En cinco años, el museo Atchugarry cambió el pulso de una playa fashion
De la muestra de Christo y la cumbre Kuitca-Le Parc a la actual exposición de Lucio Fontana, el MACA se consolidó como un centro cultural inclusivo: es, a la vez, punto de encuentro, sede de festivales y sala de espectáculos
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MANANTIALES, Uruguay.– ¿Cómo imaginar y proyectar un museo en el corazón de la playa más cool del Cono Sur? Ya pensarlo suena a imposible. Pero no. El Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA) cumple cinco años con la mejor agenda de arte de la región, récord de espectáculos y, siempre, desde el debut, con una muestra de carácter internacional que este año difunde y reinterpreta a Lucio Fontana, el italiano nacido en Rosario que abrió la tela y las mentes hasta el infinito.
Con impecable montaje, el curador Massimo Barbero, especialista en Fontana, traza un recorrido por su trayectoria en 72 obras que culminan en el gran salto del Concetto Spaziale. Atessa (Concepto Espacial. Espera), un corte, literal, en la historia del arte, que lo consagra como un artista necesario para interpretar lo que vendría después. Con ese gesto audaz, el artista que se inició en la figuración libera la pintura del corsé espacial, crea una tercera dimensión en la que el espectador es coautor.
Traer a Fontana era también el sueño de Pablo Atchugarry, antes de imaginar el museo que celebra su quinto aniversario. La Fundación, en las lomadas de Manantiales, donde está su taller, tenía quince años cuando en una servilleta y frente a un plato de ostras rubias, en París, el escultor dibujó con el arquitecto Carlos Ott los primeros trazos del futuro museo.
Bañado de polvo de mármol y con la misma sonrisa de siempre recuerda ese momento: “Sentí que estaba en el umbral de la obra más importante de mi vida, Carlos Ott, el arquitecto de la Ópera de la Bastilla, es uruguayo también y entendió hacia donde volaba mi deseo. Fue un trabajo contra reloj y en medio de la pandemia concentramos los esfuerzos para llegar a la meta: inaugurar en 2021 y abrir la temporada en enero de 2022 con la obra de Christo y Jean Claude. Otro milagro”.
Christo (1935-2020), con su mujer Jeannne Claude, fueron originales protagonistas del land art, famosos por sus instalaciones de envoltorios en tela. En 1995 envolvieron el Reichstag de Berlín y lograron notoriedad mediática con su The Gates, 7503 marcos metálicos en el Central Park de Nueva York. La muestra de MACA llegó un mes después del homenaje que le rindió París, al envolver, según un proyecto póstumo de Christo, el Arco del Triunfo.
Esa primera inauguración del MACA fue gloriosa. En primera primera fila, tres presidentes uruguayos -Lacalle Pou, Sanguinetti y Pepe Mujica- celebraron esa apertura política oriental que supera largamente la idea de la grieta con la alternancia. Fueron más de 50 obras, incluyendo collages, fotografías y planos, gracias a la oportuna gestión del coleccionista Jorge Helft, quien logró hacer realidad la primera exposición de la pareja en Sudamérica.
¿Qué significan estos cinco años del museo para Pablo Atchugarry? “En el origen era una idea, pero hay que tener ideas y luego producirlas. Las expectativas no eran tan grandes como el resultado práctico que ha dado. De esos encuentros con Carlos Ott nació el museo, luego se agregó el teatro, el cine, el anfiteatro, el paisajismo, se sumaron más esculturas para el parque. Todo esto va produciendo una agenda abierta al teatro, danza, cine, espectáculo”.
El escenario es magnífico, y compite con la agenda playera, más afín a las fiestas, el dolce far niente y la inevitable promoción de personajes, productos, marcas y desarrollos inmobiliarios que no paran de crecer. Es curioso, pero el MACA ha cumplido cinco años con un estilo distinto. En lugar de exclusivo… es inclusivo.
“El Museo es la obra más completa que yo he realizado, han intervenido artistas, arquitectos, paisajistas, la gente de San Carlos, Canelones, Rocha, Maldonado, creo que ha sido también el público el motor del sueño. Se van acercando personas en silencio, en anonimato, que están apoyando la institución. La muestra de Fontana, que viene de Italia, Suiza y Francia, con un enorme costo de seguros, fue posible gracias a un grupo de amigos argentinos que han colaborado calladamente. Se entusiasman con las iniciativas del MACA, lo cual me anima a pensar en futuras exposiciones”, revela Atchugarry.
