Fiesta en el aire
La inteligencia artificial avanza, fascina, asusta, vuelve a fascinar. También protagoniza fenómenos virales –el último fue la imitación de los estudios Ghibli– que, más allá de las posibilidades que anuncian, son poco más que efímeros arrebatos (frenesí de unos días y, al cabo de un tiempo, nada). Pero las cosas están cambiando y quizás realmente terminemos conviviendo con “inteligencias” no humanas que sabrán imitar muy bien a lo humano. El temor es que nos imiten en todo; lo cierto es que eso no será tan fácil. Una IA tal vez pueda diseñar globos como los que vemos en esta foto, pero difícilmente acceda al pulso indecible que permite disfrutarlos. Tampoco podrá investir de tiempo, textura, emoción y sentido a cada uno de esos objetos que no buscan productividad alguna, sino pura celebración, afirmación mística (se asocian al fin del Ramadán), universal alegría ante la belleza.
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