
Una placa en lo alto de la Cordillera, 30 años después
Dos de los ex rugbiers que sufrieron el accidente aéreo viajaron hasta el lugar donde vivieron 70 días
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MENDOZA.- Dos de los sobrevivientes del denominado "milagro de los Andes" colocaron ayer una placa en plena cordillera, exactamente en el lugar donde, en 1972, cayó el avión en el que viajaban junto con el equipo de rugby del club uruguayo Old Christians, a más de 400 kilómetros de la capital mendocina.
Roberto Canessa y Alvaro Mangiano Smith partieron anteayer, a las 7, desde El Sosneado, en busca del Valle de las Lágrimas, unos 120 kilómetros al Oeste, donde se encuentran los restos del Fairchild F-227, turbohélice, de la fuerza aérea uruguaya, que hace 21 años los trasladaba a Santiago para jugar un partido de rugby.
"Han logrado su cometido y estamos a la espera del retorno", expresaron anoche gendarmes del escuadrón 29 de Malargüe, que mantenían comunicación con El Sosneado, pero tenían dificultades para conectarse con los expedicionarios.
Canessa y Mangiano llegaron el viernes último, a las 18, al departamento del sur de Mendoza, acompañados por familiares y por el comandante en jefe de la aeronáutica de Uruguay, teniente general José Pedro Malaquín. El objetivo fue concretar un homenaje al grupo de jóvenes que viajaba en aquel avión, a 30 años de la tragedia.
La expedición, compuesta por 18 personas, partió en 4x4 desde El Sosneado, por un camino de ripio, hasta llegar al puesto General Soler, de la Gendarmería, que prestó el apoyo para la concreción de la travesía.
Desde el lugar, la comitiva continuó a caballo y en mula hasta el Valle de las Lágrimas, ubicado en el límite de los departamentos de San Rafael y de Malargüe, en el sudoeste de la provincia de Mendoza, cerca de la frontera con Chile.
La trayectoria demandó transitar peligrosas laderas, a unos 4000 metros de altura, y sortear difíciles cursos pluviales, como el río Atuel o el Arroyo de las Lágrimas, debido a la gran cantidad de agua que este verano provocó el deshielo.
Canessa y Mangiano fueron dos de los 16 sobrevivientes entre los 40 pasajeros y los cinco tripulantes del avión. Eran estudiantes e integraban el equipo de rugby de Old Christians que iba a jugar un partido en Santiago, la capital chilena.
Fueron rescatados 70 días después de la caída del avión y dos antes de la Nochebuena de 1972. Vivieron una increíble odisea al subsistir en lo alto de la cordillera nevada, siguiendo inicialmente por radio las alternativas de una búsqueda que fue abandonada en más de una oportunidad.
Canessa, junto con Fernando Parrado -otro de los sobrevivientes, que no vino en esta oportunidad- caminaron siete días hacia el Oeste hasta que fueron encontrados por un arriero y trasladados por helicópteros de la fuerza aérea chilena a San Felipe, en el vecino país.
Junto con otros sobrevivientes, Canessa y Mangiano estuvieron en el lugar del accidente hace diez años. Ahora retornaron allí para que sus esposas e hijos conocieran la zona. En el valle se encuentran restos de la máquina accidentada, que se precipitó de cola luego de que un ala rozó un pico de la montaña. En el faldeo del Portezuelo se encuentra, como testimonio, parte de esa pieza, que atrae a expedicionarios.
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