El microscopio del pesimista y el telescopio del optimista

Valentín Muro
Valentín Muro PARA LA NACION
Crédito: Shutterstock
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8 de octubre de 2019  • 12:02

Parece que va a llover. Consultamos en internet y todo apunta a que en unas horas el cielo se va a caer. Pero salimos sin paraguas y nos mojamos. Venimos de varios días de comidas pesadas pero no podemos dejar pasar la oportunidad de darnos un festín, y una indigestión. Saber todo lo que es necesario saber, a todas luces, no alcanza para hacer lo que es más conveniente hacer.

Con una serie de anécdotas similares Bina Venkatarama, ex-asesora de Obama y profesora del MIT, comienza The Optimist's Telescope (2019, "El telescopio del optimista"), un libro acerca de cómo podemos pensar mejor en el futuro y así, con algo de suerte, realizar un mejor futuro. Su planteo es tan autoevidente como urgente: en un mundo dominado por la gratificación instantánea parece haberse olvidado la capacidad de tomar decisiones mirando hacia el largo plazo. No importa si se trata de nuestra economía -o la del país-, nuestra salud o incluso nuestro planeta; pensar en lo que podría suceder parece que nos "arruga la ropa".

No es que nuestra generación sea particularmente temeraria: todos, sin importar nuestra inteligencia, tomamos decisiones desafortunadas a pesar de las claras advertencias que deberían alejarnos de ellas. Abusamos de los antibióticos y hacemos proliferar las superbacterias, conocemos los mecanismos por los cuales se produjo la crisis ambiental y poco o nada hacemos al respecto, identificamos los mecanismos a través de los cuales se multiplica la desinformación y sin embargo somos partícipes de la forma en que se dinamita el concepto mismo de verdad .

Pensar el futuro o anticiparse a él

Paradójicamente es ahora, quizá más que nunca, que debemos encontrar una linterna que ilumine la oscuridad y nos permita tomar mejores decisiones a largo plazo. "Vivimos bastante más que nuestros abuelos, tenemos herramientas para editar genéticamente a embriones humanos y nos arrimamos a las máquinas inteligentes", escribe Venkatarama. "Estamos alterando el clima del planeta para los próximos siglos de formas que bien puede que destruyan plantaciones, inunden ciudades costeras y desplacen a millones de personas", y es por todo esto que debemos ponderar aún más nuestro propio futuro próximo y el futuro distante de quienes vengan luego.

El libro de Venkatarama es una completa aventura a través de las formas en las que en el pasado se pensó al futuro pero sobre todo de las formas en que nadie pudo anticiparse a él. Sus ejemplos van desde la tragedia de Pompeya hasta los dilemas que enfrenta un médico que no sabe cómo detener la propagación de una enfermedad. Pero algo que me resultó particularmente notable fue la forma en que el arte entre sus páginas brilla por su ausencia. Esto es especialmente curioso si consideramos que a la ciencia ficción, como expresión artística, le debemos en gran parte el desarrollo de la prospectiva, la exploración de futuros posibles y los fundamentos del diseño especulativo.

Asuntos de nuestro espacio

Precisamente en ese delicado intersticio entre el arte, el diseño, la ciencia y la filosofía es que se ubica la muestra "Asuntos de nuestro espacio", que inaugura este jueves 10 de octubre y estará abierta hasta el 9 de noviembre en el Centro Cultural Ricardo Rojas (Av. Corrientes 2038). La exhibición, curada por Cristian Reynaga, busca construir un marco de conversación en torno a la forma en que distintas tecnologías alteran las dinámicas sociales y, en última instancia, el modo en que habitamos nuestros espacios colectivos.

Las obras de la exhibición cruzan técnicas, dispositivos y aproximaciones de los diversos artistas a las tecnologías con las que interactuamos a diario. Por ejemplo Dead Drops, del alemán Aram Bartholl, es "una red anónima offline de intercambio de archivos en espacios públicos" emplazada a través de la instalación de pendrives en paredes para que cualquiera pueda descargar y subir archivos. El proyecto ya cuenta con 2000 unidades en distintas ciudades del mundo. El 22 de octubre la artista Candela del Valle explicará el proyecto en el marco de la exhibición y dará un taller que culminará con una recorrida por la ciudad instalando dispositivos.

Otra de las obras, ad.watch, de los artistas Nayantara Ranganathan y Manuel Beltrán, se propone desafiar el ecosistema cerrado de la propaganda política en redes sociales como Facebook e Instagram a través de la creación de una interfaz que permite explorar y estudiar la forma en que se promocionan en ellas ideas y propuesta políticas. Lo que a fin de cuentas busca el proyecto es abrir inquietudes acerca del poder de persuasión que habilita el uso de datos personales. El 5 de noviembre se realizará un encuentro de conversación acerca de medios, tecnología y política en torno a esta obra con el sociólogo Agustín Frizzera.

De entre las distintas propuestas de la exhibición se destaca el proyecto Wifipedia, que a través de una colaboración con voluntarios locales relevó datos de casi 80 mil redes wifi de Buenos Aires. Uno de los hallazgos de la experiencia fue la forma en que a través del nombre de las redes toma forma un curioso mapa electoral, con nombres alusivos a los distintos candidatos, un fenómeno observado varias veces antes. El corazón del proyecto es ver si esa capa poco visible es ocupada con identificaciones políticas, o del tipo que sea. Estos datos luego se usaron para confeccionar una suerte de guía telefónica con un listado de las redes inalámbricas que recupera y resignifica aquella estética olvidada.

Visible e invisible

Lo que las obras de la exhibición buscan poner en tela de juicio son las lógicas de funcionamiento de aquellos artefactos y tecnologías que en su opacidad ocultan tramas y relaciones que de otro modo no atraparían nuestra atención. Haciendo visible lo invisible, desde redes inalámbricas al andamiaje de propaganda política que habitamos, se pone en primer plano una perspectiva generalmente obviada que permite señalar asimetrías, exclusiones y tensiones que ocupan nuestro espacio y lo moldean.

Para Venkatarama vivimos en una "era de la imprudencia" pero no porque seamos esencialmente peores que nuestro antepasados sino porque nunca tuvimos tanto poder para alterarlo todo. Lo que quizá quedó relegado es el reconocimiento de nuestro poder para cuestionarlo todo también, incluso nuestra capacidad transformadora. Si todo esto se dio a la par de un crecimiento desmesurado de nuestro conocimiento acerca del mundo es solo razonable que hagamos buen uso del mismo para pensar mejor en lo que vendrá. O, mejor aún, en lo que queremos que venga.

El libro comienza con una intachable frase de James Baldwin: "No todo lo que enfrentamos puede ser cambiado, pero nada puede ser cambiado si no lo enfrentamos". Lo que logramos enfrentando la incomodidad es abrirnos de la desesperación y aunando coraje para reconocer y denunciar lo que queremos cambiar.

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