Coronavirus en la Argentina. Estudian efluentes cloacales para prevenir brotes

Las pruebas realizadas en Villa Azul, cuando se registraba el brote que tanto preocupó por la cantidad de personas infectadas, se encontró más cantidad de material genético que en otros casos
Las pruebas realizadas en Villa Azul, cuando se registraba el brote que tanto preocupó por la cantidad de personas infectadas, se encontró más cantidad de material genético que en otros casos Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
Nora Bär
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27 de julio de 2020  • 12:30

Muy pronto, a medida que el coronavirus se extendía por todo el globo, surgieron las voces que hicieron notar que esta pandemia no es una maldición inexplicable, sino en gran parte resultado de las relaciones problemáticas que la humanidad establece con el ambiente en el que se desarrolla. Para integrar este factor al control y monitoreo de los brotes, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación convocó a generar, a través de la "Unidad Coronavirus", un sistema de vigilancia epidemiológica a partir del análisis de aguas residuales que permita identificar zonas donde el virus puede estar circulando silenciosamente y de ese modo disparar intervenciones sanitarias preventivas.

"No es la primera vez que en una epidemia se definen sistemas de vigilancia epidemiológica a través del ambiente -explica Carolina Vera, viceministra de Ciencia-. La ventaja de esta metodología, ante las limitaciones que imponen los testeos masivos, es la anticipación, porque nos permite verificar si el virus está circulando cuando todavía no hay casos declarados o muy pocos".

En este sistema ya trabajan tres grupos de investigación del conurbano y ocho en total que aplican este método desde Salta hasta Mendoza, Córdoba y Mar del Plata, cada uno definiendo un protocolo de actuación. "Además de un año de financiación, también ofrecemos el marco para discutir los aspectos metodológicos que tienen que ver con el muestreo y análisis, algo que no es trivial -destaca Vera-. En particular, en el Gran Buenos Aires, estamos trabajando en conjunto con el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) y la Autoridad del Agua (ADA), y equipos de investigación de la Universidad Nacional de Quilmes, el Instituto de Genética y Biología Molecular (Ingebi) y el Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida (Inbirs), y la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA".

OPDS y ADA van al territorio y hacen los muestreos: colectan las aguas residuales en puntos acordados con el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires para dar el toque de alerta. Lo que se obtiene es material genético, con lo cual se puede constatar si el virus está circulando o no. Aunque el método se está implementando en ciudades europeas, donde existen plantas de tratamiento de afluentes y toda el agua está canalizada, en este caso cabe destacar que el resultado depende en gran parte de la toma de muestras. "En Europa a veces lo hacen a lo largo de 24 horas -explica Vera-. Acá, en muchos lugares no hay cloacas, hay que estar obteniéndolas en ríos, son muy limitadas o hay filtración de agua. La complejidad es muy importante".

"Es un trabajo en conjunto que empezamos desde la OPDS junto con el Organismo de desarrollo territorial e integración urbana (Opisu), que trabaja en barrios populares y tenía un conocimiento acabado de los sistemas cloacales precarios de que disponen -agrega el químico analítico Juan Brardinelli, de la OPDS-. Así, estuvimos trabajando con en el laboratorio de virus emergentes de la Unqui, donde Gabriel Iglesias y Juan Manuel Carballeda ya tenían experiencia en el análisis de líquidos cloacales, y pusieron a punto una técnica para detectar el SARS-CoV-2".

Dentro de los 64 proyectos seleccionados para buscar soluciones contra Covid-19 figura el que encabeza Viviana Mbayed, profesora asociada de la Cátedra de Virología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica (FFyB) de la UBA. Según informó la Agencia CyTA-Fundación Leloir, Mbayed, investigadora del Conicet, ya tiene experiencia en esta metodología. El año pasado publicó en el Journal of Virological Methods el desarrollo de una técnica capaz de detectar no solo la presencia de virus, sino también de rastrear su fuente, es decir establecer una asociación con la especie animal que los excreta (humanos, bovinos o aves).

La herramienta está siendo desarrollada por Mbayed junto a María Dolores Blanco Fernández, Carolina Torres, Melina Barrios y Sofía Díaz, de la misma cátedra y facultad. Y constituirá un método de vigilancia no invasiva para describir la dinámica de la carga del virus excretado en materia fecal por la población general infectada, tanto individuos sintomáticos como asintomáticos, lo que también podría usarse para medir la efectividad de intervenciones epidemiológicas como la cuarentena y el distanciamiento social. Otro objetivo del trabajo será la descripción de la diversidad viral de las cepas en circulación. La detección del SARS-CoV-2 en aguas cloacales también tiene la ventaja de no requerir muestras individuales de personas, sino que cada una representa a muchos individuos potencialmente infectados.

Iniciativa similar

También AySA desarrolló una iniciativa similar y su director de Técnica y Desarrollo Tecnológico, Alejandro Barrio, indicó que está colaborando con el Instituto Malbrán y hoy el ciento por ciento de la red de la compañía está monitoreada.

El material genético del coronavirus que circula por los efluentes cloacales no es infectivo. No se buscan partículas virales sino material genético, que también puede provenir de células humanas infectadas, por lo que es muy difícil hacer una estimación de la cantidad de personas infectadas, pero sí se pueden advertir diferencias entre una semana y la otra. "Hay algunos estudios en diferentes lugares, para mí el más serio es el de Alemania, y también se hicieron en España y Estados Unidos, aunque esos sistemas cloacales tienen una diferencia abismal con los de la Provincia de Buenos Aires".

Las pruebas realizadas en Villa Azul, cuando se registraba el brote que tanto preocupó por la cantidad de personas infectadas, sí se encontró más cantidad de material genético que en otros casos.

"Aisladas, estas mediciones no son suficientes, pero sí son un dato más para la vigilancia epidemiológica -dice Brardinelli-. Si en un barrio no hay casos registrados y nosotros vemos presencia de partículas virales con varios días de diferencia, eso podría disparar una política pública, por ejemplo un operativo Detectar. Es un indicio útil, una alarma, pero hay que acompañarlo de otras medidas territoriales".

Según la Agencia CyTA-Fundación Leloir, el enfoque ya mostró su utilidad en otros países. Un estudio de la Universidad de Yale incluso vinculó la evolución de las concentraciones del material genético del nuevo coronavirus que se miden en los desechos cloacales con la curva de casos de los días posteriores.

Para avalar la utilidad de esta metodología, Vera agrega que no hace mucho se publicó en Italia que estuvieron analizando muestras de agua que tenían guardadas y vieron que en las de diciembre ya había presencia del virus en efluentes de ciudades italianas. "Nuestra estrategia es ir instalando lentamente en los territorios esta metodología y afinar la logística. Aunque la pandemia se controle, puede ser un método de vigilancia para saber si uno tiene un rebrote -concluye-. La idea es ir entrenando a otros grupos de investigación. Lo bueno es que el sistema científico tiene laboratorios en todo el país con las exigencias que un trabajo de este tipo requiere, ya que tienen que ser de bioseguridad 2".

Por: Nora Bär
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