
Yapeyú cumplió el primer paso de su objetivo
El gobernador de Corrientes ratificó su intención de llevar al Libertador.
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YAPEYU.- El sigilo y el misterio de los últimos días se disolvieron ayer en un mar de sonrisas, cuando los restos de Juan de San Martín y Gregoria Matorras llegaron finalmente al primitivo hogar del matrimonio, en el 220° aniversario del nacimiento de su hijo.
Una breve caravana de motos, autos y camionetas salió bien temprano de Paso de los Libres, a 70 kilómetros de Yapeyú, para cubrir el recorrido con las famosas cenizas a bordo, el tan disputado tesoro que estaba escondido desde el día anterior en la Unidad Regional IV de la policía correntina.
Los rumores más recientes sólo conseguían embarullar las cosas y despistar a medio mundo, de modo que nadie supiera nada, y mucho menos los antitrasladistas. Gracias a la estrategia del gobernador Néstor Braillard Poccard, a los restos se los suponía simultáneamente en Corrientes, Paso de los Libres y Yapeyú.
Fue así como los San Martín parecían estar en todas partes, como si en verdad fueran dos espíritus que vuelan a gusto y no dos pequeños cofres con los vestigios materiales de un antiguo matrimonio.
Volver a casa
Recién llegado a Yapeyú, el gobernador dijo a La Nación que el viaje de los restos no tuvo nada de extravagante: "Todo fue público. Tenemos documentos que lo certifican. Se hizo un traslado de Buenos Aires a Corrientes, y después a Yapeyú. Sí reconozco que hubo cambios en las fechas".
No mencionó el destacamento de Paso de los Libres, acaso un escala técnica. Ni se lo notó muy enterado de la orden de restitución dispuesta por un juez desde Buenos Aires. "No recibí ninguna notificación oficial", fue su voz oficial. La caravana con los restos llegó pasadas las ocho de la mañana, al cabo de tan desconcertante travesía, ante la mirada radiante del intendente Norberto Zulpo, genuinamente encantado de ver un sueño cumplido.
"Después de mucho esfuerzo, nos sentimos realizados -dijo Zulpo a La Nación , en un ensayo de lo que sería el corazón de su discurso durante la ceremonia-. Sabíamos que se iban a dar opiniones en contra, pero tenemos más derecho que nadie a traer los restos y dejarlos en su casa, que los protegió en vida y los protegerá en la muerte."
Zulpo firmó el acta de recepción de los restos y aguardó la llegada de una segunda tanda de vehículos que, esta vez, transportaba a las autoridades nacionales y provinciales. El jefe de Gabinete, Jorge Rodríguez, encabezó el grupo, en compañía del gobernador correntino y de su par misionero, Federico Ramón Puerta.
Los trajes y corbatas de rigor, impecables para las oficinas de Buenos Aires, no combinaban del todo con las calles de tierra y el aire encendido del verano en Yapeyú, que poco a poco fue sofocando a los invitados con el sol avanzando sin piedad.
Mientras corrían los minutos y resbalaba el sudor, la plaza principal ganó la escena. Este inmenso rectángulo verde, lleno de árboles y símbolos patrios, se vio rodeado de efectivos de las fuerzas armadas, en actitud de desfile, y de un centenar de chicos llegados de pueblos vecinos, que suspendieron sus vacaciones para desfilar y honrar a la familia San Martín.
Hacia allí fueron también los dirigentes, que dejaron flores junto a las urnas y al pie de un monumento a San Martín. Llama la atención que la plaza de Yapeyú no tenga al Libertador en actitud de jinete, como en tantas ciudades argentinas, sino que se lo ve de pie, dando un paso al frente, resuelto y decidido, pero menos belicoso que en las estatuas ecuestres.
¡Queremos a San Martín!
Uno tras otro, los discursos que fueron poblando la ceremonia insinuaron el deseo de traer al mismo José de San Martín a su tierra natal, de una vez por todas, mal que les pese a los cancerberos que prefieren dejarlo en la Catedral de Buenos Aires.
Braillard Poccard, Raúl Romero Feris (actual intendente de Corrientes) y Zulpo acentuaron su pedido al gobierno nacional, confirmando que el traslado de los restos concretado ayer es el primer paso de un programa más ambicioso: traer al Libertador.
El ministro Rodríguez, sin embargo, se contentó con responder a quien le preguntara, en público o en privado, que el futuro ya está escrito: "El tema de San Martín está definido en su testamento". En otras palabras, el prócer dejó establecido que descansa en Buenos Aires y allí debe quedar.
Espíritu de revancha
La insistencia por poco se volvió exigencia cuando el presidente de la Asociación Sanmartiniana de Misiones, Enrique Gentiluomo, dijo lamentar que San Martín aún estuviera en Buenos Aires, "una ciudad que lo calumnió y lo despreció en vida".
En el mismo tono marcial, Gentiluomo dio la bienvenida a los padres del Libertador, que a su juicio lograron abrirse camino a este pueblo correntino de un "injusto e inexplicable exilio" de cincuenta años en Recoleta, "y pese a la oposición irracional, que raya en lo ridículo, de quienes pretenden autoerigirse en custodios del patrimonio histórico argentino".
El blanco de sus críticas, la comisión antitraslado en pleno, no podía escucharlo, y no sólo por la distancia. A esa misma hora se encontraban en medio de su propio acto de desagravio, en el cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires, donde las instituciones patrióticas depositaron flores en el espacio vacío que dejaron los restos trasladados.
Las urnas, guardadas en un cofre de bronce y custodiadas por una guardia de cinco granaderos, siguieron rumbo a la vieja casona, que en sus orígenes fue menos humilde de lo que cuentan los libros, y por cierto que sería una verdadera mansión si se la viera en su esplendor. Sobre todo si se la compara con algunos ranchos de madera y adobe que se levantan una o dos cuadras más allá.
Terminó la ceremonia y comenzó el desfile, con gauchos, soldados y chicos. También se acabó el sol, que le dio una cortés bienvenida a la lluvia. Se calmaron los discursos, algunos tan acalorados.
El pueblo volvió a vaciarse y todos volvieron a casa, en medio del agua y el sosiego. Sí, todos volvieron a casa, como estos nuevos y viejos vecinos, los padres de San Martín.
Y ahí quedarán las cenizas, a la vista de todos, para orgullo correntino y honor nacional, como dicen en Yapeyú.
Convocatoria
La controversia provocada por el traslado de los restos de los padres de San Martín convocó este año a una numerosa cantidad de gente al acto que se realizó ayer en la Catedral Metropolitana, al cumplirse 200 años del nacimiento del Libertador.
La ceremonia, que suele reunir no más de 50 personas, congregó en esta oportunidad a más de 150 interesados, entre los que se contaban numerosos extranjeros.
A la Catedral concurrieron el presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano, general Diego Alejandro Soria, y la secretaria de Cultura de la Nación, Beatriz Gutiérrez Walker. La presidenta de la Asociación de Mujeres de Acción Patriótica y de la cátedra libre sanmartiniana, Lillian Morelli, dijo a La Nación que la ceremonia fue "muy emotiva" y dijo que "desatar una controversia en torno del lugar de descanso del Padre de la Patria es ofender su memoria".
Por otra parte, en el cementerio de la Recoleta, una veintena de entidades culturales sanmartinianas organizó una reunión para expresar su desacuerdo con el envío de las urnas a la provincia de Corrientes.
Frente a la tumba vacía de los padres de Juan de San Martín y Gregoria Matorras se escucharon discursos de rechazo a la medida resuelta por el Poder Ejecutivo nacional.



