El hombre en su laberinto
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Entramados que se combinan con una simetría exquisita. Verticales y perpendiculares, las rejas atraviesan gran parte de la estructura, acompañadas por guardas con diseños que las flanquean y adornan su base. Dos columnas imponentes se yerguen en medio con una iluminación que complementa la luz natural que entra por las ventanas. Las columnas ofrecen, a su vez, rectángulos horizontales, mientras que las rejas los brindan perpendiculares. Atrapado en medio de ese esquema perfecto un hombre avanza por… ¿una biblioteca, un teatro, un museo? ¿O por qué no una cárcel? Cautivo en ese imponente laberinto estético, su soledad provoca desde solaz hasta desasosiego, según qué imaginemos. Eso depende de quién lo mire y de las fantasías que a cada uno se le detonen. Fin del misterio: se desplaza por un pasillo de Grand Central Station, en Nueva York. ¿Decepción o alivio saberlo?
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