¿Hamnet es Hamlet?: un juego de paralelismos que va del libro al cine y promete impactar en la temporada de premios
El duelo por la muerte del hijo de 11 años del matrimonio Shakespeare está en el centro de “Hamnet”, la novela de Maggie O’Farrell adaptada a la pantalla grande y favorita de la crítica
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¿Cuán autobiográfica es una obra de arte? ¿Cuántas máscaras se pueden colocar en un texto para hablar desde las propias entrañas del dolor? La irlandesa Maggie O’Farrell escribió Hamnet, una novela que bucea en el duelo del matrimonio Shakespeare ocasionado por la muerte de su hijo de 11 años. La adaptación de esta ficción, dirigida por Chloé Zhao, es una de las películas favoritas de la temporada de premios cinematográficos con seis nominaciones a los Globo de Oro y llegará a los cines argentinos el próximo jueves 22 de enero. ¿De qué modo bebe Shakespeare de su propia tragedia para crear la célebre Hamlet? ¿De qué modo acude O’Farrell a través de la obra del bardo para crear su propia ficción?
En los últimos años la literatura irlandesa brindó textos notables que se han convertido pronto en adaptaciones cinematográficas o televisivas, producciones que merecieron varias nominaciones a los premios más prestigiosos: The Quiet Girl (2022), basada en la novela Tres luces de Claire Keegan, dirigida por Colm Bairéd; Los espíritus de la Isla (2022), escrita y dirigida por el maestro actual del teatro de la crueldad Martin McDonagh; No digas nada, de Patrick Radden Keefe, sobre las hermanas Price, terroristas del Ejército Republicano Irlandés (IRA); Normal People, de Sally Rooney, convertida en una serie que catapultó a la fama a Paul Mescal. También, aunque anterior a esta oleada, se ubica John Boyne, autor de El niño con el pijama de rayas (2006).

Hamnet (2020), el libro de O’Farrell, residente en Edimburgo, mantiene vivo el interés por la literatura de su país natal. Su adaptación al cine, producida por Steven Spielberg y Sam Mendes, ha recibido varias nominaciones al Globo de Oro, entre ellas a mejor película, mejor actriz protagónica (Jesse Buckley), mejor dirección y mejor guion, coescrito por la propia O’Farrell y la realizadora Chloé Zhao, ganadora del Oscar por Nomadland. Además, la película cuenta con la banda de sonido de Max Richter (el compositor de las desgarradoras partituras de La amiga estupenda y The Leftovers).
Fue James Joyce quien esgrimió por primera vez que existía un vínculo estrecho entre Hamnet, el hijo de William Shakespeare, y la tragedia ambientada en Dinamarca. El propio Joyce escribía sobre este tema en la colosal Ulises, donde la pareja de Leopold y Molly Bloom pierde a su bebé al poco tiempo de nacer. El crítico estadounidense Harold Bloom, en su ya clásico La invención de lo humano, destaca y defiende la teoría de Joyce, desde el análisis y la historiografía, del mismo modo en el que O’Farrell abona a esta hipótesis desde la ficción. “Esta novela es el resultado de mis vanas especulaciones”, escribe la autora y advierte al lector que Hamnet no es una biografía y que allí donde tenía dudas o había vacíos en la historia, colocó parches de ficción.

William Shakespeare y Anne Hathaway –O’Farrell le cambia el nombre por Agnes– tuvieron tres hijos: Susanna y los mellizos Hamnet y Judith. El pequeño muere en 1596, casi cinco años antes del estreno en Londres de la versión definitiva de Hamlet, en 1600-1601, indica Bloom. Shakespeare trabajó en varias versiones de la obra y se inspiró en algunas piezas anteriores, como Amleth de Belleforest, sobre un mago (oficio que luego inmortalizará en La tempestad a través de Próspero). Hamlet fue para el bardo un modo de atravesar el duelo, una catarsis y un homenaje: “Cuando asistimos a una representación de Hamlet o leemos la obra a solas, no tardamos mucho en descubrir que el príncipe trasciende su obra. La trascendencia es una noción difícil para la mayoría de nosotros, en particular cuando se refiere a un contexto enteramente secular, como un drama de Shakespeare. Algo en Hamlet y a su alrededor nos impresiona como pidiendo (y dando) prueba de alguna esfera más allá del alcance de nuestros sentidos”, escribió Bloom.
Hay una idea central y de ruptura para la época en la que aparece la tragedia, hacia el ocaso del Renacimiento: el hombre puede escapar a su destino (“Para Hamlet, el carácter es independiente de la voluntad”, escribe Bloom). Es decir, el príncipe puede hacerle caso a su padre asesinado, atender a su clamor de justicia y sangre, o bien buscar otra alternativa para desenmascarar a su tío. Por eso, teatro dentro del teatro, el príncipe trama con un grupo de cómicos la representación de La ratonera, para develar a la corte que Claudio es un asesino. Lo intenta, y en este intento de burlar el mandato, ha sido libre.

