
Una plaza donde late parte de la historia
Desde sus orígenes hasta la actualidad, la Plaza de Mayo fue escenario de los principales acontecimientos cívicos del país: desde las fiestas que se efectuaban por la proclamación de los reyes, hasta la rendición de los ingleses durante las invasiones, la Revolución de Mayo, la movilización del 17 de octubre de 1945, el golpe militar de 1955 o los cacerolazos de 2001.
El 26 de octubre de 1609, en la entonces llamada Plaza Mayor, delimitada por las actuales calles Rivadavia, Bolívar, Hipólito Yrigoyen y Defensa, se realizó la primera corrida de toros porteña.
En esa época, sobre el sector de las actuales calles Rivadavia y Balcarce, tuvieron su asiento los jesuitas, que construyeron su residencia, una capilla, un colegio y un cementerio, inaugurado en 1633. Luego se trasladaron, en 1661, a la manzana delimitada por las calles Alsina, Bolívar, Perú y Moreno. Lo curioso es que, según afirma el historiador Julio A. Luqui Lagleize, nunca se retiraron los cadáveres allí enterrados.
En 1804, se terminó de construir la Recova, una construcción de estilo neoclásico español con un gran arco central, que dividió la plaza en dos. Luego de las invasiones inglesas, el sector cercano a la costa se denominó Plaza del Mercado, mientras que el predio lindero al Cabildo fue llamado Plaza de la Victoria. La Recova perduró hasta fines del siglo XIX, cuando el intendente Torcuato de Alvear ordenó su demolición.
El 25 de mayo de 1811, fue inaugurada la Pirámide de Mayo, el primer monumento de Buenos Aires, que se instaló en la Plaza de la Victoria, frente al Cabildo. Con el nuevo espíritu republicano, la Plaza del Mercado, o del Fuerte, pasó a llamarse 25 de Mayo. La pirámide estuvo allí hasta que, tras la demolición de la Recova, el centro de la plaza quedó libre, y por una decisión política se trasladó, en 1912, mediante un sistema de rodillos, al centro de la misma, lugar que actualmente ocupa.
También a fines del siglo XIX, el intendente Alvear impulsó un proyecto de renovación, que incluyó transformar la plaza seca, en una con césped y arbolado. Fue él quien decidió colocar las palmeras, medida que causó gran revuelo en su época.
La plaza continuó siendo objeto de reformas como la realizada por el arquitecto paisajista Carlos Thays, quien transportó algunas de las palmeras ya existentes al Parque Tres de Febrero, y trajo de allí los plátanos que hoy perduran. La remodelación, que incluyó modificaciones en el diseño geométrico del césped, fue inaugurada el 9 de julio de 1894, y al año siguiente se estrenaron nuevas luminarias, que permitieron los paseos nocturnos.
Aquellas transformaciones dieron lugar a ideas de lo más estrafalarias: en el Congreso, en 1894, Lisandro Olmos y José Carpa propusieron ocupar el subsuelo de la Plaza de Mayo, sobre 20.000 m2 y a siete metros de profundidad, con una construcción de hierro y vidrio cuyo techo serviría de piso a la plaza, algo que nunca prosperó.
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