¿Y si empezamos por lo básico? Que los chicos no falten a clase

Gustavo Fabián Iaies
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8 de diciembre de 2013  

Los resultados PISA 2012 mostraron un estancamiento en los aprendizajes de nuestros alumnos respecto de 2009 y una caída respecto de 2001, cuando la aplicamos por primera vez.

No son buenos resultados después de 10 años de inversión, leyes, provisión de libros, computadoras, asignaciones, becas; no se ve el impacto de esas iniciativas en los aprendizajes.

¿Qué nos pasa? ¿Por dónde empezamos a abordar el problema? A los alumnos evaluados, se les preguntó cuántos días habían faltado a la escuela en las últimas dos semanas. Los argentinos fueron los que más días habían faltado. En la aplicación 2009, se aisló la variable "orden en las aulas" a partir de preguntas a los alumnos sobre cómo el clima del aula afectaba su posibilidad de aprender. Las aulas argentina fueron las más desordenadas.

No tenemos un indicador consolidado de ausentismo docente, pero el Observatorio de la Educación Básica, en 2011, midió las "horas libres" en una muestra representativa de segundos años de todo el país. Sólo el 22% de las aulas de escuelas estatales habían tenido todas las horas de clase en la semana de la encuesta. El mismo estudio preguntó por la antigüedad de los directores: más del 60% de éstos están en su cargo hace menos de 5 años en sus escuelas, la velocidad de rotación se aceleró.

Ausentismo de alumnos y docentes, estabilidad de los directores, orden en las aulas, un piso desde donde empezar a trabajar. Si los chicos y los maestros no van a clase todos los días, no tenemos equipos consolidados ni un orden mínimo que permita enseñar y aprender, nos costará mejorar. Nadie aprende en una escuela anómica. El nuevo gobierno mexicano se ha planteado la "normalidad mínima" como objetivo: que haya clase todos los días, los materiales necesarios, que asistan alumnos y maestros, padres comprometidos con el aprendizaje de sus hijos y un clima escolar que permita enseñar y aprender.

Deberíamos empezar por allí, por lo básico, y después podremos pensar medidas más sofisticadas.

Pero, en principio, que los padres garanticen la asistencia de los chicos; los docentes, la propia; logremos equipos escolares con mayor estabilidad y poder, para instalar un orden que permita aprender a todos. Y autoridades garantes de esas condiciones mínimas.

También tenemos que pensar por qué no podemos garantizar a nuestros chicos y jóvenes pautas claras para poder educarse, crecer y desarrollarse.

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