Con sus aires de coupé, es un SUV con una estética muy atractiva y sport, alta calidad de materiales y terminaciones, amplio equipamiento de confort y seguridad, excelente comportamiento dinámico y una mecánica híbrida de gran eficiencia
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Toyota fue –junto con Volkswagen– la marca que más demoró en desembarcar en el segmento de los SUV chicos ("B"), que es actualmente el más "caliente" del mercado global. Es donde compiten desde el Ford EcoSport hasta el Jeep Renegade, pasando por el Honda HR-V y más de 30 productos a nivel global. Inicialmente se suponía que el C-HR –presentado mundialmente en marzo de 2016– iba a cumplir ese rol, pero con el tiempo nos dimos cuenta que no. El posicionamiento del C-HR va bastante más arriba, tanto por tamaño, como por precio y aspiraciones de deportividad.
Tal es así, que hasta su nombre hace alusión a eso: C-HR es la sigla de "Coupe-High Riding", algo así como "coupé de manejo elevado". No vamos a entrar aquí en disquisiciones acerca de qué es y qué no es una coupé, pero lo cierto es que el C-HR hace gala de una silueta bastante acupesada, por la caída rápida del techo hacia la parte trasera y porque las dos puertas de atrás están lo suficientemente bien disimuladas como para que a primera vista el auto se perciba como un dos puertas. Esas proporciones tan llamativas, junto con un estilo muy expresivo –con muchas líneas y superficies torsionadas–, le dan al C-HR su principal carta de presentación, que es el diseño. Este tema siempre es una cuestión de gustos personales, pero la propuesta de Toyota para este producto es definitivamente un "tómalo o déjalo", muy alejado del estilo neutro tipo "que no le disguste a nadie" que supo ser la filosofía de la marca hasta hace unos años.
El C-HR está basado en la misma plataforma TNGA del nuevo Corolla, y eso se nota por dentro. En la zona delantera brilla por su confort y amplitud, sobre todo en el ancho y el sitio para las piernas. Atrás es otra cosa: el espacio para piernas y cabeza es más que decente, pero la sensación general es bastante claustrofóbica, porque la línea base de la ventanilla se eleva mucho y el parante C queda por delante de los ojos. En este aspecto sí se comporta como una coupé, ya que sacrifica funcionalidad (visibilidad) en la parte trasera en favor de una apariencia exterior más atlética y deportiva. En el interior también es notable el salto de calidad con respecto al resto de la gama de medianos y chicos que la marca vende en la Argentina. Todo el interior –incluso los plásticos duros– transmite una sensación muy agradable al tacto y se nota un ensamblaje impecable. Y hasta se permite ciertos "lujos" como un excelente revestimiento de cuero en los asientos y el volante.
También hay una enorme mejora respecto de lo que Toyota nos tiene acostumbrados en materia de conectividad y entretenimiento a bordo. Al fin hay una pantalla que luce moderna, está bien integrada al diseño del tablero, tiene una interfaz amigable y viene con (casi) todas las funcionalidades que se esperan de un auto modelo 2020. Solo faltaría un GPS nativo para cuando no podemos valernos de la conexión al celular vía Apple CarPlay o Android Auto. El resto del equipamiento de confort es el esperable: climatización bizona, cámara trasera, regulaciones eléctricas en el asiento del conductor (no así en el del acompañante).
La seguridad no está para nada descuidada (7 airbags y todo el pack de siglas de rigor –ABS, ESP, TRC, EBD– y además de todo eso puede hacer alarde de haber obtenido 5 estrellas en el exigente test de EuroNCAP), pero se extraña el excelente sistema Toyota Safety Sense de asistencia a la conducción, que sí traen el RAV4 y las versiones top del Corolla.

Las aspiraciones "sport" de la C-HR quedan más bien restringidas a su apariencia, porque la única versión híbrida que llega a la Argentina tiene un comportamiento mucho más orientado al confort y la economía (3,4 L/100 km en ciudad) que a la performance. Sus 122 CV combinados entre el motor convencional (1.8 L, ciclo Atkinson) y el eléctrico son bastante escasos para traccionar los casi 1500 kg con el vigor que se espera de un auto que alardea de ser una coupé. Los números de 0 a 100 y la velocidad máxima son elocuentes: largos 11 segundos y módicos 170 km/h, respectivamente. La caja CVT de variación continua tampoco ayuda a generar emoción en el manejo, más bien lo contrario. La buena noticia es que compensa la pereza del conjunto motor-caja con un manejo muy meritorio. La plataforma TNGA representa un enorme avance para Toyota en términos de cualidades dinámicas. Aún siendo relativamente alto, el C-HR dobla como un campeón, con mucha obediencia a la trayectoria marcada por el volante y muy poco rolido. Aquí resulta de gran ayuda el conjunto de suspensiones –McPherson adelante y doble horquilla con una barra estabilizadora atrás–, que junto con unos frenos más que adecuados generan mucha seguridad en todas las curvas.
Volviendo al posicionamiento del producto en el mercado argentino, queda claro que el C-HR es un producto de nicho, que por su precio (US$44.100) y apariencia apunta más al consumo "capricho" que a uno "racional" (más allá de la conveniencia de la propulsión híbrida). Tal vez faltaría una versión más potente para completar la promesa de deportividad que plantea desde su diseño, pero los que quieran llamar la atención con un auto "distinto" van a estar más que satisfechos.
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