En la costa
No es una foto de temporada, no se tomó en ninguno de los destinos típicos del verano, no hay en ella anuncios de novedad o registro de lo disruptivo. Y en todo eso que no está reside parte de su hipnótica belleza. Qué más propio de la costa bonaerense que la línea recta del mar al fondo y la amplitud de la arena al frente. Qué más propio de la historia de esa zona que el extraño monumento a una boya –un hallazgo digno del film Balnearios, de Mariano Llinás–, solitario, extrañamente kitsch, en cierto modo conmovedor. No hay seres humanos en esta playa de Villa del Mar; solo la huella de su presencia (hecha boya gigante) y el azar de su benevolencia: entre tanta arena despojada, bajo el mejor de los cielos pero también el más tajante de los soles, dos perritos encuentran el refugio de la sombra. Hay algo en ese conjunto que de tan simple lo vuelve irresistible.
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