
Valeria Burrieza y Mariángeles López Salon
Con un promedio de 15 turnos diarios por especialidad, son muchos los enfermos que se retiran sin respuesta
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Con garabatos blancos pintados sobre paredones celestes, el hospital Larcade, de San Miguel, por fuera intenta parecerse al cielo.
Adentro, la realidad es menos ingenua: en el mismo lugar donde hace casi dos meses el intendente Aldo Rico se atrincheró para detener las protestas de los médicos, las paredes grises se siguen descascarando, hay gente descalza que espera ser atendida y consultorios sin puerta.
Los médicos aseguran que Rico duplicó puestos jerárquicos. Dicen que en sectores donde ya había un jefe asignado por concurso, el intendente nombró otra persona de su confianza arbitrariamente.
Uno de los casos es el de la guardia de clínica médica. "Dos doctores se presentaron como jefe y subjefe, cuando esas funciones ya estaban cubiertas", criticó Gustavo Eugeni, presidente de la Asociación de Profesionales del hospital.
Mientras tanto, el servicio sanitario, que nunca se destacó en este municipio, sigue cuesta abajo.
La Nación estuvo en el Larcade y ésta es la crónica de un día en el hospital público más controvertido del Gran Buenos Aires.
"Piensen en nosotros"
Una mujer carga en brazos a su hija discapacitada de diez años y sube las escaleras. Desafía el cartel de la puerta de la dirección que advierte con letras gruesas: "No golpee ni pase".
Sacude la puerta con el puño y advierte que no está sola: otras personas también reclaman atención médica en la dirección del hospital.
La política pasa a segundo plano cuando se trata de la salud de un hijo. "A mí no me importa quién tiene razón, si Rico o los médicos, lo único que les pido es que piensen que las consecuencias de sus peleas las pagamos nosotros", dice Lidia.
Lidia había llevado a su hija al servicio de neurología. Pero la atención estaba suspendida debido a las turbulencias por las que atraviesa el centro de salud.
En la antesala de la guardia hay varias personas sentadas en el piso y en bancos de cemento. No esperan mucho, porque los pacientes entran y salen rápido: es que los médicos atienden en cuartos donde no hay puerta, instrumental, ni siquiera jabón para lavarse las manos.
La mayoría de las consultas de la guardia se deriva a los especialistas. Pero, para ser atendidos, los pacientes deben levantarse a las 5 y tener suerte, porque se entregan unos 15 turnos diarios por especialidad.
En el sector de emergencias la situación es tan grave que el gobierno bonaerense dispuso una partida especial para refaccionarlo, junto con el área de internación pediátrica y maternidad, informó el Ministro de Salud, Juan José Mussi.
En la parte que se conoce como nueva -en realidad se construyó en 1995- hay 36 consultorios donde los especialistas atienden sólo de 8 a 11. Algunos días, por la tarde, funcionan como máximo cuatro consultorios. La única persona autorizada para dar información sobre todas las especialidades es el portero, aunque hay cinco ventanillas de atención al público.
"El personal no está dando la atención que debería. Están contratados para trabajar 36 horas y sólo cumplen 15", acusó -a su vez- el secretario de Gobierno de San Miguel, Oscar Zilocchi, quien asumió la representación del intendente Rico ante la negativa del jefe comunal a opinar sobre el asunto.
Los médicos, por su parte, dicen que les recortaron las horas extras y la prolongación horaria.
Consultorios vacíos
Tres mujeres con bebes esperan en la puerta del consultorio de vacunación. Una se acerca y lee en letras más chicas que se atiende los lunes, miércoles y viernes. Mala puntería, vinieron justo un martes.
-Vengo de tan lejos..., se lamenta una de las mujeres.
-¿Y si golpeamos?, propone otra.
-No, yo tengo miedo de que me saquen corriendo.
Golpearon igual. Nadie les respondió y se fueron con sus bebes de seis meses sin vacunar.
En el primer piso del hospital un cartón pegado en la puerta de un baño anuncia con bolígrafo azul: "Clausurado por sucio".
La puerta de al lado lleva a una sala cálida, de techos de madera y olor a café. Los médicos debaten en una asamblea qué van a hacer ahora que "ya pasó la fase de confrontación y demostramos aptitud para salir en los medios y denunciar lo que pasa".
Parece una asamblea revolucionaria. Los oradores exponen según sus aptitudes discursivas. Médicos y auxiliares, parados alrededor del recinto, escuchan mientras mastican empanadas de carne.
"Necesitamos revertir nuestra imagen en la sociedad porque no está bien", sugiere uno de ellos, mientras los demás asienten con la cabeza.
A diez metros de allí, los directores asociados del hospital están en su oficina, con la puerta bien cerrada. Jorge Grioti es uno de ellos. Por si hubiera que despejar alguna duda, destaca a La Nación que el personal del hospital se opone a la política de la dirección.
Hace apenas quince días, los médicos volvieron a saludar a los directores al cruzárselos por los pasillos, pero todavía la comunicación es lacónica. En los momentos más tensos del conflicto, el personal montó batucadas en la puerta de la oficina de la dirección.
El hospital de las nubecitas en la fachada una vez, por azar, fue buena noticia: fue en 1997, cuando recibió al primer bebe del año. Pero nunca pudo superar sus problemas.
Bajo sospecha mutua
Los médicos aseguran que la remodelación del Larcade es una excusa para desmantelarlo. Los funcionarios del intendente ex carapintada lo niegan: dicen que quieren mejorarlo, pero no los dejan.
El conflicto comenzó cuando los médicos sospecharon que Rico quería arancelar el sistema de salud, ya que había pedido asesoramiento al hombre que impulsó el arancelamiento hospitalario en el municipio vecino de Malvinas Argentinas. "Los médicos quieren que el hospital siga en malas condiciones porque tienen intereses con las clínicas privadas", acusó Oscar Zilocchi, secretario de Gobierno de la intendencia de Rico.
Para los médicos, la remodelación es un vaciamiento. "Quieren trasladar algunos sectores a otros centros de salud mientras arreglan el hospital, pero es una estrategia del intendente", dijo el representante de los profesionales del hospital, Gustavo Eugeni.
Eugeni asegura que todo surgió con un proyecto del gobernador Duhalde para que el Larcade dependa directamente de la provincia. De concretarse, la intendencia perdería el dinero que ahora recibe por tener un hospital. Por eso, al trasladar algunos servicios a centros de salud municipales, Rico intentaría conservar los ingresos que recibe de la provincia para el área de salud.
San Miguel obtiene del gobierno bonaerense 20 millones de pesos por año en concepto de coparticipación provincial.
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