En un presente crispado, el odio se ganó la mejor vidriera: la tapa de los libros

Silvina Premat
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29 de mayo de 2019  • 08:39

No es novedad que el odio esté instalado en la sociedad argentina, pero sí que cada vez más las editoriales lo instalan en su mejor vidriera: la tapa de un libro. En los últimos tiempos este sentimiento ancestral se escapó de los consultorios de los psicólogos, de los confesionarios en las iglesias y de los focal groups de los cientistas sociales para inundar páginas y páginas que lo observan, tanto desde la ficción como desde la no ficción, desde el sufrimiento que produce y desde posturas que buscan reducirlo, controlarlo o explicarlo.

En la última Feria del Libro de Buenos Aires, que cerró el 13 de este mes, se presentaron dos volúmenes publicados recientemente en el país: la novela de la española Rosa Montero, Tiempos de odio (Seix Barral), y el ensayo del periodista argentino Nicolás Lucca, Te odio. Anatomía de la sociedad argentina (Galerna). A ellos se suman otros como las ficciones Bodas de odio, de Florencia Bonelli o Locos de amor, odio y fracaso, de Edi Zunino y No te calles. Seis relatos contra el odio, de Javier Ruescas y otros booktubers e influencers.

"El odio ha llegado a las tapas de los libros porque son un reflejo de la sociedad; de la misma manera que ha llegado a las tapas de los diarios y a los noticiarios de radio y TV", afirma a LA NACION la escritora Rosa Montero. En su última novela de ciencia ficción casi no se habla del odio, pero esa emoción aparece en acción a través de conductas crueles y expresiones desaforadas. De ahí que el título, Tiempos de odio, responda muy bien a la trama y a la mirada que su autora tiene de la sociedad hoy: "Cuando pensé crear un personaje como Bruna Husky, hace más de diez años, percibía en el ambiente mundial y a mi alrededor una crispación creciente y un progresivo desencanto, una deslegitimación y falta de credibilidad en la democracia y, al mismo tiempo, una nostalgia de dogmatismos o sistemas que proporcionen más respuestas que preguntas, casi un anhelo de dictaduras y de demagogias ultras tanto laicas como religiosas. En esta década, esa sensación de ansias de volver a un poder totalitario no ha hecho más que crecer en el mundo de mis Brunas y en el mundo real, por desgracia. El discurso de condena del otro y el buscar chivos expiatorios para una sensación de frustración y de falta de representación se va incrementando. Nunca se había visto, por ejemplo, gente como Trump o Bolsonaro que han llegado a la presidencia de sus países con montones de votos, con un discurso electoral en el que claramente se los ve orgullosos de odiar. Antes, el odio era un sentimiento socialmente escondido, no aceptado, indigno. Y ahora no, ahora es una de las bases de reconocimiento de estos grupos".

Sentimiento marketinero

A juzgar por la reiterada presencia de esta emoción en los catálogos de las grandes editoriales -empresas con fines de lucro que publican títulos con buena expectativa de venta- es de suponer que hoy el odio vende.

"Sí, el odio vende, pero no es lo único que se publica", afirma Ignacio Iraola, director editorial para el Cono Sur del Grupo Planeta. Y comparte: "Cuando hago una tapa busco que sea comercial y que llame la atención, no me fijo en qué nivel refleja el odio o no. Por el contrario, tratamos de morigerar el odio en la tapa, también para apostar a todo el público. Yo publico para el gran público, no para una biblioteca".

Editor desde hace casi tres décadas, Iraola considera que el "debut" de esta oleada editorial se remonta a 2002, época del reclamo popular "que se vayan todos", con el libro de Dalmiro Sáenz, Yo te odio, político y que "el odio siempre fue un motor creativo para la literatura y, sobre todo en la Argentina, en lo que tiene que ver con la no ficción: el odio que generó la aparición del peronismo, el odio que generó el ´55, el odio de los 70´. Siempre estuvo. Ahora hay como un corrimiento, un motor. La nueva literatura tiene que ver con el empoderamiento femenino, el reposicionamiento de la mujer y eso también es fruto del odio hacia la mujer a lo largo de la historia, del destrato que ha sufrido la mujer". Además, el editor considera que "la Argentina en este momento es un país que odia y eso se ve en el día a día en la calle; en el taxista que da marcha atrás media cuadra y le rompe el auto al otro, en la gente que se agarra a las trompadas en el subte o en la final de la Copa Libertadores, tirándose piedras cuando en cualquier otro estadio del mundo habría sido un festejo con cerveza. Creo que estamos en el epítome de la historia argentina del odio y eso se ve reflejado en muchos de los textos que están circulando ahora".

