El conflicto en Medio Oriente generó aumentos en los costos del transporte y complicaciones logísticas; cómo puede afectar a la industria automotriz; cuál es el escenario para las exportaciones argentinas
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La escalada de tensión en Medio Oriente llega a niveles críticos y, en medio de los ataques, quedó alterado el transporte marítimo comercial.
Este conflicto, que ya cobró la vida de altos funcionarios iraníes, incluido el ayatollah Ali Khamenei, provocó una respuesta inmediata de Teherán a través del lanzamiento de drones y misiles contra objetivos en Israel y bases estadounidenses en países aliados como Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin.
La magnitud del enfrentamiento comenzó a asfixiar las arterias vitales de la economía global. Los ataques contra infraestructuras energéticas en Arabia Saudita —que obligaron al cierre de su mayor refinería— y el impacto en centros logísticos clave como el aeropuerto de Dubái, potenciaron el clima de inestabilidad en la región.
Esta situación forzó a cientos de embarcaciones, incluidos buques petroleros y gaseros, a detener sus operaciones y echar anclas ante la inseguridad en las rutas de navegación. Uno de los efectos más directos fue el aumento de los costos de los seguros para estos barcos.

El epicentro de la alerta económica se encuentra en el Estrecho de Ormuz, un punto estratégico por donde circula una quinta parte del comercio mundial de petróleo. Por las tensiones crecientes, Francia confirmó el envío del portaaviones Charles de Gaulle para asegurar el derecho de navegación.
Esto se produce luego de que la Guardia Revolucionaria de Irán advierta sobre ataques a petroleros y la creciente amenaza de un bloqueo total, elementos que dispararon los precios del crudo con aumentos de dos dígitos en una sola jornada. El impacto es aún mayor en el gas natural, cuyos precios en Europa saltaron un 38% tras la suspensión de producción de QatarEnergy.
Este estrangulamiento del suministro energético y de las rutas comerciales marítimas plantea un escenario preocupante para diversas industrias a nivel mundial, entre las que se encuentra la automotriz, que necesita el flujo permanente de partes para mantener niveles óptimos de producción.
Los efectos de la guerra sobre la industria automotriz
Las consecuencias de la guerra para el sector automotor van a depender de la duración del conflicto y a cuánto se terminen ajustando los precios del petróleo y gas, le comenzó explicando a LA NACION, Dante Sica, socio fundador de la consultora Abeceb.
“Pueden haber problemas del tipo logístico, precios de fletes o congestión si se extiende en el mediano plazo. Si se prolonga el conflicto, el impacto del precio del petróleo podría golpear contra la cadena de autopartes (sobre todo en el plástico)”, agregó el economista.

Otro de los potenciales riesgos en el caso de que se cierre el estrecho de Ormuz sería la congestión de barcos y puertos. “Si Toyota, Ford o cualquiera trae partes de China puede tener un inconveniente, pero no por un problema de abastecimiento sino por una congestión de barcos”, comentó una fuente muy cecana a los proveedores automotrices.
El mismo ejecutivo aclaró que no hay un riesgo de momento para la industria argentina y brasileña, pero que en caso de extenderse el conflicto por dos meses esto cambiará.

Puntualizando en el caso de la Argentina, Juan Cantarella, presidente de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC), profundizó en que las exportaciones argentinas son principalmente regionales, por lo que no debería haber impacto. “En importación si dependemos de Asia, pero de China, Tailandia, Japón, que no deberían verse afectadas de manera directa”.
Siguiendo esa línea, detalló: “El incremento de costos en todos los fletes marítimos sí va a impactar a todos los de trayectos más largos, como por ejemplo los que vienen de Tailandia y Japón, como también desde Europa y de América del Norte”.
Que pasará con el stock de las automotrices
Las terminales suelen tener tiempos acortados entre pedidos para no tener inmovilizadas estructuras de stock. “Por eso es que monitorean el conflicto día a día, pero hoy no hay una preocupación real en la industria”, agregó Sica.
Los especialistas coinciden en que el primer efecto, si se alarga el conflicto, se dará sobre los fletes, lo que provocaría búsquedas de fuentes alternativas de abastecimiento o traer partes por avión. Sin embargo, todas las expectativas apuntan a que sea un conflicto corto, donde para los analistas aparenta ser un conflicto de tres o cuatro semanas en el que influirá la capacidad militar de Irán de resistencia.

