Dos equipos vivieron una competencia de juegos adrenalínica exclusiva para socios BLACK. Relato de una tarde mágica en primera persona.
Dos equipos vivieron una competencia de juegos adrenalínica exclusiva para socios BLACK. Relato de una tarde mágica en primera persona.
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1 de junio de 2018  • 10:28

Después de pasar por delante de una gran cantidad de vidrieras con maniquíes de todos los colores, fotos de modelos en su mejor pose, olor a perfume y a papas fritas, subo las escaleras mecánicas hasta el último piso del Recoleta Mall. Doy unos pasos y ya escucho a lo lejos una música que trae a mi memoria muchos recuerdos. No es ninguna melodía en concreto. No tiene letra y no es de ningún artista que conozca. Pero son sonidos que contienen dentro, como en un frasco, casi toda mi infancia. Las vueltas en la calesita con mi papá en la plaza, los veranos de vacaciones jugando al tejo con mis hermanas y los berrinches cuando ya era hora de volver a casa y no lo podía entender. Todo eso vuelve. Ese sonido a maquinita de videojuego, a risas por tirarse de bomba al pelotero, al disco del tejo yendo de acá para allá. Hace tiempo, el lugar donde estoy supo ser el antiguo Village Recoleta, y aquí mismo pasé varios cumpleaños de amigos pidiendo más y más crédito para seguir jugando entre todos.

Hoy, años después, pongo un pie en Mundo Cartoon Network y mis ojos también confirman mi recuerdo: hay colores fuertes y luces de neón por todos lados, autitos, motos de agua, naves espaciales, una máquina donde hay dulces y ositos y mucho más. Cada juego es como una torta deliciosa recién salida del horno, que me atrae y me tienta. Quiero probar todo, quiero ver a qué sabe cada aventura. La tarde está recién empezando y hay mucho para hacer.

Las pecheras rojas y azules están esperando a quienes serán sus dueños por un rato y tratarán de darlo todo por el equipo. A partir de una invitación exclusiva para socios BLACK, chicas y chicos de entre 5 y 10 años llegan con sus padres, dejan sus camperas y se disponen a jugar. Recién se conocen, pero a través de las distintas batallas se irán volviendo cada vez más aliados. Es que, para jugar, lo único necesario es tomárselo en serio.

Los chicos vivieron una tarde a pura diversión
Los chicos vivieron una tarde a pura diversión

Cada juego está cronometrado y hay un árbitro, que es quien explica en qué consiste cada partida y hace de mediador cuando los resultados son confusos. Primero, los equipos deben entrar por unos túneles secretos, subir y bajar, pasar barreras, superar un camino de arena movediza hecho de pelotitas de colores, trepar y tirarse de tirolesa entre los árboles del bosque pintados sobre la pared. Eso sí, para subirse hay que dejar las zapatillas en la puerta. Mejor estar libres y livianos para trepar tranquilos.

Después de esta aventura, donde los padres se convirtieron en la mejor hinchada, una merienda espera a los dos equipos para descansar y recargar fuerzas. Todavía falta el campeonato de tejo y el show final. Pero la frutilla del postre que viene a coronar esta tarde de alegrías es la aparición del Rey del Hielo. Este personaje, conocido por el programa Hora de aventura, es un hombre de barba larga con corona, nariz puntiaguda y piel azul. Y al igual que en el dibujito, consigue ahora, en carne y hueso, poner en acción su poder: deja a todos congelados con su presencia. Si bien tiene el entrecejo fruncido, este personaje acompaña el baile y disfrute del último juego, momento en el que el equipo azul resulta ganador. Pero da igual, la bolsita con regalos y tarjetas con cargas para seguir jugando es para todos. El animador cuenta: "A la 1, a las 2, a las 3..." y los caramelos vuelan por el aire. Los chicos se tiran al piso como si se jugaran la vida. Pero en la cara de los padres es donde está la mayor alegría. Parece que ellos también hubiesen estado jugando.

El Rey del Hielo fue otro de los invitados a la competencia
El Rey del Hielo fue otro de los invitados a la competencia

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