
Un proyecto educativo que une la Antártida con el Polo Norte
Alumnos y profesores de la Escuela Nº 38 Julio A. Roca, en Base Esperanza, del North Pole High School, en Alaska y del colegio Marín, de San Isidro, comparten sus experiencias por la Web
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A pesar de los miles de kilómetros que los separan, estudiantes de la Antártida, de Alaska y de la provincia de Buenos Aires se unieron para compartir vivencias e intercambiar actividades educativas utilizando Internet como medio de comunicación.
La idea surgió hace un año en el colegio Carmen A. de Marín, en el partido bonaerense de San Isidro, con el objetivo de unir, por medio de la Red, escuelas ubicadas en latitudes polares. De esta manera nació el "Proyecto polo a polo", del que participan alumnos de la Escuela Nº 38 Julio A. Roca, en Base Esperanza, Antártida Argentina, del North Pole High School, en North Pole City, Alaska, en los Estados Unidos y estudiantes de 7º año de EGB del colegio Marín.
El punto de encuentro virtual es www.depoloapolo.marin.edu.ar , la página en Internet del proyecto, donde los alumnos y profesores vuelcan sus trabajos, como el proyecto de investigación de la capa de ozono y el de avistaje de aves. Además, participan de los foros, el chat y publican cuentos en la biblioteca virtual con el objetivo de practicar inglés en la Argentina y español en los Estados Unidos.
"La distancia según como la vivas, une", sintetizó en el foro "Internet ayuda a la integración de comunidades" la profesora de Ciencias Sociales del Colegio Marín, María Inés Amato.
Además, agregó que el "Proyecto polo a polo" no cierra las fronteras para el encuentro de comunidades. "La asistencia de la informática como herramienta de vinculación, a pesar de las distancias, permite abrir puertas a culturas lejanas".
Carlos Flesia, jefe de la Base Esperanza, contó que con la llegada de Internet a la Antártida, "las comunicaciones dieron un salto de calidad increíble, cada casa tiene su computadora conectada". En la escuela, según contó su directora, Graciela Lobato, los alumnos utilizan las máquinas "como otro recurso didáctico para su aprendizaje".
A 15.000 kilómetros de distancia de allí, en Alaska, la profesora Zulma Barranco se mostró sorprendida por el alcance que tiene Internet y definió la conexión entre las tres escuelas como "mágica".
Un encuentro virtual
LA NACION LINE participó, junto con un grupo de alumnos del colegio sanisidrense, de un chat con la Escuela de Base Esperanza.
Tímidos al principio y luego más participativos, los estudiantes de 12 años dialogaron con sus pares de la Antártida. Luego de las presentaciones y los saludos por las cámaras web, comenzaron las preguntas: intercambiaron datos sobre sus materias, gustos personales, direcciones de mails y practicaron inglés.
Los alumnos del colegio Marín comentaron que lo que más les sorprendió de la vida de sus nuevos amigos son las bajas temperaturas que soportan y que no tienen televisión.
Desde la Antártida, Flesia explicó que "vivir sin TV es sorprendente, igualmente, en 1999, la pérdida de la señal dio paso a Internet, ya que la antena no es capaz de captar ambas señales".
Los chicos de la Escuela Nº 38 contaron que son 18 los estudiantes que asisten a ese establecimiento y que además de estudiar, les gusta "caminar y descubrir cosas nuevas e interesantes, como por ejemplo los refugios y el glaciar".
Además explicaron que los alumnos del Centro de estudios a distancia del Ejercito Argentino, que son los chicos que cursan el tercer ciclo de EGB, estudian desde sus hogares, participan del programa "Globe" de monitoreo del medio ambiente, supervisado por la Nasa y concurren a los talleres de la escuela, como por ejemplo el de radio, que transmite el programa "Pingüinitos al Aire".
Vivir en la Antártida
En Base Esperanza viven ocho familias y la relación que mantienen entre ellas es como en cualquier comunidad pequeña, contó Graciela Lobato, que llegó en marzo último desde Río Grande junto con su esposo, Santiago, que también es docente y sus tres hiijos, para hacerse cargo de la escuela que depende de la gobernación de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur y es la más austral del planeta.
"Durante el día, cada integrante de la comunidad cumple una función específica y los sábados nos encontramos para compartir la cena", contó Lobato.
En la región, donde la temperatura anual promedio es de -11,5 ºC, el organismo se adapta al frío. "En estos momentos, para nosotros, incluso para los niños, cualquier temperatura positiva significa una jornada calurosa, sobre todo, si no hay viento", contó Carlos Flesia, un santafecino fanático de Colón de Santa Fe, que arribó al sexto continente junto con su esposa Rosana y sus tres hijos para hacerse cargo de la base.
Vivir en la Antártida no es tarea fácil y Graciela Lobato transmitió el sentimiento que une a las familias que viven allí: "Desde el momento que llegamos, comenzamos a vivir una experiencia única, inigualable, fuerte, sumamente enriquecedora, que indudablemente dejará huellas, no sólo a nivel profesional sino también a nivel personal y familiar".