Después de los tres meses de temporada alta con público internacional (creciente) viene el año escolar, cuando reciben a miles de estudiantes del interior con un programa de estímulo para descubrir el arte, de la mano de un equipo didáctico. En la agenda están los festivales de cine ARCA, de teatro, de literatura y de danza.
El próximo 7 de febrero habrá una gala de ballet con entrada libre y gratuita. “MACA es la casa de todos, cuando uno llega a su propia casa no tiene que pagar entrada, la idea es que sea inclusivo un motor que genere círculos concéntricos”.
¿Los mejores recuerdos? “Compartir con maestros como Le Parc y Kuitca este espacio, este paisaje que enamora, y organizar una gala servida nada menos que por Mauro Colagreco. Recibir la obra del maestro Torres García; visitar a Iommi y a Kosice en sus talleres, incorporar sus obras al parque, junto a obras de Leandro Erlich, Alicia Penalba y Arman, entre otros”.
Créase o no, ha sido el propio Atchugarry el financista de esta obra inmensa, dicho con sus palabras, “con los ahorros de una vida”. Escultor de reconocida trayectoria, artista cotizado con presencia en subastas, en ferias, en las galerías italianas Tornabuoni y Contini, sigue en plena producción. El domador de mármoles con doce horas de trabajo diario, inaugurará el próximo 18 de mayo una gran muestra en la Galería Nacional de Arte Moderno de Roma; serán 50 obras y tendrá carácter retrospectivo.
Como Fontana, Atchugarry es un hombre de dos mundos. Vive entre Italia y Uruguay, produce en el taller de Lecco obras monumentales y en el de Manantiales, rodeado de amigos y admiradores. Cuenta con un equipo de especialistas para las actividades del museo y con la colaboración de su mano derecha, la directora ejecutiva Silvana Leme Atchugarry y el director artístico Leonardo Noguéz.
Noguéz define así el perfil de su acción: “Tiene algo especial trabajar en un territorio históricamente vinculado al ocio, al paisaje y a lo efímero, e introducir allí una propuesta que invita a una experiencia distinta. En este cruce de cultura y territorio turístico, el desafío –y también la oportunidad– ha sido construir un espacio que sea al mismo tiempo un lugar de referencia para el público local y un destino significativo para el público internacional, cada año más amplio.”
Recorriendo la próxima muestra, Tres caminos, un horizonte, de Julian Lennon, Pablo Atchugarry y Eva Claessens, fotografía, pintura y escultura en un diálogo estimulante, que inaugura el 7, se confirma la agenda ecléctica. El trazo furtivo de Eva Claessens en el dibujo abocetado de la tinta sobre papel es realmente conmovedor.
El escultor está contento. La que pasó fue una semana intensa: de una entrevista pública sobre Fontana, con una audiencia interesada y preguntas inteligentes, a un espectacular show de tango de De Gardel a Piazzola, para más de 500 personas sentadas y 150 de pie. Finalmente, el sábado, Andrés Duprat, director del Museo Nacional de Bellas Artes, presentó dos tramos de la serie Bellas Artes, ya que es autor del guion de los episodios que dirigieron Gastón Duprat y Mariano Kohn.
El diálogo que vino después entre Duprat y Noguéz fue desopilante: quedó claro que la distancia entre el director de museo de la ficción que encarna Oscar Martínez y el propio Duprat es más corta de lo que cualquiera se imagina. Cierta ironía dejó pensando a la audiencia: ¿necesita el arte contemporáneo un mediador, un intérprete que “explique” la obra? ¿O debe dejarse al espectador libre en la experiencia de la contemplación sensible? Quedó flotando la cuestión en el ambiente. Era el fin de una tarde rosada y el inicio de una noche de luna llena.
La Perla: satélite de un proyecto que crece
Lo último de estos hiperactivos cinco años de MACA ha sido la inauguración de La Perla, la nueva galería de Piero Atchugarry, que tiene su espacio en Garzón y galerías en Miami y en Como. Doble clap para el galerista que ha inaugurado con una muestra del legado de Manuel Espinosa, genial iniciativa recuperar la sutileza del geométrico-concreto, que sale de la norma, pinta en el límite, dibuja esfumado y logra en quien observa la sensación de movimiento con la belleza de una paleta baja, personalísima. Más las obras de pequeño formato, donde el recorte redefine la obra. La galería tiene las dimensiones ideales, está a dos kilómetros del museo, y vecinos inesperados como un zorro travieso y respetuoso que despide a los visitantes. En la trastienda exhibe obras de Anne Cecile Surga, Emil Lukas y Adam Jeppesen, Chris Soal y Alberto Blasi, entre otros.
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