1939-2026: José María Cantilo, una figura de la diplomacia y animador infatigable de la cultura
El embajador de carrera y presidente de la Comisión de Cultura del Jockey Club falleció a los 86 años
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Con la muerte del doctor José María Cantilo se extingue la vida de un animador permanente de la cultura y promotor de la transmisión de valores arraigados en la sociedad. Abogado, periodista y diplomático de reconocida y extensa actuación, fue un difusor de las más altas expresiones artísticas, especialmente el mundo de la ópera.
Era nieto de José María Cantilo (1877-1953), ministro de Relaciones Exteriores en la presidencia de Roberto M. Ortiz, entre febrero de 1938 y septiembre de 1940. En esa función desempeñó un papel fundamental en la mediación que cumplió la Argentina para arribar a la firma del Tratado de Paz del Chaco, que puso fin al conflicto entre Paraguay y Bolivia. El canciller Cantilo presidió la Conferencia de Lima, en la que se hicieron esfuerzos para alcanzar la unidad americana. Ante la renuncia del presidente Ortiz por su enfermedad, el ministro Cantilo dejó la Cancillería y fue reemplazado por Julio Roca (h.), quien puso como condición mantener los lineamientos internacionales de su predecesor. “No era eso lo que pretendía Castillo, quien a los pocos meses lo sustituyó por Enrique Ruiz Guiñazú”, cuenta su nieto José María Cantilo en la semblanza publicada en 1999 para la serie Los diplomáticos, impresa por el Jockey Club y el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI).

Cantilo, nieto del canciller, fue en su juventud redactor de LA NACION, donde mostró sus inquietudes por la actividad cultural en el suplemento de huecograbado, un sistema de impresión de alta calidad gráfica que el diario publicaba desde la década del 30. Este suplemento, dirigido a fines de los años 50 por el recordado periodista Augusto Mario Delfino, fue en los hechos un antecedente de la revista dominical. La fotografía se consolidaba como una pieza clave de la información y la imagen era noticia.
Cantilo se graduó de abogado en la Universidad de Buenos Aires. En 1966 ingresó en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación y desarrolló una importante carrera diplomática. Fue embajador en Kenia, Senegal y Argelia, entre otros países, y se destacó también en la Argentina como secretario ejecutivo del Consejo Superior de Embajadores. En sus misiones en el exterior se prodigaba por recibir y acompañar a los argentinos que viajaban para su desarrollo profesional y sus apetencias culturales. Fue cónsul en Venecia a fines de los años 70, donde conoció al patriarca de esa ciudad italiana, el cardenal Albino Luciani, en momentos en que la Argentina se enfrentaba con Chile por el Canal de Beagle. Cantilo mantuvo una cordial relación con Luciani, quien en agosto de 1978 se convirtió en Papa y adoptó el nombre de Juan Pablo I. Durante su breve pontificado llegaron al Vaticano los primeros pedidos para una mediación papal que pusiera fin al conflicto.
De sólida formación, una vasta cultura y amante de las más altas expresiones de la música, Cantilo presidió la Comisión de Cultura del Jockey Club, donde desplegó una agenda de notable interés. Viajó por países de América Latina, Europa y África, tanto para sus destinos diplomáticos como por su vocación por la cultura, fue miembro de la sociedad Amici de la Fenice, en Venecia, y dictó conferencias magistrales sobre María Callas, Enrico Caruso y Beniamino Gigli, próceres del mundo de la lírica. Condujo durante varios años en Radio Cultura el programa Tiempo de ópera, un espacio semanal en el que ofrecía un panorama actualizado del movimiento lírico en la Argentina y en el mundo, con informaciones, reportajes, críticas musicales y la emisión de registros actuales e históricos. Las emisiones se caracterizaban por una activa participación de los oyentes. Dejó testimonio de sus investigaciones y la pasión compartida entre el mundo de la diplomacia y la música clásica en sus libros Canciller Cantilo, la diplomacia argentina al servicio de la República, publicado 2005, y Tiempo de ópera, publicado por Prosa Editores en 2014. También publicó en los últimos años El bel canto en la Argentina, un recorrido por el desarrollo de la música clásica en el país desde los tiempos coloniales, con prólogo del crítico musical Carlos Ure. Cantilo integró la Asociación de Críticos Musicales de la Argentina, una asociación civil sin fines de lucro creada en 1988 para Contribuir a la elevación del nivel artístico de la actividad musical y defender los principios de libre expresión, entre otros objetivos.
Hijo de Enrique Francisco Cantilo y María Isabel Marcó del Pont, había nacido el 18 de junio de 1939 y pertenecía a una familia de diez hermanos, entre ellos los músicos Miguel y María José Cantilo. Formó un cálido hogar con su esposa, María Angélica Frías Bunge. Sus restos fueron sepultados en el cementerio de la Recoleta.
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