Belén Ameijenda nació con espina bífida y tras una larga rehabilitación logró caminar; apasionada desde chica por el automovilismo, aprendió a manejar y hoy corre en la categoría Monomarca Fiat
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Aunque quizás todavía no era consciente de lo que los médicos le aseguraban ese día a sus padres, su pequeño cuerpo supo que tendría que enfrentar muchos “no” a lo largo de su vida. Ese, en retrospectiva, iba a ser el más difícil de superar. Tenía tan solo 10 días de vida y los profesionales anunciaron la peor noticia: jamás iba a poder caminar. Había nacido con una malformación congénita denominada espina bífida, que afecta sus miembros inferiores y el pronóstico no era para nada alentador.
“Creo que ese fue el primero y el más difícil de todos los no que escuché a lo largo de mi vida. Fue cuando los médicos dijeron, a mis 10 días de vida, que no iba a poder caminar. Sin embargo, a pesar de lo crudo del diagnóstico, supe en mi interior que podría salir adelante. Al año, cuando gracias al apoyo de mi familia y a mi kinesióloga de ese momento, logré dar mis primeros pasos, entendí que después de eso, cualquier no que escuchara de allí en más se iba a convertir en un sí. Y así voy transformando lo negativo en positivo y cuantos más no recibo, más fuerzas tengo para lograr esos sí que anhelo”, asegura Belén Ameijenda quien, luego de una compleja rehabilitación que le llevó más de 11 años, hoy logra desplazarse sin problemas con bastones canadienses.

“Sufrí mucho tiempo el bullying”
Criada en la ciudad de Buenos Aires, Belén recuerda una infancia colmada de momentos gratos. Aunque a nivel escolar, las cosas no eran tan fáciles como ella imaginaba: “Tanto en la primaria como en la secundaria, sufrí mucho tiempo bullying que se hacía presente de diferentes maneras. En aquella época, era muy difícil expresar lo que me pasaba y que me entendieran porque la palabra bullying no existía. Hoy es un poco más fácil explicarlo y que los otros entiendan lo que sucede. Más allá de eso, siempre conté con el apoyo de mi familia, que fue en ese entonces y sigue siendo fundamental”.

De aquellos primeros años de vida tiene un recuerdo que no la abandonó jamás. A sus cuatro años ya era una apasionada de las carreras de Fórmula Uno y de Turismo Carretera. Mantenerse en movimiento se convirtió en su estilo de vida. Practicó, desde temprana edad y de forma competitiva, natación, equitación y tiro con arco. Y, aunque en su familia nadie está vinculado al automovilismo, Belén pudo abrirse paso para acercarse, cada vez más, a su pasión.
Un ejemplo inspirador
Su amor por el automovilismo y el deseo de convertirse en piloto se hizo cada vez más presente. Aunque no lo veía posible por su discapacidad, su visión del asunto cambió cuando una tarde vio a competir a Juan María Nimo. A los 18 años el joven había sufrido un accidente en motocross que le provocó una lesión medular. Como consecuencia, sus extremidades inferiores quedaron inmovilizadas. Nimo no se dio por vencido, superó el contratiempo y se convirtió en automovilista. Su ejemplo le permitió a Belén entender que no todo estaba perdido.

“Jamás le tuve miedo a los autos, no soy una persona que tenga miedo o que piense en los miedos. Pensar o tener miedo hace que después no intentemos hacer las cosas que queremos. Lamentablemente en la Argentina no existen autoescuelas de manejo que tengan aunque sea un auto adaptado para aprender a manejar. Como en muchos otros aspectos de mi vida, me las tuve que ingeniar. Aprendí a los 18 años. Tuve que comprar un auto, adaptarlo y aprender a manejar con un profesor particular que enseña a personas con discapacidad”.

Le llevó más de medio año lograr su objetivo pero finalmente, una vez más, lo logró. Pudo convertirse en la primera mujer piloto con discapacidad de América latina con todas las habilitaciones correspondientes para poder competir. Para ello tuvo que adaptar un auto. “Es igual a cualquier vehículo. Simplemente que va a tener la adaptación al volante para que yo pueda manejar, pero sin deshabilitar la función de los pedales. Es decir que, a pesar de estar adaptado para mí, una persona sin discapacidad va a poder manejarlo como cualquier vehículo convencional. La categoría es zonal, se llama Monomarca Fiat, y es una de las categorías zonales más grandes a nivel del parque automotor”.
Mientras, Belén continúa en el camino que la lleva a cumplir sueños. Cumple a diario a rajatabla con un entrenamiento mental, de reflejos y físico, estudia periodismo deportivo (le quedan solo 10 materias para recibirse) y también trabaja. Planea competir en los Juegos Paralímpicos de París 2024. Para poder participar el próximo año en la categoría zonal Fiat, precisa una butaca homologada que le permita adaptar el auto a su condición para poder manejarlo. Además, comparte que necesitan “de todos los sponsors que se quieran sumar”.









