
Un muerto por la explosión de un local en el que se vendía pirotecnia
Aunque había allí mucho de ese material, se cree que una acumulación de gas provocó la deflagración
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Vistas desde una decena de metros, las dos edificaciones linderas parecían haber sido el blanco de un bombardeo. No había fuego: sólo destrozos, escombros y, entre ellos, rastros de muerte. El azar hizo que la tragedia, ocurrida ayer a las 15 en Las Flores al 1100, a sólo una cuadra del Acceso Sudeste, en Wilde, no alcanzara proporciones dantescas.
Una explosión arrasó una vivienda de dos pisos con locales en la planta baja y provocó destrozos de considerable magnitud en un par de casas vecinas. Y causó la muerte de Antonio Crevacuore, de 52 años, propietario de un comercio de insumos de pesca en el que también había, con motivo de las fiestas de fin de año, artículos de pirotecnia dispuestos para la venta al público. Una mujer y tres adolescentes sufrieron traumatismos varios.
Aunque las causas de la tragedia aún no fueron fehacientemente establecidas, los peritos se inclinaban, en el análisis preliminar, por adjudicar la explosión a una eventual acumulación de gas en un cuarto antes que al hipotético estallido de los fuegos artificiales acopiados.
Tal fue la violencia de la explosión que la onda expansiva lanzó el cuerpo de Crevacuore a un chalet lindero. El director del hospital de Wilde, doctor Daniel Coletta, confió a LA NACION que el cadáver estaba semicarbonizado en la parte frontal -en especial, el torso y el rostro- y había sufrido el seccionamiento de un brazo. La autopsia revelará si la víctima murió en el acto y si la mutilación fue o no vital.
Dolor y escombros
Al cierre de esta edición, bomberos del Cuartel 9 de Villa Dominico y operarios de la Guardia de Auxilio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires trabajaban en la remoción de escombros para sacar el cuerpo del hombre que en el ámbito de los pescadores era conocido como Tony de Wilde.
Vecinos, policías y bomberos coincidían ayer, al observar y analizar las consecuencias de la explosión, que no hubo más víctimas por milagro. Arriba de la casa de pesca funcionaba una academia de inglés, en la que ayer a las 18, sólo tres horas después de la deflagración, profesores y alumnos festejarían el final del curso.
Una mujer a la que los vecinos identificaron sólo como Jésica, que vivía con su esposo en un departamento construido en la planta superior a la del comercio, estaba en la cocina cuando ocurrió la explosión. Sólo sufrió una lesión en una pierna cuando el temblor provocado por la explosión hizo que se le cayera encima un horno de microondas. Una herida menor, si se tiene en cuenta que el living de su vivienda casi desapareció.
Y en el chalet de Las Flores 1127, donde terminó el cadáver de Crevacuore, no había nadie. La dueña de la vivienda llegó media hora después, y se encontró con que su casa ya no tenía techo y su jardín era todo escombros. "Me quedé en la calle, me dejaron en la calle", sólo atinó a decir luego de haber declinado identificarse, al ser consultada por LA NACION, con un atendible: "Discúlpeme, pero no puedo hablar, estoy destrozada".
Objetos que salieron despedidos por la explosión llegaron hasta la vereda de enfrente, a casi un centenar de metros, allende el ancho boulevard que separa las manos de circulación vehicular. Por ejemplo, un tensor de acero se clavó en un jardín, tras volar casi una cuadra.
Según las primeras estimaciones de los peritos la explosión se habría producido en un entrepiso del local Barra Pesquera Tony de Wilde, situado junto a un almacén, en Las Flores 1139.
Los peritos evaluaron que por la forma en que la edificación resultó destruida y las características de las heridas mortales de Crevacuore lo más probable es que la explosión se hubiera producido como consecuencia de la acumulación de gas. Entre los escombros se encontraron artículos pirotécnicos sin estallar; y en la planta superior, cerca del centro de la detonación, fueron halladas cajas cerradas con fuegos artificiales que no estallaron.
"Hubo una sola explosión y no varias en cadena, como hubiera ocurrido si se encendía la pirotecnia. La quemazón del cuerpo en la parte delantera sugiere el contacto directo con una deflagración violenta del tipo de las que se producen al estallar el gas. Por eso no hubo incendio, porque el fuego se apaga al consumirse el gas", explicó uno de los peritos.
Un hombre muy querido
- Antonio Crevacuore se había hecho conocido en la zona sur del conurbano por organizar excursiones de pesca. Tanto, que a poco de la explosión que le costó la vida varios de los que con él compartían el hobby caminaban entre los escombros, en el frente del local Barra Pesquera, con los ojos llorosos y en busca de explicaciones sobre la muerte del hombre al que todos llamaban Tony de Wilde. El propio secretario de Gobierno de Avellaneda, Guillermo Balcarce, dijo ayer a la prensa: "Tony era un tipo muy conocido y muy querido".
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