Hacia lo moderno, y más allá...
Es significativo que el sistema de promoción imaginado por Oliverio Girondo para su libro Espantapájaros -la aclaración del título, entre paréntesis, "al alcance de todos", no disimula la glorificación de uno solo- estuviera destinada a un libro que, en sus versos, decía todo, decididamente todo lo contrario. El caligrama (el espantapájaros) que inaugura el libro empieza con una declaración de principios: "Yo no sé nada/ Tú no sabes nada/ Ud. no sabe nada". Hay más, sin embargo, en el poema 8. "Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades. / En mí, la personalidad es una especie de forunculosis anímica en estado crónico de erupción..."
En su estudio Buenos Aires. Una modernidad periférica: Buenos aires 1920- 1930, Beatriz Sarlo hizo la mejor lectura posible de estas líneas. Según Sarlo, si no hay "yo", la literatura puede liberarse de varias servidumbres: la del sentimentalismo, la del recuerdo, la de la nostalgia, el pasado, la tradición y la historia. Lo único que importa es, sin más, lo nuevo. Girondo se dio cuenta antes que nadie en América latina de que lo propio de lo moderno era renunciar a una subjetividad unificada. Aquello que ya había empezado en Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, de 1922, se radicalizaba en Espantapájaros. El primero se inscribía en el horizonte de lo moderno; el segundo, anticipaba la contemporaneidad.
Había nacido una nueva sensibilidad. La partera fue una generación impelida por la idea de lo nuevo, y Girondo estaba a la cabeza de ella. Para él, no había, o no hubo en esa ocasión (lo que es un expediente irrelevante porque para el arte la primera vez es siempre la única vez, la que lo funda todo) una distinción definitiva entre poema y espectáculo.
Espantapájaros participa por igual del arte y de la mercancía. El arte, lo mismo que cualquier otra cosa, es algo que puede comprase y venderse, y por lo tanto, ser objeto de publicidad. Nada serio. Después de todo, no hay ningún "yo" on sale. Suena familiar, ¿no?