La situación en Europa
A pesar que difícilmente se puede dilucidar todavía un impacto directo sobre la industria europea dado lo reciente de los acontecimientos, el escenario plantea un nuevo desafío para el Viejo Continente, donde el aumento del precio del petróleo y el gas van a traer más presión a una situación que ya venía siendo una preocupación en la región.
“Por la guerra de Ucrania y Rusia se afectó mucho a la industria europea (y sobre todo alemana, que compensaba altos salarios con la importación de gas barato desde Rusia). Desde 2022 el modelo alemán comenzó a estar mucho más en crisis, país donde se concentran muchos fabricantes de autos y cuentan con sindicatos muy fuertes”, recordó el experto en Movilidad e investigador de la Universidad de Venecia, Bruno Pérez Almansi.
A su vez, agregó que no ve un problema de stock en el corto plazo, ya que la mayoría de los países tienen vehículos o autopartes disponibles y no es todo tan “just in time” como se cree. “No será como la crisis de los semiconductores cuando se cortó la logística y con ella su producción, pero sí hay que prestar atención al tema. Los seguros están aumentando mucho, lo que repercutirá en los costos de transporte”.
Qué pasará con las exportaciones argentinas a nivel general
La Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA) informó sobre el impacto logístico que tendrá el cierre del Estrecho de Ormuz por el conflicto en Medio Oriente y su reemplazo por el emplazo de Canal de Suez por Cabo de Buena Esperanza.
Las principales alianzas marítimas ya modificaron sus esquemas de navegación. MSC, CMA CGM, Maersk y Hapag-Lloyd suspendieron las reservas con destino a Medio Oriente o desviaron sus buques por el Cabo de Buena Esperanza, evitando el Canal de Suez y el Estrecho de Ormuz.
Esta medida implica demoras de entre 10 y 15 días adicionales para las rutas que utilizan transbordos en el Mediterráneo o hubs asiáticos, impactando también la disponibilidad de contenedores por el aumento de los tiempos de rotación. Maersk, por ejemplo, suspendió la aceptación de carga refrigerada, peligrosa o especial dentro y fuera de Emiratos Árabes Unidos, Omán, Irak, Kuwait, Qatar, Bahréin y Arabia Saudita.

El impacto económico se manifiesta en un aumento exponencial de los fletes, donde el mercado presenta tarifas triplicadas respecto al mes anterior. Hapag-Lloyd aplica un Recargo por Riesgo de Guerra (WRS) de US$1500 por TEU (la unidad estándar de medida de contenedores) y US$3500 para Reefers (contenedores refrigerados), mientras que CMA CGM implementa un Recargo por Conflicto de Emergencia (ECS) de US$2000 (20′) y US$3000 (40′).
Adicionalmente, MSC aplicará Recargos de Emergencia por Combustible (EFS) que varían según el destino, entre US$112 y US$118 por unidad estándar (TEU) para carga seca y entre US$168 y US$177 por TEU para carga refrigerada en destinos como Lejano Oriente o el Noroeste de Europa.
Estos recargos, junto con el aumento del BAF (Bunker Adjustment Factor, que implica que si el costo del combustible sube, las navieras trasladan ese costo al flete). En este caso también se da por el mayor consumo de combustible en las rutas alternativas, que encarecen considerablemente el transporte.
A su vez, las principales aseguradoras marítimas (Gard, Skuld, NorthStandard, London P&I) anunciaron la cancelación de la cobertura de riesgo de guerra para el Estrecho de Ormuz, dejando a más de 150 buques varados sin protección financiera ante ataques.









