Coronavirus en la Argentina: desarrollan una nueva versión del Neokit

Científicos del Conicet, que trabajan en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, impulsaron el desarrollo
Científicos del Conicet, que trabajan en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, impulsaron el desarrollo Crédito: Exactas UBA
Nora Bär
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29 de septiembre de 2020  • 20:29

Científicos de l Conicet con lugar de trabajo en Facultad de Ciencias Exactas de la UBA realizaron dos avances cruciales que permiten hacer del Neokit, desarrollado por el Instituto Milstein y el Laboratorio Cassará, una prueba en condiciones de competir con los tests rápidos que el Ministerio de Salud de la Nación estudia comprar a proveedores internacionales y que ya se están usando en algunas jurisdicciones.

"Es tan rápido como los otros, pero mucho más sensible porque sigue teniendo amplificación genómica", destaca Jorge Cassará sobre este nuevo avance local.

Los "tests rápidos" que se presentaron recientemente utilizan una muestra obtenida por hisopado nasofaríngeo, pero en lugar de detectar el genoma del coronavirus, delatan la presencia de un antígeno, una de las proteínas del virus (que no puede amplificarse). El resultado (positivo o negativo) se lee a los pocos minutos en una tirita reactiva, como las que los diabéticos usan para medir su nivel de glucosa en sangre.

Tienen la virtud de su velocidad y sencillez, ya que no requieren reactivos ni personal tan especializado, pero son menos sensibles, por lo que una proporción arroja falsos negativos, por lo que no reemplazan a las PCR en uso, sino que se recomiendan para hacer vigilancia epidemiológica. Por otro lado, debe haber una gran cantidad de virus en la muestra para que el test pueda detectar una proteína de su membrana, es decir que tienen una ventana de efectividad más reducida.

La primera versión del Neokit se creó para reemplazar la PCR convencional, porque no había suficientes termocicladores en el país, y ya se está exportando. Pero seguía exigiendo la purificación del ARN viral, un proceso manual muy tedioso, que empezó a generar un cuello de botella. Por eso, uno de los logros fue desarrollar y probar una estrategia que permite realizar la prueba inactivando las muestras clínicas (hisopados o saliva) inmediatamente luego de su toma. Gracias a esto, el diagnóstico puede realizarse en laboratorios con niveles de bioseguridad menores a tres.

"Esto permite que sea mucho más simple de descentralizar y acelera el proceso", subraya Cassará.

"La inactivación de la muestra contempla cualquier patógeno que esté presente en la misma y que sea una fuente de infección para quienes manipulan el material. De hecho, puede ser fácilmente realizada por quien toma el hisopado, ya que sólo requiere poner el hisopo en una solución y el tubo de muestra en agua hirviendo por ocho minutos o en un baño térmico a esa temperatura", describe Ezequiel Petrillo, coordinador del desarrollo en el equipo del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (Ifibyne) liderado por Alberto Kornblihtt. El método de inactivación y preparación de la muestra se hizo en paralelo con Fabian Rudolf, del Escuela Politécnica de Zurich, en Suiza.

Valor agregado

El segundo valor agregado es un dispositivo que permite no solo obtener el resultado en minutos, sino también medir la carga viral. "Nos propusimos hacer un equipo muy económico que transforma este test en una PCR que da carga viral, y al mismo tiempo hace innecesario depender del ojo humano (ya que el cambio de violeta a azul determina si la prueba para el SARS-CoV-2 es positiva) -cuenta Roberto Etchenique, químico analítico de la Facultad de Ciencias Exactas e investigador del Conicet-. Uno obtiene el resultado en tiempo real y puede decir cuántos virus tiene cada individuo. Los que son positivos se advierten rápidamente. Además, no es necesario hacer todos los tests al mismo tiempo, como en las PCR convencionales, sino que el resultado se puede obtener de a uno, como con los kits rápidos, pero con las ventajas de la amplificacion génica. Como es portátil, sería útil, por ejemplo, para establecer un cordón sanitario cuando aumente el tránsito hacia los partidos de la costa. Nosotros ya estamos usando el prototipo, pero la idea sería producirlo en cantidad, algo que puede hacerse en un par de semanas".

Este instrumento también podría aprovecharse en lugares distantes de los laboratorios. Pero aventaja a las pruebas rápidas en que posee mayor sensibilidad (entre el 95 y el 98%, lo que evita falsos negativos) y puede emplearse con muestras de saliva.

"Los nuevos desarrollos permiten utilizar el Neokit como una PCR convencional para estimar carga viral, aumenta la sensibilidad y deja ver el resultado en tiempo real, sin necesidad de esperar la 'corrida' completa de todas las muestras. Permite hacer un 'Point of care' donde se toma cada muestra y se la introduce para su medida inmediata", destaca Etchenique.

Y subraya Petrillo: "Hay que aclarar que el método que desarrollamos se puede utilizar en cualquier tipo de detección. También sirve para la PCR convencional y lo están validando para el ELA-Chemstrip, el otro test diagnóstico desarrollado en el país. La preparación de la muestra hoy lleva una hora y media con robot, durante la cual se procesan 48 o 96 tomas dependiendo del equipo. Si se hace manualmente, lleva bastante más tiempo. Con esta tecnología, son 15 minutos totales: se mezcla la muestra con una solución, se esperan ocho minutos para inactivar cualquier posible patógeno, se mezcla con otra solución y en cinco a siete minutos más ya está lista para analizar".

El precio de los tests rápidos extranjeros ronda los cinco dólares, a los que hay que agregarles despacho, importación, flete, IVA. El Neokit se comercializa en alrededor de siete dólares. Hay 500.000 pruebas en stock y capacidad para hacer un millón por mes.

Por: Nora Bär

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