Papa: "Que Dios proteja los cristianos de Tierra Santa"
León XIV pide paz para los pueblos que sufren guerras.
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La audiencia general se trasladó al interior de la Basílica debido al intenso calor en Roma. Quienes no han podido encontrar asientos en la Sala Nervi siguieron la audiencia en una pantalla gigante desde la Basílica de San Pedro. Otros, desafiando el calor, permanecieron en la plaza.
"Gracias por su paciencia. Que Dios los bendiga", les dijo León XIV, que tras la audiencia se trasladará a Castel Gandolfo, donde pasará una semana de descanso y celebraciones.
Durante la audiencia general, el Papa, en su saludo a los fieles de lengua árabe, el Pontífice dirigió un pensamiento "en particular a los católicos de Irak y Tierra Santa: que el Señor los bendiga a todos y los proteja siempre de todo mal".
Y en su saludo a los peregrinos polacos, el Papa recordó a San Maximiliano María Kolbe, quien ofreció su vida en el campo de concentración de Auschwitz en lugar de la de un padre de familia.
"Los animo a tomar como ejemplo su heroica actitud de sacrificio por los demás. Por su intercesión, imploren a Dios que conceda la paz a todos los pueblos que sufren la tragedia de la guerra", pidió.
En la catequesis de este miércoles, León XIV abordó el tema de la traición y la respuesta de Dios, siempre misericordiosa.
Al comentar el pasaje del Evangelio en el que Jesús revela que uno de los doce apóstoles está a punto de traicionarlo, el Papa León explicó: "Palabras fuertes. Jesús no las pronuncia para condenar, sino para mostrar cómo el amor, cuando es verdadero, no puede ignorar la verdad".
"Es un dolor que también conocemos bien, cuando la sombra de la traición se cuela en las relaciones más queridas", pero "solo quien ha conocido la verdad de un amor profundo puede aceptar incluso la herida de la traición", añadió el Pontífice.
El Papa subrayó que "estamos acostumbrados a juzgar. Dios, en cambio, acepta el sufrimiento. Cuando ve el mal, no se venga, sino que se duele".
Finalmente, León XIV concluyó: "Jesús no se escandaliza de nuestra fragilidad. Sabe bien que ninguna amistad está a salvo del riesgo de traición. Pero sigue confiando. Sigue sentado a la mesa con los suyos. No renuncia a partir el pan ni siquiera por quienes lo traicionarán. Esta es la fuerza silenciosa de Dios: nunca abandona la mesa del amor, ni siquiera cuando sabe que lo dejarán solo". (ANSA).
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