Cinco libros imprescindibles y un poema para el epitafio

Julio Cortázar, uno de los mejores escritores argentinos del siglo XX, murió hace 35 años en París
Julio Cortázar, uno de los mejores escritores argentinos del siglo XX, murió hace 35 años en París
Daniel Gigena
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12 de febrero de 2019  • 09:23

En una obra tan vasta como la de Julio Cortázar, que siguió creciendo incluso después de su muerte en 1984, de la que hoy se cumplen 35 años, se hace difícil elegir qué libros no deben faltar en la biblioteca. Una literatura como la suya, donde el misterio persiste pese a los esfuerzos por reconciliar la imaginación con la realidad, siempre estará abierta a nuevas lecturas, interpretaciones y, en suma, desafíos para los lectores que se acerquen a ella no solo por primera vez.

Bestiario (1951)

Fue el primer libro de cuentos publicado por el autor. Los ocho cuentos pueden ser calificados como perfectos. Allí están "Casa tomada", elogiado por Borges, "Circe" y "Carta a una señorita en París". Favorito imbatible entre los lectores jóvenes, Bestiario fue elegido por el crítico estadounidense Harold Bloom para su colección de títulos de los mejores cuentistas occidentales del siglo XX.

Historias de cronopios y de famas (1962)

Fragmentos, cuentos cortos y viñetas provistas de un surrealismo risueño (no exento de crueldad), son protagonizadas por famas, cronopios y esperanzas. "Los famas son los gerentes de los bancos, la gente formal; las esperanzas son personajes intermedios, que están un poco a mitad de camino, sometidas a la influencia de los famas o de los cronopios, según las circunstancias", definió el autor en una entrevista. Con razón, se la considera una de las obras maestras de la microficción en lengua española.

Rayuela (1963)

Escrita en París y publicada por primera vez en España en 1963, la "novela del exilio" protagonizada por Horacio Oliveira y Lucía (la Maga) fue una de las obras centrales del boom latinoamericano. Con 155 capítulos, admite varias lecturas. En el marco del VIII Congreso de la Lengua que se celebrará en la ciudad de Córdoba en marzo, la Real Academia Española, la Asociación de Academias de la Lengua Española, la Academia Argentina de Letras y la editorial Alfaguara presentarán una nueva edición conmemorativa de Rayuela. Ese libro, que estará disponible en librerías a partir de abril, recoge textos de Gabriel García Márquez, Adolfo Bioy Casares, Mario Vargas Llosa, Sergio Ramírez, Julio Ortega, Andrés Amorós, Eduardo Romano y Graciela Montaldo. Por primera vez desde 1983, se reproducirá además la versión facsimilar del Cuaderno de bitácora, la libreta en que Cortázar escribía ideas, escenas y personajes de la novela durante el proceso de escritura.

Todos los fuegos el fuego (1966)

Es considerado uno de los mejores libros de cuentos de Hispanoamérica. Entre otros relatos, figuran los clásicos "La autopista del sur" (alegato contra la cultura del automóvil), "La salud de los enfermos", "La señorita Cora" y "Reunión", uno de los cuentos políticos más célebres del escritor argentino. Sin ceder a las explicaciones psicológicas, el cuento que da título al volumen avanza en simultáneo en dos argumentos paralelos que mantienen en suspenso a los lectores.

Deshoras (1982)

El último libro de cuentos de Cortázar tiene el nivel increíble que habían alcanzado sus primeros títulos. En varios relatos del volumen, como "Satarsa", "Segundo viaje" y "Fin de etapa" se sigue el recorrido de los protagonistas hacia la muerte. Se incluye además el magistral "Diario para un cuento", donde el narrador (que puede ser el autor) escribe: "Quisiera ser Bioy porque siempre lo admiré como escritor y lo estimé como persona, aunque nuestras timideces respectivas no ayudaron a que llegáramos a ser amigos, aparte de otras razones de peso, entre ellas un océano temprana y literalmente tendido entre los dos".

Un poema de Julio Cortázar

El poeta propone su epitafio

Por haber mentido mucho ganó un cielo

mezquino, a rehacer todos los días.

Por ser traidor hasta con la traición, lo amaban

las gentes honorables.

Exigía virtudes que no daba

y sonreía para que olvidaran.

No vivió. Lo vivían, un cuerpo despiadado

y una perra sedienta, Inteligencia.

Por no creer más que en lo bello, fue

basura entre basuras,

pero miraba todavía el cielo.

Está muerto, por suerte. Ya andará

algún otro como él.

De Último round (1969)

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