
Van al rescate del acorazado Graf Spee
Está hundido frente al puerto de Montevideo desde 1939 por decisión de su comandante para no entregarlo al enemigo
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Desde hace más de 60 años descansa frente a la costa de Montevideo. Su capitán decidió hundirlo antes de entregarlo a manos enemigas. Pero la historia del acorazado alemán Graf Spee no quedará sepultada bajo las aguas del Río de la Plata.
Es que un proyecto privado comenzará con el rescate de un instrumento de artillería mañana o pasado mañana, si el clima acompaña, para que vuelva a ver la luz.
Tras sembrar el terror en las rutas comerciales, este "acorazado de bolsillo" fue echado a pique por su comandante, el capitán Hans Langsdorff, a una distancia de entre cinco y siete kilómetros de la ribera de Montevideo, luego de ser perseguido con tenacidad y resultar seriamente dañado por una flota británica.
Desde entonces, el arma letal de los nazis para el control del Atlántico yace a ocho metros de profundidad bajo el fondo turbio y agitado del Río de la Plata.
En 1997, un equipo dirigido por el buzo uruguayo Héctor Bado recuperó un cañón de la nave, actualmente en exposición frente al Museo Naval de Montevideo. Años después, el proyecto de rescate de la nave revive, con el intento de recuperación del telémetro, un instrumento que permitía a los artilleros ajustar los tiros con precisión.
Esta maniobra iba a comenzar el 29 del mes último, pero los organizadores decidieron postergarla por razones climáticas en dos ocasiones.
El salvamento sigue a cargo de Bado en colaboración con expertos internacionales; entre ellos, el británico Mensun Bound, director de la Unidad de Investigaciones de Arqueología Marina de la Universidad de Oxford.
Según sus promotores, la extracción del telémetro, de 27 toneladas, es la primera etapa de un programa de recuperación más ambicioso.
"Lo que vamos a hacer ahora es el comienzo de las operaciones", explicó a la agencia AP el dueño de los derechos del barco, el uruguayo Alfredo Etchegaray.
El proyecto, que cuenta con el apoyo del gobierno uruguayo, apunta a reunir las piezas rescatadas en un museo dedicado al legendario navío, donde Etchegaray estima que acudirán miles turistas interesados en la historia del Graf Spee.
Puesto en servicio en junio de 1934 y hundido en diciembre de 1939, el Admiral Graf Spee era limitado por su tonelaje, pero temible por sus avances técnicos, sobre todo por su sistema de radar y el telémetro electrónico.
Debido a las restricciones impuestas por el Tratado de Versalles, la marina alemana había desarrollado tres acorazados de bolsillo, cuyo desplazamiento no era superior a las 10.000 toneladas, por lo que conciliaban la velocidad y la facilidad de maniobra de un crucero con la potencia de un acorazado: el Deutschland (rebautizado Lutzow), el Admiral Scheer y el Admiral Graf Spee.
Tras haber zarpado de incógnito de Wilhelmshaven el 21 de agosto de 1939, incluso antes de la declaración de guerra contra Francia y Gran Bretaña, el Graf Spee tomó la dirección del Atlántico con la misión de desorganizar el tráfico marítimo de las rutas comerciales en los océanos Atlántico e Indico.
Desde el 30 de septiembre hasta el 7 de diciembre, el acorazado alemán hundió nueve barcos, lo que hizo que los británicos intervinieran. La Marina Real Británica envió la División Sudamericana, formada por cuatro cruceros, al centro comercial de carne y cereales hacia Gran Bretaña, donde fue detectado el Graf Spee.
El 13 de diciembre comenzó la batalla del Río de la Plata, en cuyo desarrollo el Graf Spee resultó dañado y sufrió 36 bajas, frente a 72 que tuvo la tripulación de las naves británicas.
Tras refugiarse en el puerto de Montevideo y al no obtener el permiso de las autoridades del Uruguay -país neutral- para quedarse el tiempo que requerían las reparaciones, el capitán Langsdorff decidió hundirlo la noche del 17 de diciembre. La tripulación fue remolcada hacia Buenos Aires, donde Langsdorff, tres días más tarde, se suicidó.
Friedrich Adolphe, único sobreviviente del acorazado, no estaba de acuerdo con la operación. Pidió que lo dejaran tranquilo. Este hombre, de 85 años, que después del episodio decidió radicarse en el Uruguay, contó: "La batalla del Río de la Plata comenzó frente a las costas de Punta del Este". El prefiere el recuerdo.
En el Cementerio del Norte, a unos 12 kilómetros del centro montevideano, 40 cruces de metal de unos 50 centímetros de alto, clavadas en tierra, identifican y guardan los restos de los marinos fallecidos.
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