
Las proteínas, eje de investigación
Presentaron un plan estratégico para desarrollar en el país la biología estructural
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Desde un punto de vista científico, un organismo es una fábrica de productos químicos. Respira oxígeno, bebe agua, ingiere alimentos y transforma todo eso en las materias que hacen posible la vida.
Ya hace algunas décadas, los bioquímicos saben bien que las vedettes de ese espectáculo biológico son las proteínas, grandes moléculas cuyo nombre proviene de un vocablo griego que significa de importancia primordial .
Las proteínas protagonizan la mayoría de las decenas de miles de tareas que se requieren para mantener el cuerpo con vida: son su armazón estructural y aceleran una miríada de reacciones químicas que deben producirse en el más suave de los ambientes, sin altas temperaturas, reactivos químicos enérgicos o presiones elevadas, y que deben ser ajustadas constantemente a las variables características del medio ambiente y a las distintas necesidades momentáneas del organismo.
Pero, además, intervienen en una serie casi infinita de áreas, por lo que permiten desarrollar productos de consumo (como los detergentes con enzimas ), procesos industriales (como los jeans lavados ), cosméticos, fármacos...
Un tema vital
Hasta ahora, la Argentina está muy lejos del fragor del frente de batalla en la investigación de este tema, pero si el proyecto que está desarrollando el bioquímico de la Fundación Campomar Gonzalo de Prat Gay prospera, en los próximos años el país podría comenzar a impulsar la investigación en una de las áreas candentes del momento: la biología estructural , es decir, el estudio de la estructura íntima de las proteínas.
"Cuando se descubrió la estructura del ADN y, con ella, los principios de la vida, quedó en claro que, para estudiarlos a fondo, todos los problemas biológicos pueden ser reducidos en última instancia a problemas químicos, y que todas las funciones biológicas están mediadas por proteínas -explica el doctor Prat Gay-. Más tarde se hizo evidente que las propiedades de cada proteína dependen de cómo exactamente, en qué orden, se encuentran dispuestos los aminoácidos en la cadena molecular. Eso es lo que se estudia."
Para hacerse una idea de la envergadura de la tarea basta con pensar que mientras una molécula de agua tiene apenas tres átomos (dos hidrógenos y un oxígeno), una proteína puede llegar a tener decenas de miles. El número de combinaciones posibles da vértigo: es superior a la cantidad de estrellas del universo y a todas las células del cuerpo humano. Y, sin embargo, cada átomo adopta una y sólo una posición.
"La modificación de un solo aminoácido de los que conforman la proteína puede producir una variación letal", afirma Prat Gay. Y luego explica: "Los amiloides (que producen patologías como el "mal de la vaca loca" o el de Alzheimer) son proteínas que en determinada circunstancia toman una conformación diferente y hacen que las células se mueran. Conociendo la estructura de las proteínas, uno puede investigar el mecanismo patológico e intervenir en el proceso. Se puede modificar la proteína, pero debe hacerse racionalmente".
El tema es vital, pero a pesar de su importancia en el ámbito local hay pocos laboratorios que se dediquen al tema, y limitadísimos en cuanto a equipamiento y tecnología. Prat Gay, sin embargo, está convencido de que es fundamental insertar al país en el escenario mundial de la investigación en este campo y, respondiendo a un llamado de la anterior administración de la Agencia de Promoción Científica y Tecnológica para presentar proyectos estratégicos que permitan la transformación científica del país, elevó su propuesta.
"Resultó elegida, junto a otras siete, entre 50 iniciativas. Recibimos un subsidio para desarrollarla en forma completa y está pendiente su aprobación", cuenta el investigador.
El plan incluye la participación de alrededor de 80 científicos en 10 grupos de investigación, la adquisición de equipamiento que en este momento no existe en el país, la repatriación de seis destacados científicos argentinos que viven en el exterior y hasta la incorporación de investigadores extranjeros para las áreas que aquí no cuenten con representantes. El presupuesto con que contaría el emprendimiento es de dos millones de dólares anuales, por un período de entre cinco y siete años.
"Se trata de un esfuerzo gigantesco, desde el punto de vista económico y humano -afirma el científico-. Porque... una cosa es identificar todos los genes y todas las proteínas, pero otra mucho más compleja aún es saber qué hacen, qué interacciones mantienen, cómo juega eso dentro de una célula. La Argentina puede, aprovechando sus recursos humanos, su desarrollo en biología, bioquímica, fisiología, estudiar los problemas estructurales para luego establecer una interacción con la industria con una mentalidad genuinamente innovadora. Aunque no obtendremos productos, sí tecnología y recursos humanos aplicables a los más variadas aplicaciones. Tenemos que reparar un atraso de décadas."






