
Un tramo estrecho y riesgoso
Falta iluminación en la ruta 205, donde el jueves último murieron tres personas en un choque
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La grúa continúa trabajando en el cruce ferroviario, a la vera del kilómetro 92 de la ruta 205, en el partido de Lobos.
Los restos del camión cisterna que el jueves último chocó contra un tren de la ex línea Roca siguen allí como un monumento a la imprudencia.
El paso a nivel donde se produjo el trágico accidente, en el que murieron tres personas, está suficientemente indicado. Las señales no escasean allí ni a lo largo del camino, y el pavimento está en buenas condiciones.
Los inconvenientes de la 205 son otros: se trata de una vía angosta, de un carril por mano, con largos tramos sin banquina.
De noche es una arteria considerada peligrosa, y de día es un calvario: atraviesa zonas urbanas donde se transforma en una transitada vía céntrica.
Son 290 kilómetros que se extienden paralelos a las vías del ex ferrocarril Roca y unen las ciudades bonaerenses de Ezeiza y de San Carlos de Bolívar. Semacar es la concesionaria desde 1990 y tiene sus cabinas de peaje en el kilómetro 83, a 18 de Lobos.
La ruta pierde su condición de vía rápida más que lo deseable.
Llegar a Cañuelas, por caso, puede tomar casi dos horas en un día de semana. Es que se convierte en una calle más desde su comienzo y a lo largo de casi todo su trayecto cuando pasa por Ezeiza, Unión Ferroviaria, Tristán Suárez, Spegazzini, Máximo Paz, Vicente Casares, Cañuelas, Lobos, Roque Pérez, Saladillo y Bolívar.
Los automovilistas deberán olvidarse allí de que están en una ruta. La banquina desaparece y la marcha se detiene para dar paso al tráfico, los semáforos, los colectivos y los taxis.
"Es un camino realmente angosto. Cuando tomamos la concesión había seis metros de calzada y banquinas de tierra. Lo que se hizo, y se sigue haciendo, es llevar la calzada a 7 metros y pavimentar y crear banquinas de 2,5 metros", explicó el ingeniero Juan Carlos Augusto, gerente técnico de Semacar.
Actualmente se están realizando trabajos de ensanche en el kilómetro 36, en la salida de Ezeiza, y en los puentes del arroyo Alegre, en las afueras de Spegazzini y Vicente Casares, en la localidad que lleva ese nombre.
"Los estamos llevando de 6 a 8,40 metros -dijo Augusto-. Lo mismo hicimos con los puentes del arroyo Giménez, en el kilómetro 39, y el que se encuentra en el kilómetro 58."
Las obras obligan a cortar el tránsito y a formar largas filas en espera del turno para pasar, ya que en esos tramos sólo resta un carril para ambas manos.
Los limitadores de velocidad y las peligrosas curvas no desalientan a los conductores, exasperados por la lentitud que impone el tránsito y porque deben conformarse con un solo carril.
Deciden entonces, y en forma irresponsable, hacer de la banquina una vía más.
La luz, una quimera
La falta de iluminación es otra de las preocupaciones de los usuarios de la ruta provincial 205.
Los postes de luz sólo constituyen una expresión de deseo, en especial de los camioneros que recorren diariamente esa vía, que empalma a la altura de Cañuelas con la ruta 6, que conecta La Plata con Campana.
"Vialidad Nacional no dispone de iluminación sobre las rutas", explicó el gerente técnico de la concesionaria.
Existen caminos alternativos que permiten escapar al tránsito de las zonas urbanas, pero la 205 es la vía más directa para llegar a la mayoría de localidades que atraviesa, al menos hasta que se termine la autopista Ezeiza-Cañuelas, hecho que está previsto para fines de este año.
Hasta ese prometido momento, seguirá siendo una pesadilla transitar por la ruta provincial 205.





