Patricio Moro, conocido en redes como Motalarry o Larrysito, se hizo viral por las charlas que tiene con la IA, que desnudan sus falencias y derivan en conversaciones delirantes
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Dicen que hay que dejarse sorprender por las oportunidades que van surgiendo a lo largo de la vida. También dicen que hay que ser resiliente, es decir, tener la capacidad de hacerle frente a las adversidades para encontrar giros inesperados que marquen el rumbo hacia una nueva dirección.
De eso se trata la vida de Patricio Moro, de 33 años, que, después de estudiar enfermería e ingeniería, finalmente encontró su destino laboral haciendo humor en las redes sociales. En concreto, usa las plataformas de inteligencia artificial generativa (GenAI) como ChatGPT, Grok, Gemini, Claude y Copilot como coprotagonistas ideales para sus sketches: le hace preguntas que el modelo debería poder responder si fuera inteligente, graba la reacción en pantalla y sube el video a YouTube, Instagram y TikTok. El resultado son contenidos que generan millones de vistas, debates en los comentarios y, en el camino, una reflexión inesperada sobre los límites reales de la IA y su diferencia con lo que la gente cree que estas herramientas son capaces de hacer. Entre las tres redes sociales, Moro tiene más de 91.000 seguidores.
Cuando este creador de contenido cuenta que genera piezas desde los 13 años, la cifra sorprende. Pero lo que más llama la atención es que tardó más de una década en tomárselo en serio. “Empecé a subir videos a internet en 2008, pero recién en 2018 le metí constancia y ahí empezó a irme bien”, dice este quilmeño, que hoy vive principalmente de sus publicaciones en YouTube, aunque también trabaja ocasionalmente como delivery.
Aunque todavía no cuenta con el apoyo económico de empresas, es ahí donde apunta Moro. “Por eso le estoy poniendo energía a TikTok e Instagram, aunque mi base de monetización actual proviene de YouTube”, explica.
El sketch que se volvió contenido
La idea de los videos interactuando con IA no surgió de un plan de negocio ni de una tendencia detectada en el mercado. Surgió de la risa, y del firme objetivo de Patricio de ser humorista. “Miro bastantes comediantes y hay un standapero que se llama Lucas Lauriente. Él me inspiró con su show en donde habla con una novia virtual, es decir, con ChatGPT. Me causó tanta gracia ese sketch, que empecé a utilizar el mismo recurso para hacer humor, sin saber de antemano que estos contenidos iban a ser un boom”, cuenta.
Así fue como pronto descubrió que los errores de la IA causan gracia (sobre todo porque desnudan sus fuertes limitaciones en cosas que nos resultan muy sencillas, como describe la paradoja de Moravec) y que la dinámica de los videos era simple pero efectiva: “le propongo a ChatGPT una situación, el modelo responde con la lógica estadística con la que fue creada, y el resultado es absurdo. Esto sucede porque ChatGPT se basa en un transformer, que es una arquitectura de red neuronal que predice la próxima palabra según patrones de conversaciones humanas. Entonces, muchas veces lo más lógico es responder ciertas cosas, y yo juego con eso”.
Un ejemplo clásico de su serie “Día X intentando que las máquinas se rebelen”: la consulta de si para llevar al auto al lavadero, que está cerca, es mejor ir en auto o caminando. Las IA tienden a sugerir ir caminando (más sencillo, hacés ejercicio, son unas cuadras nomás) ignorando que la única manera de ir es en auto, porque hay que llevarlo, justamente, para lavarlo.
Pero más allá del humor, lo que más le sorprende a Moro son los comentarios. “La gente piensa que la IA tiene conciencia, emociones, y muchos se ponen del lado de la IA”, cuenta: “muchos me dicen que deje de maltratarla. No entienden que no tiene pensamientos ni es una persona. Es un predictor de texto, como una calculadora, pero de lenguaje, nada más”, dice. Y agrega que, paradójicamente, eso también le genera material nuevo: los debates que se arman en las respuestas a sus videos terminan siendo tan virales como los sketches originales.
Según cuenta, muchos usuarios colaboran con sus contenidos: “me mandan capturas de conversaciones con la IA que les parecieron raras o graciosas. A veces me piden que le pregunte determinada cosa; lo pruebo, veo que funciona y lo grabo. Una vez un usuario me mandó a pedirle a ChatGPT que inventara una palabra imposible de pronunciar, y salió un video genial”, cuenta.
Aunque Moro usa mayormente ChatGPT para sus contenidos, también recurre a Gemini y Grok, y nota diferencias claras entre ellas. “ChatGPT tiene un filtro muy fuerte, políticamente correcto, que no le permite insultar ni decir ciertas cosas. Yo juego mucho con eso: le pido que sea sumiso y no puede decirlo porque va contra su código de respeto”, describe. Grok, en cambio, es otra historia. “No tiene ese filtro. Te dice cualquier cosa, te puede insultar, no tiene límites”.
Un enfermero sin matrícula que encontró otra vocación
La historia laboral de Moro es variada. Antes del boom de la IA y antes incluso de tomarse en serio el contenido digital, estudió enfermería universitaria. En 2018 terminó todas las materias, pero un error administrativo en la facultad le impidió recibirse durante dos años. Él reclamó, reclamó y reclamó, hasta que la institución le reconoció la materia. Pero cuando por fin le dieron el título, llegó la pandemia. Y cuando llegó la matrícula, él ya tenía un viaje programado a Bolivia, por lo que nunca ejerció la profesión. “Tiré currículum en algunos lugares y no me llamaron a ningún lado. Y como los contenidos en las redes sociales andaban bien, no insistí más”, admite.
También pasó por ingeniería de sistemas en la UTN, carrera que no continuó, pero que le dejó una base técnica que hoy le resulta útil para entender cómo funcionan los modelos de lenguaje. “Conozco algo del tema porque estaba estudiando ahí, pero muy básico. Lo que busco es hacer humor, no dejar en ridículo a la IA “, aclara.
Por lo pronto, admite que hay algo que lo inquieta genuinamente: “Estoy muy fascinado con la pregunta de qué trabajos van a quedar y cuáles no. Yo lo vi de cerca con los programadores: pasaron de ser los más demandados durante la pandemia a que hoy haya muchos desempleados. Las empresas antes contrataban juniors porque no había suficientes programadores; hoy las tareas básicas las hace la IA y los juniors sobraron, y se ven más seniors. Eso también me desmotivó para retomar la carrera", reflexiona.
La IA como espejo de sus seguidores
Moro no pretende hacer divulgación tecnológica. De todos modos, sus videos humorísticos muestran, sin terminología técnica, que ChatGPT puede equivocarse, y que asumir que siempre tiene razón puede salir caro. Lo comprobó en carne propia: “Tenía un examen virtual en la UTN, no había estudiado, por eso decidí hacerlo todo a ChatGPT. Respondió todo mal. Ahí entendí que no se puede confiar ciegamente en la IA, y que es asistente, no una fuente de verdad”.
A Patricio también le preocupa que la gente le consulte a la IA cuestiones vinculadas a la salud o lo use como psicólogo. “Como soy enfermero, entiendo que en medicina un error de dosis o de paciente puede ser gravísimo. Eso no lo puede resolver una IA que a veces ni sabe que el auto va al lavadero”, dice.
Más allá de su boom actual como creador de contenido, y de su vínculo con la enfermería y la ingeniería, de cara al futuro Moro tiene el objetivo de seguir haciendo contenido vinculado a la IA y que sus diálogos con IA sean un sketch más. “Como ahora está funcionando, le meto por ahí, pero no quiero perder mi foco, que es ser humorista”.
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