Un informe confidencial pide cambios profundos para rastrear los daños de las vacunas contra el Covid
Un grupo de trabajo federal sostiene que las lesiones asociadas a las vacunas contra el Covid requieren atención urgente, incluso en un momento en el que el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., evita referirse a la política de vacunación
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NUEVA YORK.- Citando una encuesta titulada “¿Vacuna asesina?”, que mostró que casi uno de cada cuatro estadounidenses dijo conocer a alguien que murió a causa de una vacuna contra el Covid, un grupo de trabajo federal propone modificaciones de gran alcance en la forma en que el sistema médico registra y trata las presuntas lesiones derivadas de las inyecciones. Esos cambios figuran en un informe confidencial obtenido por The New York Times.
El informe del grupo de trabajo, redactado con urgencia, fue elaborado para el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización federal, un panel que asesora al gobierno en materia de política de vacunación. Allí, los autores proponen crear una categoría diagnóstica específica para las lesiones vinculadas a vacunas contra el Covid, establecer nuevas pautas diagnósticas y poner en marcha una red de centros de investigación dedicados a estudiar los daños a largo plazo tanto de las vacunas como de la propia enfermedad.
El primer párrafo del informe cita dos encuestas, entre ellas “¿Vacuna asesina?”, un relevamiento en línea y telefónico realizado en 2023 entre 1110 adultos estadounidenses por Rasmussen Reports, una consultora de tendencia conservadora, que preguntaba: “¿Conoce personalmente a alguien que haya muerto por efectos secundarios de la vacuna contra el COVID-19?”.
Miles de personas afirman haber sido perjudicadas por las vacunas contra el Covid y mencionan una gran variedad de síntomas neurológicos, cardiovasculares e inmunitarios que, dicen, fueron causados por las inyecciones. Sin embargo, muchos aseguran que sus reclamos fueron descartados por agencias federales como si fueran molestias psicosomáticas, y que los han etiquetado de manera injusta como antivacunas. Al mismo tiempo, miles de millones de personas en todo el mundo recibieron vacunas contra el Covid, y la mayoría de los estudios no encontró evidencia de muertes o efectos adversos graves generalizados vinculados a esas aplicaciones. En junio de 2025, cuando Kennedy reorganizó el comité de vacunas, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por su sigla en inglés) informaron a los nuevos integrantes que sus bases de datos no habían detectado un mayor riesgo de muerte luego de la vacunación contra el Covid.
El doctor Sean O’Leary, jefe del comité de enfermedades infecciosas pediátricas de la Academia Estadounidense de Pediatría, dijo que el informe del grupo de trabajo tergiversa el cuerpo de evidencia disponible sobre los efectos secundarios de las vacunas contra el Covid. La academia, de hecho, es una de las seis organizaciones que demandaron al Departamento de Salud para impedir que los miembros del comité se reúnan. Según O’Leary, el informe selecciona estudios de baja calidad que respaldan su tesis y deja afuera aquellos que no lo hacen. “Es sacado directamente del manual antivacunas”, sostuvo.

Las propuestas del grupo surgen justo en el momento en que la propia comisión abandona la idea de realizar votaciones separadas sobre si deben retirarse las recomendaciones para determinadas vacunas contra el Covid. El comité de vacunas tiene previsto analizar las sugerencias del grupo de trabajo en una reunión fijada para el miércoles, aunque un tribunal federal podría modificar los planes. Se espera que un juez determine antes del encuentro si los miembros del panel están habilitados para reunirse y formular recomendaciones de vacunación para la población estadounidense.
La decisión de avanzar con el debate sobre las lesiones vinculadas a las vacunas, sin proponer retirar las recomendaciones actuales, refleja un equilibrio delicado dentro de la administración Trump sobre cuánto peso otorgar al tema de las vacunas —impopular entre votantes de ambos partidos— en la antesala de las elecciones legislativas de noviembre. También marca una creciente atención dentro de distintas agencias federales sobre los daños asociados no solo a vacunas, sino también a alimentos y medicamentos. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés) anunció recientemente una nueva base de datos para rastrear lesiones causadas por vacunas, que unificaría varios sistemas ya existentes y comenzaría a recopilar datos sobre daños vinculados a alimentos y suplementos.
El grupo de trabajo sobre el Covid había propuesto, en un comienzo, que el comité votara si rescindir las recomendaciones para las vacunas de ARNm producidas por Pfizer y Moderna, al menos para niños, embarazadas y personas menores de 40 años, según dos fuentes al tanto de la discusión. Como alternativa, sugerían recomendar la vacuna más tradicional de Novavax. Ese retroceso ya había sido informado por The Washington Post.
De todos modos, en la reunión prevista para esta semana, los miembros del grupo podrían presentar datos que, aseguran, muestran que las vacunas de ARNm están contaminadas con fragmentos de ADN capaces de provocar reacciones inflamatorias peligrosas. Las agencias regulatorias internacionales, incluida la FDA, ya analizaron y descartaron esas afirmaciones.
