camioneta Jeep Gladiator roja.
Dieron la vuelta a la manzana y el muchacho, todavía dolido en su orgullo, tomó una pistola calibre 9 milímetros que estaba en el vehículo y se bajó en la puerta de New York City. Ya amanecía cuando efectuó dos disparos contra el frente del local. Uno de ellos le dio de lleno en el estómago a Carlos Daniel Pizzio, uno de los musculosos patovica, de 25 años, que vigilaba el lugar desde hace una semana y media.
El otro balazo dio en la puerta de blindex. Los restantes disparos nunca salieron del arma. Un proyectil en la vereda y el vidrio astillado fueron las huellas de los disparos.
El chico subió a la camioneta con su amigo, aceleró con violencia y chocó contra otro auto que estaba estacionado. Nada le importó y siguió su marcha para dejar el vehículo en la empresa donde trabajaría su padre.
Su amigo, que había dejado una moto en el lugar, lo llevó luego hasta la casa de sus abuelos, en Zapiola 3696, donde vive el joven, en compañía de su hermana, de 18 años, desde que sus padres se separaron, hace 18 meses.
El muchacho arrojó la pistola en la terraza de la casa de un vecino y se encerró en un cuarto de la casa de dos plantas, deteriorada por el paso del tiempo. Esperó a la policía.
Los efectivos de la comisaría 37a., al mando de Francisco Tulio, no tardaron en dar con él. Varios testigos recordaban el número de la patente de la camioneta. El dato los llevó a la empresa donde estaba estacionada y con la ayuda de la novia del muchacho llegaron a su casa, a las 10.
Los médicos legistas comprobaron que el joven no estaba golpeado y dijeron que estaba en perfecto estado de lucidez y "ubicado en tiempo y espacio", según dijo a La Nación el comisario inspector Juan Carlos Carrera, jefe de la circunscripción.
Una ambulancia del SAME llegó al lugar, para contener a la hermana del acusado que, presa de un ataque de histeria, sufrió una descompensación.
A esa hora, Pizzio ya había muerto en el hospital Pirovano. Lo trasladaron cuando agonizaba y después de ser operado, falleció.
El frío lenguaje del parte que dio el doctor Cairoli, director médico del centro de salud, informó: "Ingresó una persona de sexo masculino con una herida de bala que le cruzó el abdomen, lo que le produjo varias perforaciones. Entró en cuadro parapléjico, lo que le provocó heridas neurológicas. Fue intervenido, pero falleció tres horas después de la operación".
Confusión al mediodía
Después del mediodía, en la comisaría 37a. todo era confusión. Una joven, con una minifalda violeta y las huellas de la noche en su rostro, esperaba su turno para declarar, mientras media docena de patovicas, compañeros del asesinado, se agolparon en la puerta.
Uno de los mas fornidos, con una remera ajustada que le marcaba los bíceps, conmocionado, se quejó por lo bajo: "Todo el mundo nos subestima, piensan que somos puro músculo y nada de cerebro. Ahora quién nos devuelve a nuestro amigo". Otro, de camisa blanca y bigotes, que parecía ser el más veterano, asentía con la cabeza.
Del otro lado de la calle, la imagen era diferente. Un grupo de chicas de un colegio religioso de la zona corrió a la seccional apenas se enteró del crimen. No estaban preocupadas por la suerte del custodio, sólo querían saber si anoche iban a poder hacer su fiesta de egresadas en New York City. Pero se fueron con la cabeza gacha, porque la disco había sido clausurada.
Afirman que hay seguridad en los boliches
Incrementar el personal de seguridad, palpar a los jóvenes antes de que ingresen en los boliches o alquilar los locales sólo a colegios con buenas referencias son algunas de las medidas que adoptan los dueños de varias discotecas para reforzar la vigilancia durante las fiestas de egresados.
"Para estas ocasiones no dudamos en contratar más seguridad que de costumbre", aseguró una empleada de Bonita, una discoteca situada en el Paseo de la Infanta.
El local cuenta con seis custodios para garantizar la seguridad de las entre 200 y 300 personas que asisten cada noche. A ellos, explicó, se les agregan dos policías que constantemente se encuentran en las puertas del local.
Desde mediados de noviembre, y hasta fines de diciembre, las discotecas se alquilan a diferentes colegios y universidades, que realizan allí sus fiestas de egresados. La seguridad queda a cargo de los dueños de los boliches, quienes sólo deben permitir el ingreso de aquellos que hayan sido invitados por los agasajados.
En general, estas fiestas privadas se hacen de domingo a jueves. Los viernes y sábados, las discotecas abren sus puertas en forma habitual.
