Un verano extremo en la costa: sismo, meteotsunami, remolinos de viento, sudestada y temporal, ¿solo casualidad?
La combinación de procesos geológicos y atmosféricos despertó el interrogante sobre un posible vínculo
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Este verano la costa atlántica parece haber recibido constantes y numerosos golpes del Olimpo. Tolvaneras, virazón, sismos y crecidas que amenazaron a locales y turistas en plena temporada alta. Algunos dejaron heridos; uno, incluso, una víctima fatal. ¿Estamos ante una señal extraordinaria? Según los reportes periodísticos y la evidencia científica disponible, no. Lo que hubo fue una superposición temporal de fenómenos distintos, no una cadena causal.
Los episodios se encadenaron en pocas semanas y eso alimenta la sensación de excepcionalidad. Pero cada uno responde a mecanismos físicos propios. No comparten origen ni dinámica.
4 de enero: sudestada en Cariló y Pinamar
El sábado 4 de enero, una sudestada impactó sobre la costa atlántica bonaerense. Había empezado en la madrugada del viernes y se extendió durante todo el fin de semana, con efectos especialmente visibles en Cariló y otras localidades del partido de Pinamar, además de Villa Gesell y Mar del Tuyú. No fue un evento súbito como el meteotsunami ni una descarga violenta como el posterior temporal de febrero. Fue otra cosa: persistencia.

El nivel del mar alcanzó los 2,40 metros, un registro comparable al de la sudestada de marzo de 2020. El pico se produjo durante la noche del viernes e inicios del sábado, impulsado por vientos constantes del sector sur y sudeste con ráfagas de hasta 75 kilómetros por hora. Esa combinación –dirección sostenida, intensidad y duración– es la que define la mecánica de la sudestada: el viento empuja el agua hacia la costa durante horas, incluso días, impidiendo su retroceso y elevando progresivamente el nivel.
La sudestada es un proceso conocido en la región. Sin embargo, su recurrencia y la magnitud que puede alcanzar dependen de factores como la intensidad del gradiente de presión atmosférica, la persistencia de los vientos del sudeste y el estado previo de la línea de costa. Cuando esos elementos coinciden, el resultado es una crecida sostenida que erosiona playas, compromete infraestructura y vuelve a exponer la fragilidad de un litoral altamente intervenido.
No hubo aquí un fenómeno extraordinario en términos científicos. Lo extraordinario fue la magnitud del impacto en una costa cada vez más urbanizada y cada vez menos protegida por sus propias defensas naturales.
6 de enero: torbellino en la playa de Valeria del Mar
Ese día un torbellino levantó sombrillas y estructuras livianas en la playa de Valeria del Mar, partido de Pinamar, y dejó heridos leves.
El mecanismo es más simple que la imagen que sugiere. En jornadas de alta radiación, la arena se recalienta con rapidez. Ese contraste térmico genera corrientes ascendentes. Si el viento presenta variaciones horizontales, la columna de aire ascendente puede adquirir rotación. El resultado es un remolino local, breve y de escala reducida.
No fue un tornado asociado a una supercelda. Fue convección superficial organizada en forma de vórtice. Su capacidad destructiva es limitada, pero en un balneario colmado alcanza para generar lesiones y daños menores.
12 de enero: virazón y marea meteorológica en Santa Clara del Mar
En la jornada más calurosa del verano –39°C– una súbita elevación del nivel del mar impactó en Santa Clara del Mar, Camet Norte y sectores de Mar del Plata. El saldo fue un joven fallecido y al menos 35 personas heridas en las playas de Santa Clara.
Se habló de “superola” o “minitsunami”. Técnicamente, no lo fue. El fenómeno encaja como virazón asociada a marea meteorológica: vientos pamperos del oeste, que inicialmente retiraban el agua de la costa, rotaron de manera abrupta al sudeste. Ese cambio generó un empuje inmediato del agua hacia la línea costera y una sobrelevación violenta del oleaje.

No intervino actividad sísmica ni desplazamiento del fondo marino. Fue un proceso atmosférico. Temperaturas extremas, inestabilidad y rotación brusca del viento crearon las condiciones para una oscilación rápida del nivel del mar, del tipo que la literatura describe como meteotsunami. Son infrecuentes en el litoral bonaerense, pero no desconocidos en sistemas costeros abiertos.
3 de febrero: tormenta severa en Mar del Plata
El 3 de febrero, lo que había empezado como un día típico de verano –36°C— terminó con un frente de tormentas severas ingresando cerca de las 17. La evacuación masiva de balnearios fue preventiva. La zona sur concentró los mayores daños.
En Punta Mogotes, Faro Norte y Punta Cantera cayó granizo de gran tamaño. Hubo roturas de parabrisas, daños en vidrios y abolladuras en vehículos. En paradores como Playa Guillermo hubo carpas y mobiliario afectados. En el barrio Alfar, árboles caídos sobre tendido eléctrico provocaron cortes de suministro y saturación de reclamos. No se informaron heridos.
La dinámica fue la habitual para tormentas estivales intensas en el sudeste bonaerense: acumulación previa de aire cálido y húmedo, ingreso de un frente frío e inestabilidad marcada. Las corrientes ascendentes profundas favorecieron la formación de granizo; las descendentes, ráfagas capaces de generar daños materiales significativos. La combinación no es excepcional. Sí lo es su impacto en una ciudad con alta exposición turística y estructuras livianas en la franja costera.
19 de febrero: sismo frente a Mar del Plata
Hoy se registró un sismo de magnitud 4,9 frente a la costa. Fue percibido en la ciudad, sin daños estructurales relevantes ni riesgo de tsunami.

La explicación está en la dinámica de la placa Sudamericana y su relación histórica con la placa Africana. Ambas se separan desde hace unos 130 millones de años, cuando se abrió el Atlántico tras la fragmentación de Pangea. La placa Sudamericana avanza actualmente hacia el oeste, en dirección al Pacífico, a una velocidad cercana a tres centímetros por año.
Ese desplazamiento acumula tensiones. En el margen atlántico, un margen pasivo, esas tensiones pueden reactivar fracturas antiguas y producir sismos pequeños y superficiales. Son menos intensos y mucho menos frecuentes que los del margen andino. De hecho, en el frente atlántico se libera una fracción mínima de la energía tectónica total; más del 95% se concentra en el oeste argentino y en Chile, donde la subducción domina la escena.
Sorprenden porque son raros en la región. No porque sean anómalos en términos geológicos.
Coincidencia no es patrón
Virazón, torbellino, tormenta severa y sismo. Cuatro mecanismos distintos en pocas semanas. La coincidencia temporal amplifica la narrativa. Pero no hay un hilo común que los encadene.
El sistema climático y geológico funciona en múltiples escalas y con dinámicas independientes. Que varios procesos se manifiesten en una misma temporada alta no los convierte en señal extraordinaria. Los vuelve más visibles.
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