Las encuestas indican que el escepticismo de Kennedy respecto de las vacunas es impopular, incluso entre los republicanos y otros sectores que respaldan su iniciativa “Hagamos a Estados Unidos saludable de nuevo”. Un sondeo reciente del encuestador republicano Tony Fabrizio concluyó que apoyar la eliminación de recomendaciones de vacunas genera “costos electorales” para representantes de ambos partidos. La administración Trump dejó claro que quiere que Kennedy deje de enfocarse en las vacunas y se concentre en su agenda de alimentación saludable, que posee apoyo bipartidista. Funcionarios federales aseguran en privado que ya lograron lo que buscaban en materia de vacunas y que el tema está siendo dejado atrás. Hasta ahora, Kennedy viene cumpliendo.
Sin embargo, los miembros del panel que él designó —entre ellos su presidente, Retsef Levi, matemático aplicado del MIT, y el vicepresidente, el doctor Robert Malone, bioquímico muy crítico de las vacunas contra el Covid— comparten su escepticismo y están decididos a sostener esa agenda.

Expertos en vacunación señalan que incluso los fármacos y vacunas más seguros pueden tener efectos secundarios, y que algunos asociados a las vacunas contra el Covid todavía no se comprenden completamente. “Sabemos que hay personas que experimentan síntomas prolongados y debilitantes después de vacunarse, y eso justifica más estudios clínicos, epidemiológicos y mecanísticos para entender mejor qué causa estos cuadros”, dijo Akiko Iwasaki, inmunóloga de Yale que investiga el síndrome posvacunación y su relación con el Covid prolongado. “Como mínimo, los pacientes merecen una atención compasiva y basada en evidencia”, afirmó.
El informe del grupo detalla tres votaciones planificadas, entre ellas una propuesta para otorgar un código de diagnóstico específico a los daños asociados a las vacunas contra el Covid, lo que permitiría su uso para reembolsos de seguros. El documento usa el término “Síndrome posvacunación aguda contra el Covid-19”, o P.A.C.V.S. También se sugiere que los CDC elaboren pautas diagnósticas formales para que los médicos puedan identificar y tratar a pacientes con síntomas persistentes luego de la vacunación o de la enfermedad. Además, propone que los CDC trabajen con otras agencias, como los Institutos Nacionales de Salud, para crear una red de investigación que estudie estos síndromes y desarrolle posibles pruebas y tratamientos.
Todas estas iniciativas están fuera del rol habitual del comité, que tradicionalmente asesora a los CDC sobre qué vacunas deben aplicarse y en qué momento. Noel T. Brewer, experto en vacunación que fue removido del comité por Kennedy en junio pasado, dijo que esta incursión en pautas diagnósticas está “muy fuera del ámbito” de la comisión. Una rama separada de los CDC, de hecho, ya tenía previsto discutir esta semana si los efectos adversos de las vacunas contra el Covid deben incluirse en el compendio de códigos de diagnóstico utilizados por profesionales de todo el país.
Stefanie Spear, jefa adjunta de gabinete del Departamento de Salud y Servicios Humanos y asesora de larga data de Kennedy, sostuvo que está “plenamente dentro del ámbito del comité preguntar qué sabemos y qué necesitamos saber sobre el Covid prolongado y sobre las lesiones vinculadas a las vacunas contra el Covid”. No hizo más comentarios.
El estatuto del comité contempla el análisis de la seguridad de las vacunas, pero en función de orientar las “deliberaciones sobre el uso de vacunas”. No menciona nada acerca de su participación en pautas clínicas o criterios diagnósticos. “La política de vacunación en Estados Unidos se volvió cada vez más incoherente”, dijo Brewer. “Esta extraña misión paralela es un ejemplo más”.
Las recomendaciones del comité históricamente influyeron en la cobertura de seguros y en las vacunas exigidas para el ingreso a escuelas y guarderías. Pero el panel perdió gran parte de su peso después de que Kennedy despidiera a todos sus integrantes y nombrara a nuevos miembros, en su mayoría alineados con su escepticismo. Algunas decisiones recientes ni siquiera fueron adoptadas por los estados o por las compañías de seguros. Kennedy también eludió al comité al anunciar políticas de vacunación en redes sociales. En enero, él y sus designados sortearon al panel para anunciar un nuevo calendario de vacunación infantil que redujo la cantidad de enfermedades prevenibles de 17 a 11.
La doctora Debra Houry, exdirectora médica de los CDC, dijo que la sorprendió que el comité siguiera centrado en las vacunas contra el Covid en lugar de atender los brotes de sarampión en el país o las vacunas nuevas que podrían estar discutiendo. “Siempre es correcto y bienvenido analizar las preocupaciones sobre vacunas y la nueva evidencia”, afirmó. “Sin embargo, este comité parece estar hiperenfocado en encontrar solo los aspectos negativos y no los beneficios”.
El comité y su grupo de trabajo ya habían debatido en profundidad el Covid prolongado y concluyeron que la amplitud de síntomas que abarca el síndrome resulta demasiado amplia para orientar la política de vacunación. Según Brewer, la base del supuesto síndrome de lesión por vacuna contra el Covid es aún menos convincente y, por lo tanto, menos relevante para definir políticas. Señaló que otros síndromes basados en grupos dispersos de síntomas, como el síndrome de la Guerra del Golfo o los síntomas persistentes de la enfermedad de Lyme, “fueron callejones sin salida clínicos”. “Estos pacientes están enfermos —dijo—, pero no está claro cuál es la causa ni cómo ayudarlos a recuperarse”.
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