Un exquisito palacio porteño, cuna de ricos y "patos"

Por Carlos Guarella Especial para lanacion.com
(0)
28 de diciembre de 2009  • 02:49

Por las calles arboladas de Barrio Norte, recorriendo sus arterias empedradas, escuché que la radio del taxi anunciaba un viaje para la calle Ugarteche y Cabello. Confirmé, y en menos de cinco minutos llegué al lugar: se trataba del conocido Palacio de Los Patos.

Me anuncié en el sector de seguridad del edificio y a los pocos minutos salió María Teresa, una señora muy elegante. Luego de los saludos de rigor y las indicaciones para llegar a destino, le pregunté: "Ya que usted vive aquí, ¿me podrá contar la verdadera historia del Palacio de Los Patos?". La señora se explayó brevemente sobre los aspectos más relevantes de la propiedad y su historia.

Cuando llegamos a destino, con la señora María Teresa intercambiamos nuestros números de teléfono. Me dijo que pasara por la administración del edificio, ya que era una de las propietarias y administradoras, y me informaría sobre la historia del palacio. También me contó que faltaba poco para los 80 años de la inauguración del edificio.

Tras varios meses y cuando menos lo esperaba recibí una invitación de María Teresa para concurrir al Palacio, porque se haría una extraordinaria recepción para conmemorar los 80 años, el 10 de diciembre último.

Ese día fui recibido por las señoras María Teresa y Silvia, que me permitieron recorrer y apreciar los sitios más importantes del edificio con sus exquisitos y lujosos patios interiores, además de visitar las muestras de importantes artistas plásticos que allí exponían.

Crédito: Carlos Guarella

Y me enteré de la historia completa de este emblemático edificio porteño del que haré una breve reseña.

El Palacio de Los Patos tuvo su origen en París, según el comentario que hiciera el señor Manuel Chopitea, hijo de don Alfredo Chopitea, propietario original del monumental edificio. Don Alfredo viajaba de manera habitual a Europa con toda su familia. En uno de esos recorridos quedó fascinado con un edificio que vio en la Ciudad Luz y pergeñó la idea de construir uno igual en Buenos Aires. Entonces, ubicó y contrató al arquitecto francés que lo había construido para lograr su sueño. Se trataba de Henri Azière, que sobre los datos del terreno porteño disponible, confeccionó los planos del nuevo edificio.

Pero Don Alfredo consideró que podían aprovecharse mejor los espacios. Entonces contrató al arquitecto Julio Senillosa y modificó el proyecto original. Alcanzaron así las 144 unidades funcionales, que combinaron el diseño original de Azière, el interés de Chopitea y el valioso aporte de Senillosa.

El origen del nombre Palacio de Los Patos es bastante controversial. No hay datos fehacientes, pero contaré lo que pude obtener basándome en el libro Historia del Palacio de Los Patos, del escritor Jorge Ercasi.

La tradición dice que los primeros inquilinos fueron familias de buena cuna y delgada billetera. La leyenda cuenta que en este edificio encontraron el lugar ideal para disimular sus penurias y aparentar que todo seguía igual. En el lunfardo porteño, la palabra "pato" expresa a la persona carente de dinero. Es que el plumaje del pato, aún estando en el agua, siempre está "seco".





Ver El Palacio de Los Patos en un mapa ampliado

Otra versión dice que por la zona hubo una especie de arroyuelo, que hoy está entubado y desemboca en el Río de la Plata, conocido como Arroyo Ugarteche, en el que habitaban patos.

No obstante, sea cual fuere el origen con que el ácido humor porteño lo bautizó, podemos garantizar que el nombre hoy tan incorporado a la cultura ciudadana manifiesta un íntimo deseo de muchas personas que quisieran poder vivir en él.

Desde el año 1959 el edificio fue administrado por sus propietarios, habiendo sido el primero el Ingeniero Leslie Lomax. Actualmente lo hacen las señoras Silvia Moras y María Teresa Jaunarena. También hay que destacar que importantes personalidades han ocupado algunas de las 144 unidades.

Con esta somera reseña de este emblemático lugar de nuestra ciudad, nos alejamos habiendo conocido algo más de lo muy destacable que tiene el patrimonio cultural porteño.

Hasta nuestro próximo encuentro.

Recomendaciones útiles

Amigos lectores: recuerden respetar las normas de tránsito, cuando manejamos un auto, moto o bicicleta, o cuando somos peatones. Debemos cruzar por las sendas peatonales, atender a los semáforos. Es importantísimo utilizar el cinturón de seguridad. No solo nos protege en caso de un choque, también hace que nos cansemos menos al manejar porque al estar atados no acompañamos la inercia del auto en el arranque, las frenadas y en los giros.

Video

* Cada lunes, el taxista Carlos Guarella cuenta una de sus particulares historias para lanacion.com. Hace 15 años que es taxista y remisero. Su profesión original es Dibujante, Ilustrador y Diseñador Gráfico. Además es historietista y estudió con maestros del dibujo como Alberto Breccia y Hugo Pratt. También es Maestro Mayor de Obras. Trabajó muchos años como diseñador para importantes laboratorios medicinales, desarrollando literaturas, folletería y packaging. Integró la Asociación Argentina de Promotores Publicitarios y fue editor y director de la revista "Horas de Radio", un mensuario de 10.000 ejemplares que se vendía en todos los kioscos de Capital y GBA. Fue productor y conductor de varios programas radiales en distintas emisoras y columnista. Sus placeres: manejar automóviles; dibujar, escribir y la hacer radio. Tiene 66 años y el auto que maneja en la actualidad es un Chevrolet Corsa Wagon. Trabaja al volante 12 horas diarias.

Confesiones anteriores

21 de diciembre. Una pequeña plaza "privada" en Buenos Aires

14 de diciembre. La misma historieta de siempre

7 de diciembre . Una mujer que logra ver más allá

30 de noviembre . Un publicista que no se privó de nada

23 de noviembre. Un "pequeño pueblo" en el medio de Buenos Aires

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Sociedad

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.