Como del amor y de la enfermedad, la literatura se ha ocupado del odio desde siempre. Lo nuevo parecería ser el lugar que la repulsión por el otro (o los otros) ocupa en las tramas y su valoración.

Mercedes Güiraldes, editora de Seix Barral y escritora, observa que hasta hace poco existía una especie de "tabú editorial" por el cual "la misma palabra (odio) trataba de evitarse en títulos y portadas. Hoy más bien pareciera al revés. También es cierto que vivimos tiempos violentos, de grandes divisiones y polarización, y que ese escenario habilita el discurso radical. Como no podía ser de otra manera, el arte y la literatura se hacen cargo de eso, cuando no lo anticiparon. La grieta ideológica, la política, las cuestiones de género, el nuevo feminismo son campos fértiles en ese sentido y las editoriales detectamos que el público no rechaza los libros que toman esas temáticas sino al contrario".

Para Ariel Magnus , autor de Oda al odio (Adriana Hidalgo), una antología con textos de todas las épocas que "ventila la única pasión humana digna de interés: el asco por la propia especie", hoy "no se odia más que antes, ni tampoco menos, en términos literarios. Si algunos textos modernos están especialmente logrados es porque nos tocan de cerca, como nos toca más un accidente de autos acá a la vuelta que en India, aunque en el fondo sean el mismo accidente. La misantropía parece ser la misma, un sentimiento que ya nació adulto, probablemente porque es previo a la escritura y a la historia".

Lucca, en su Te odio afirma que "si algo caracteriza a un argentino promedio es una suerte de desprecio temerario hacia el que es distinto, lo cual configura todo un problema en un país con tantas diferencias internas". Y agrega que "el odio no es lo contrario al amor. Cuando no hay amor, hay indiferencia. Si hubo amor, hay desamor. El odio es un estadio distinto y un sentimiento. Y los sentimientos no se pueden racionalizar. Hagamos el ejercicio de querer racionalizar por qué odiamos algo. Odiamos la muerte porque significa el fin de la vida o porque perdemos a los seres queridos? Si es lo segundo, el sentimiento es impotencia frente a lo inevitable. ¿Odiamos al delincuente porque nos priva de nuestros derechos o acaso queremos erradicarlo por el temor que nos genera? Miedo y odio van de la mano, pero no significan lo mismo. Disfrazar el miedo de odio nos priva del ejercicio de querer entender por qué estamos atemorizados frente a algo distinto, que nos incomoda, que nos interpela".

Decálogo odioso

  • No te calles. Seis relatos contra el odio. Autor : Javier Ruescas y otros . Editorial: Nube de tinta.
  • Tiempos de odio. Autor: Rosa Montero. Editorial: Planeta
  • Oda al odio. Autor: Ariel Magnus Editorial: Adriana Hidalgo
  • Te odio. Anatomía de la sociedad Argentina. Autor: Nicolás Lucca. Editorial: Galerna
  • Contra el odio. Autor: Carolin Emcke. Editorial: Sudamericana.
  • Locos de amor, odio y fracaso. Autor : Edi Zunino . Editorial: Planeta
  • Bodas de odio. Autor: Florencia Bonelli. Editorial: Punto de lectura
  • Odio a los indiferentes (reedición) . Autor: Antonio Gramsci. Editorial: Planeta
  • Los que aman odian (reedición). Autor : Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo. Editorial: Planeta
  • La naturaleza del odio. Autor : Robert y Karin Sternberg. Editorial: Paidós

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