Sólo a conocidos
Una de las prevenciones adoptadas por la mayoría de los consultados, para evitar grescas y violentos enfrentamientos, es la de alquilar sus locales sólo a aquellos colegios que conocen y sobre los que tienen buenas referencias. Sin embargo, aseguran, esto no garantiza que no se vayan a presentar problemas.
"A veces la gente no se da cuenta de que hacemos un esfuerzo ciclópeo para que no pase nada en el boliche", se lamentó Javier Taranco, encargado de relaciones públicas de la discoteca La Morocha, situada en Dorrego al 3300.
Si bien aseguró que no aumentan el personal de seguridad -que normalmente es de ocho personas-, sí adoptan algunas medidas cuando hay fiestas de egresados. Por caso, palpan a los chicos antes de ingresar en el local con el fin de impedir que lo hagan con petacas con alcohol.
"Durante la matinée no se venden bebidas alcohólicas y a la noche les ponemos precios elevados a los tragos para que los chicos no puedan excederse.
"Pero con eso no se soluciona completamente el problema -continuó Taranco-, porque muchos jóvenes se juntan a tomar en algún bar antes de entrar al boliche."
Personal de seguridad
Julio Alló, gerente de Pérez Disco, situado en Castañeda y La Pampa, también consideró que el exceso de alcohol es uno de las principales motivos que generan las peleas.
Como una medida preventiva, y al igual que en La Morocha, en esta discoteca se palpa a los chicos antes de que ingresen. A diferencia de otros boliches, Pérez Disco emplea personal de una agencia especializada para garantizar la seguridad en su local.
Aseguró que cuentan con cinco personas de la empresa de seguridad Pinkerton, a los que se suman tres de su propio plantel, para controlar a los alrededor de 1200 jóvenes que se congregan en la discoteca.
"Cuando alquilamos el boliche -sostuvo Alló-, les pedimos a los chicos que no tiren tarjetas a lo loco, sino que inviten a gente que ellos conocen."
En el mismo sentido, Ricardo, empleado de la discoteca Caix, aseguró que "se mueven" con jóvenes de colegios que conocen y generan muy pocos problemas.
A las entre 10 y 12 personas que destinan a la seguridad del local, situado en la Costanera, se les agregan los oficiales de Prefectura Naval.
"Además -aseguró Ricardo-, hay que tener en cuenta que a las fiestas de egresados concurren padres que muchas veces prefieren quedarse hasta más tarde para controlar."
En el barrio hay dispares opiniones
La opinión sobre el muchacho de 16 años detenido por asesinar al custodio de New York City está dividida entre los vecinos de Saavedra, donde reside desde hace un año y medio, con sus abuelos.
Mónica Fleitas, que vive a la vuelta de la casa del joven, en Zapiola 3696, dijo ante una consulta de La Nacion: "No lo puedo creer, siempre fue un chico muy tranquilo. Tenía una conducta y una presencia impecables. Todos los sábados se juntaba con los amigos a tomar cerveza, nada más. No era una persona violenta". La mujer, de unos 33 años, acompañada de su hijito, recordó que "desde los 12 años estudiaba en un colegio militar naval". Sin embargo, fuentes del Ministerio de Defensa negaron que el muchacho estudie en algún instituto militar.
Sin embargo, otro vecino que, tras aparecer en televisión, sólo quiso identificarse como Horacio, el herrero del barrio, descalificó al muchacho: "Era un drogadicto y siempre en las esquinas se paraba para pedir plata o cigarrillos y si no le dábamos se nos tiraba encima. Siempre lo vi tomar alcohol tirado en la calle. Cualquiera, drogado, hace una macana".
La otra cara
Junio de 1995: Andrés Nazareno, de 20 años, hijo del humorista Soldado Chamamé, fue golpeado en la cabeza y en el pulmón por los custodios de la discoteca El Dorado, situada en Hipólito Yrigoyen al 900, de la Capital.
Agosto de 1995: en el local bailable Shangri La, los empleados de seguridad golpearon a Diego de la Vega, de 16 años, y le provocaron una cuádruple fractura de la mandíbula.
Septiembre de 1995: luego de discutir con una patota, Fernando Bustos, de 18 años, fue asesinado de una puñalada a una cuadra de la discoteca Joy Eslava, situada en Olivos.
Mayo de 1996: Pascual Urdapilleta fue corrido a tiros y asesinado por un custodio de la discoteca Caix, famoso complejo de la Costanera porteña.
Julio de 1996: Gonzalo Fabregad, de 16 años, fue baleado en Joy Eslava y murió desangrado en la puerta del local, sin recibir atención de los empleados de vigilancia. El supuesto autor del crimen quedó detenido.
Diciembre de 1997: Santiago Cerrutti fue agredido a golpes de puño por personal de seguridad de Block, una discoteca situada en 122 y 50, de Ensenada.





