Aseguran que existe una segunda Esfinge en Egipto oculta bajo la meseta de Guiza
Un equipo de investigadores italianos sostiene haber hallado evidencias de una estructura colosal mediante tecnología de radar; la comunidad científica egipcia desestima los hallazgos por carecer de validación académica
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Un grupo de investigadores italianos generó una fuerte controversia en el ámbito de la egiptología tras anunciar el posible hallazgo de una segunda Esfinge enterrada en la meseta de Guiza. Según los responsables del estudio, Filippo Biondi, Corrado Malanga y Armando Mei, el monumento se encontraría oculto bajo un montículo de arena solidificada, cuya ubicación fue identificada mediante el procesamiento de señales de radar y tecnología de satélite capaz de detectar variaciones en la densidad del terreno.
Filippo Biondi, ingeniero especializado en radares, explicó en el podcast Matt Beall Limitless que su equipo alcanzó un nivel de confianza del 80% respecto a la existencia de esta estructura. “Estamos muy seguros al anunciar esto; detectamos simetrías precisas y una correlación del 100% con la arquitectura de la Esfinge original”, declaró. De acuerdo con el investigador, los análisis revelan la presencia de ejes verticales y pasajes horizontales, componentes que, según sostiene, replican el diseño de los complejos subterráneos ya conocidos en la zona. El experto añadió que, bajo la meseta, existe una “megastructura subterránea” de dimensiones considerables que aún no fue explorada formalmente.

La hipótesis de los investigadores italianos se apoya parcialmente en la interpretación de la Estela del Sueño, una pieza de granito situada entre las patas de la Gran Esfinge de Guiza. Este objeto, erigido por el faraón Tutmosis IV alrededor del año 1401 antes de Cristo, presenta inscripciones que, según el equipo, podrían representar dos figuras de esfinges, lo que sugeriría que los antiguos egipcios siempre concibieron la existencia de un conjunto dual de guardianes. “Las tallas que muestran dos esfinges podrían no ser simbólicas, sino una pista sobre la disposición real de los monumentos”, afirmó el especialista.
Sin embargo, la comunidad científica internacional reaccionó con un contundente escepticismo y rechazo frontal. El doctor Zahi Hawass, exministro de Antigüedades de Egipto y una de las figuras más respetadas en la disciplina, descalificó las afirmaciones. En declaraciones al periódico The National, calificó el proyecto como “completamente erróneo” y aseguró que el método utilizado para la recolección de datos “no cuenta con aprobación ni validación científica”. El especialista recordó que las exhaustivas excavaciones realizadas en la meseta durante décadas solo permitieron encontrar pequeños vacíos, sin evidencia alguna de estructuras monumentales adicionales.

Las críticas también llegaron desde el campo de la física, ya que el año pasado, cuando el equipo expuso por primera vez su teoría sobre una presunta “ciudad subterránea”, la física teórica Sabine Hossenfelder cuestionó severamente la metodología y calificó los hallazgos como infundados. Hossenfelder argumentó que los investigadores seleccionan arbitrariamente ciertos patrones en las imágenes tomográficas mientras descartan otros que no encajan en su modelo.
A pesar de estos cuestionamientos, Biondi mantiene que es fundamental realizar trabajos in situ y que ya prepararon propuestas formales ante las autoridades egipcias para estudiar las entradas identificadas en sus escaneos, con el objetivo de demostrar que el montículo bajo el cual se encontraría la esfinge no es roca natural.
Un nuevo estudio cambia todo lo que se creía sobre las pirámides de Guiza
El investigador Antonio Ambrosio planteó que una civilización avanzada, anterior al Egipto dinástico, construyó los monumentos basándose en anomalías técnicas y astronómicas. Ambrosio publicó recientemente un estudio titulado The Pyramids of Giza: Legacy of an Unknown Civilization, en el cual sostiene que la Gran Pirámide y sus estructuras adyacentes no fueron obra de los faraones de la Dinastía IV, sino de una cultura desaparecida hace 12 milenios.

El trabajo, difundido a través de la plataforma Academia.edu y aún pendiente de revisión por pares, desafía la cronología oficial de la egiptología al proponer que los monumentos de Guiza son el legado de una tecnología superior que los egipcios posteriores intentaron emular sin éxito.
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