
Volvió a navegar la corbeta Uruguay
En 1903 el histórico buque de la Armada rescató de la Antártida a una misión científica que estuvo perdida durante 2 años
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Fue el acontecimiento del año en 1903 y mantuvo en vilo a varios países. El orgullo argentino brotó de los pechos de miles de porteños que cubrieron los muelles del Apostadero Naval para recibir a la corbeta Uruguay, cuya tripulación había rescatado de los hielos antárticos a una expedición científica que estuvo perdida durante dos años.
El 2 de diciembre de 1903, la veterana corbeta Uruguay, que sirvió también de cañonera -de sólo 46 metros de eslora y 7,63, de manga-, y su tripulación regresaban a Buenos Aires convertidos en la primera expedición argentina a la región antártica, luego de haber rescatado de los hielos infinitos al científico sueco Otto Nordenskjšld y a los náufragos del ballenero Antartic.
Al evocar aquella hazaña, ayer se realizó el traslado de la nave -declarada Monumento Nacional en 1967- desde su ubicación habitual, en el Dique 1 de Puerto Madero, hasta el Apostadero Naval de Dársena Norte.
A las 13.10, el semblante del viejo buque, que ya carga en su casco con 128 años, se recortó sobre el mismo paisaje que lo había visto llegar como una heroína un siglo atrás.
Al igual que entonces, las naves amarradas en la dársena la saludaron con sus sirenas. Con sus tres palos engalanados con gallardetes, la histórica corbeta fue recibida por los sones militares de la banda de la Armada, conducida por el suboficial mayor Conrado Iramaz. Algunos minutos antes, el comandante de la fragata Libertad, que también está amarrada en la dársena, ordenó el saludo de honor con sus gavieros trepados en las vergas de los tres palos del buque escuela de la marina argentina.
La imagen podría haber sido idéntica a su original.
Sin embargo, esta vez los palos y el casco de la Uruguay no demostraban los daños que pueden causar varios meses en el hielo. Ayer, la corbeta, impecable de proa a popa, cumplió su travesía de dos horas y media por las aguas de un tranquilo Río de la Plata. Dos remolcadores la llevaron y la cuidaron como si fuera una dama: fue trasladada a una velocidad que no excedió los 10 nudos (unos 18 km/h).
La Uruguay con su tripulación e invitados especiales, entre los que estaban Alvar y Oke Sobral, hijos del alférez José María Sobral -el primer argentino que invernó en la Antártida-, fueron recibidos por el subjefe de la Armada, vicealmirante Alvaro Vázquez.
Alvar Sobral, de 81 años, es el séptimo entre los nueve hijos del heroico marino. Muy emocionado por la evocación, dijo a LA NACION: "Soy un intruso. No soy yo quien tendría que haber estado acá, sino mi padre, a quien aunque quisiera no podría representar".
Junto a los Sobral también estuvo la embajadora del Reino de Suecia, Madeleine Stroge Wilkens: "Estar a bordo de esta corbeta, que salvó las vidas de héroes argentinos y suecos, es uno de los acontecimientos más impresionantes de mi vida. La Uruguay es un símbolo de coraje y solidaridad".
El director de buque museo, el capitán de navío retirado Hugo Dietrich es quien condujo ayer la corbeta, y afirmó: "Si volviera a nacer, volvería a entrar en la Armada y me volvería a casar con la misma mujer. Sólo para tener el honor tremendo que tuve hoy de conducir este buque, que es amigo, es solidario y salvó vidas".
Así se informó de la proeza hace un siglo
la imagen de la pequeña silueta de la corbeta Uruguay y el audaz rescate que protagonizaron sus tripulantes ocuparon columnas y columnas en los periódicos nacionales de la época; en sus ediciones del 2 y 3 de diciembre de 1903, LA NACION le dedicó tres páginas completas.
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