
Un decreto autorizó la matanza de caballos para uso comestible
Se oponen productores, consumidores y defensores de los derechos del animal
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Aunque algunos productores aseguran que en la práctica ya se realizaba, la autorización de la matanza de ganado equino para su faena fue recibida con verdadero estupor: razones históricas y culturales hacen que la sola idea de sacrificar un caballo para consumir su carne provoque aversión en la mayoría de los argentinos.
Durante décadas, la matanza de caballos estuvo prohibida en el país, excepto en el caso de machos mayores de 12 años y hembras de más de 15. Pero un decreto presidencial publicado hace una semana eliminó esa restricción para fomentar la producción de carne equina.
Es que, si bien la mayoría de los especialistas consultados descartó que este hábito alimentario vaya a imponerse en el mercado local, en muchos otros países la carne de caballo no sólo es apreciada, sino también muy cotizada. Y, por ende, representa un excelente negocio.
Junto a los Estados Unidos, la Argentina es el principal exportador de este producto, que ocupa el segundo lugar en importancia dentro del conjunto de las carnes.
Actualmente, se destina a la faena un total de 200.000 ejemplares cada año y se estima que la actividad genera alrededor de 80 millones de pesos anuales.
"Faenarlo es una traición"
Para muchos, sin embargo, estos argumentos no bastan para justificar la matanza indiscriminada que autoriza la nueva disposición.
"Creo que es una barbaridad, porque el caballo es ante todo un amigo y un compañero", señaló Marta Gutiérrez, presidenta de la Asociación para la Defensa de los Derechos del Animal (ADDA), que ya reunió más de 200 firmas en contra del discutido decreto.
Y agregó con vehemencia: "Además, es un animal muy inteligente, que sufre inmensamente durante el preámbulo de la matanza. Faenarlo es una traición".
Santiago Muzzupappa, presidente de la Asociación de Propietarios de Carnicerías de la Capital, estuvo de acuerdo: "Los equinos no deberían faenarse; son animales de extrema sensibilidad, que intuyen la cercanía de la muerte y padecen terriblemente. Hace falta haberlo vivido para entenderlo".
Pero la noticia no sólo encontró reacciones adversas entre los especialistas. La gente de la calle también se mostró horrorizada ante esta práctica que, en la gran mayoría de los casos, ignoraba por completo.
"No puedo creer que se mate a un animal tan noble y trabajador como el caballo para comerlo. No tenía idea de que ya se realizaba, pero me parece que no tendría que alentarse aún más porque es un espanto", comentó Juana Mirabeli, de 49 años.
Lejos de la mesa argentina
Juan Carlos Damistro, de 27, tampoco estaba enterado, pero demostró idéntico rechazo al ser advertido de la novedad. "¡No comería carne de caballo por nada del mundo. Amo a los caballos y matarlos para el consumo me parece de salvajes", dijo el joven, terminante.
De color violáceo oscuro, levemente dulce y menos tierna que la vacuna, la carne de caballo goza de gran aceptación en países como Holanda, Alemania y Japón. Sin embargo, aun quienes apoyan la nueva disposición fueron categóricos al asegurar que la carne equina no llegará a la mesa de los argentinos.
"Este decreto va a blanquear una realidad que ya existía, pero que muchos ignoraban. De todos modos, la producción se va a destinar al extranjero, no al consumo local", opinó Saturnino Zemboaim, presidente de la Asociación Argentina de Fomento Equino (AAFE).
Mientras tanto, el vicepresidente de la entidad, Luis Tamborini, añadió: "Criar vacas es mucho más sencillo; además, habría que modificar los frigoríficos, y si ni siquiera hay animales suficientes para cubrir la demanda del exterior, mucho menos habrá para un consumo masivo local".
Se impone la carne vacuna
Muzzupappa, que lleva 54 años en el oficio de carnicero, compartió su opinión: "Mientras el argentino tenga la posibilidad de acceder a la carne vacuna, que está entre las mejores del mundo, no va a cambiar sus hábitos".
"Pese a que es cierto que es muy económica y cuesta casi la mitad que la carne vacuna, no creo que nadie corra la aventura de venderla en su carnicería. Nadie la va a comprar", afirmó sin titubeos.
Por su parte, Alicia Martín, jefa del Departamento de Antropología de la Universidad de Buenos Aires, explicó: "Estos hábitos están determinados culturalmente y muy arraigados; de ahí que sea difícil modificarlos. Entre los mapuches, por ejemplo, era muy usual, aun cuando eran excelentes jinetes y prácticamente se criaban junto a sus caballos".
Y agregó: "De hecho, la carne equina se utiliza en algunos embutidos. Pero la mayoría de la gente lo desconoce y ahí reside la gran diferencia. El problema surge en la medida en que damos un nombre a lo que estamos comiendo".
Leyes para el faenamiento
- Prohibido según las edades: en 1974, el decreto número 1591 prohibió la matanza, para faenamiento, de equinos machos y hembras menores de 12 y 15 años, respectivamente.
La excepción se hizo para los caballos que estuviesen inutilizados para actividades propias del trabajo o cuyo peso sobrepasara los 600 kilos.
- Totalmente vedado: durante el gobierno de Raúl Alfonsín se prohibió el faenamiento de caballos para su consumo, sin discriminar la edad del animal.
- Crece el consumo: en 1995, la ley 24.525 fomentó el consumo y desarrollo del ganado equino y subproductos derivados del caballo.
- Sin límites: el actual decreto, número 874, firmado por el presidente Carlos Menem, derogó el límite de edad impuesto en 1974. Ahora está permitido el faenamiento de caballos de cualquier edad.
En Chile ya se come
SANTIAGO, Chile (De nuestro corresponsal).- Al igual que en algunos países europeos y orientales, el consumo de carne de caballo está permitido en Chile. Pero a diferencia de otras regiones del mundo, en este país el uso comestible de los equinos se observa fundamentalmente entre los sectores más pobres de la población.
Según explicaron funcionarios estatales consultados, las preferencias de los chilenos apuntan a la carne equina convertida en charqui, es decir, disecada. No son pocos los comensales que sostienen que la calidad de la carne de caballo disecada es superior a la carne vacuna.
"El consumo de carne de caballo se permite y hay normas sanitarias que lo regulan, pero no es masivo y se registra sólo en ciertos estratos sociales y en algunos restaurantes", dijo a La Nación el jefe de Protección Pecuaria del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), Eduardo Correa Melo.
El funcionario del SAG respaldó su apreciación en las cifras del faenamiento anual de ganado equino y bovino. Mientras se faenan alrededor de 50.000 caballos en todo el país, especialmente en Santiago, el faenamiento de bovinos alcanza un millón de cabezas, sin contar las 75.000 toneladas que se exportan. Sin embargo, no se registran importaciones.
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