
Una lluvia de meteoritos rozará la Tierra a principios de noviembre
Si bien no caerá sobre la superficie del planeta, podría dañar algunos satélites
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Será una tormenta de meteoritos, pero a no asustarse: no van a llover piedras sobre la superficie terrestre.
Lo que sí sucederá es que entre el 14 y el 20 de noviembre próximo, el caudal de estrellas fugaces que normalmente pueden observarse desde la Tierra aumentará notablemente. Quizás, hasta resulte un fenómeno verdaderamente impresionante a los ojos humanos.
Por desgracia, para los argentinos no habrá fiesta. Sólo quienes vivan en el hemisferio norte podrán gozar de la tormenta de meteoritos, conocida como el fenómeno de Las leónidas .
"No será una verdadera tormenta -aclaró en diálogo con La Nación el doctor Adrián Brunini, investigador del Observatorio Astronómico de La Plata, especialista en sistemas planetarios-. En realidad, la Tierra atravesará la órbita de un cometa, llena de fragmentos de hielo que éste dejó a su paso. Es algo que sucede todos los años, aunque en esta oportunidad el fenómeno será más impresionante."
Lo que preocupa a varios sectores de la comunidad internacional es la posibilidad de que un meteorito choque con un satélite artificial y lo destruya.
Nacidos de una colisión
Cuando se habla de meteoritos, hay dos grandes grupos. Los clásicos son los que provienen del cinturón de asteroides, un conglomerado de miles de fragmentos rocosos de tamaños que oscilan entre las centenas de metros y varios kilómetros. Esos asteroides orbitan alrededor del sol, entre Marte y Júpiter.
"Cuando los asteroides chocan entre ellos se producen numerosos fragmentos que salen disparados en todas las direcciones -explicó Brunini-. La mayor parte viaja rumbo al sol, que termina absorbiendo el 80 por ciento del total. Sin embargo, una pequeña parte encuentra a la Tierra en su recorrido e ingresa a la atmósfera, que funciona como un escudo protector: los hace entrar en combustión y los consume, aunque algunos sobreviven por su tamaño y llegan a la superficie. Esos son los meteoritos metálicos, ferrosos y carbonatosos, entre otros, como los que pueden verse en el Planetario de la Ciudad de Buenos Aires."
Hielo y polvo
Sin embargo, esta vez las cosas serán diferentes. Los meteoritos que lloverán sobre la Tierra no serán fragmentos de asteroides, sino residuos que dejan los cometas a su paso.
Es que, a medida que giramos alrededor del sol, atravesamos el camino de algunos de esos cuerpos celestes viajeros que no respetan las órbitas de los planetas; pueden pasar cerca del sol y luego desplazarse hasta los confines del sistema solar, para regresar más tarde.
Básicamente, los cometas están formados por un núcleo de hielo, recubierto por una capa de polvo. Cuando se acercan al sol, parte de su núcleo comienza a desprenderse, formando la cola.
Pero aun mucho tiempo después de su paso, el camino recorrido queda lleno de fragmentos de hielo y polvo.
Deseos al por mayor
En este caso, a mediados de noviembre, la Tierra atravesará la órbita del cometa Tempel-Tuttle, que nos visitó el año último. Cuando los fragmentos que alguna vez pertenecieron al cometa entren en la atmósfera terrestre se volverán incandescentes y darán a los observadores la apariencia de estrellas fugaces.
Si ningún satélite resulta dañado por Las leónidas , para los habitantes del hemisferio norte la fiesta será completa y alcanzará su punto culminante el 17 de noviembre.
Pero seguramente ese día, mientras millones de ojos levanten la vista pidiendo a las estrellas fugaces cantidades industriales de deseos, los técnicos encargados de los satélites estarán cruzando los dedos.
El cometa Tempel-Tuttle
Casi nadie habla de él, y la ciencia lo conoce desde 1865. Sin embargo, el Tempel-Tuttle, el cometa cuyos residuos provocarán una lluvia de meteoritos entre el 14 y el 20 de noviembre próximos, se acerca a la Tierra desde tiempos inmemoriales.
Los astrónomos llegaron a la conclusión de que este viajero de hielo y polvo atraviesa la órbita terrestre cada 33 años y que, en su travesía, llega más allá de la órbita de Saturno.
De las conocidas, la visita que más lo acercó a nuestro planeta ocurrió durante la Edad Media, en el año 1366. En aquella oportunidad pasó a 3 millones y medio de kilómetros de la superficie terrestre.
En febrero de 1867, el astrónomo italiano J. V. Schiaparelli relacionó por primera vez el paso del Tempel-Tuttle con el fenómeno de Las leónidas .
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