O’Farrell cuenta la historia detrás de la historia, y lo hace modificando los roles y las conductas de los personajes, convirtiendo en protagonistas a criaturas ignoradas de la vida real y haciéndolas arquitectas de la suerte de Shakespeare. En primer lugar, es Agnes la protagonista de Hamnet, la muchacha que enamora a un joven Shakespeare, preceptor de latín: “Cuando mira a alguien le ve hasta el fondo del alma. No hay ni una gota de hostilidad en ella. Se toma a las personas por lo que son, no por lo que deberían ser”. Germaine Greer, la crítica feminista reconocida por La mujer eunuco, escribió La mujer de Shakespeare (2007), donde denuncia el modo en el que el dramaturgo la silenció y convirtió en apenas una nota al pie en sus obras. Esta hipótesis es la que recoge O´Farrell para reivindicar a una mujer considerada la bruja y curandera del pueblo, hija de un granjero rico, que se enamoró de un joven sin futuro y le brindó uno fértil y luminoso. Agnes se hace cada vez más grande y fuerte para sostener su casa y a sus hijas: “Comprende que ella no debe perder la calma ni la paciencia, debe acrecentar su casa a flote, para que no se la trague esta oscuridad; debe cuadrarse frente a esta amenaza, proteger a Susanna, tapar sus propias grietas, cerrarle el paso”.
La novela tiene un narrador omnisciente cuyo foco de interés está puesto en primer lugar sobre Agnes, sobre su intuición y temperamento y, en segundo lugar, sobre los niños, sobre el propio Hamnet a quien le escribe una muerte heroica. O’Farrell, también autora de libros para niños, conoce muy bien este universo.
Paralelos entre Hamnet y Hamlet
Hamlet es la tragedia de venganza por antonomasia. El propio Shakespeare tenía motivos para sentir esa sed, para convertirla en el motor de sus ansias de ajusticiar los errores que sus padres habían cometido con él. Su padre, un próspero fabricante de guantes caído en desgracia, lo obliga a impartir clases de latín a los niños de un granjero a quien adeudaba una fortuna. El joven Shakespeare se convierte en un esclavo de la acción adulta de hombres con poder, o con más poder que él. Hamlet/El joven Shakespeare no quiere seguir los pasos de su progenitor; ha estudiado, se ha cultivado, mira el mundo desde otro prisma.
Gertrudis, la madre de Hamlet, es una mujer narcisista, poco cariñosa, solo enamorada del poder que puede ejercer siempre en la sombra de un hombre, de su esposo monarca (ya sea Hamlet padre o de Claudio, después). En la lectura de Hamnet, Joan, la madre de Agnes, encerrada en su ombligo y aferrada al trono de su posición social y económica puede leerse como una suerte de Gertrudis. Incluso ambos personajes son instrumentos, marionetas útiles movidas por los hilos de sus esposos en pos de conseguir alguna recompensa: para la reina, el trampolín que ubica a Claudio en la Corona; para Joan, la niñera y criada que sus hijos Agnes y Bartholomew necesitan.

El personaje de Agnes también puede leerse como un alter ego de un personaje de Hamlet: Ofelia. Hamlet es cruel con ella; se abusa de su inocencia y nobleza; la abandona; la hiere con sus palabras y actos. Agnes es abandonada por Shakespeare, quien marcha a probar suerte en el teatro de Londres y la deja sola en Stratford, bajo el cuidado de los tres hijos de la pareja. O’Farrell construye de modo claro el extrañamiento que siente Agnes cuando su marido regresa a visitar a la familia: no lo reconoce ni por sus gestos ni por su obsesión. Aquel muchacho que amó vive encerrado en una cápsula de silencio exterior y tormento interior. Esta sensación, de modo más extrema, es la que padecerá Ofelia cuando Hamlet haya iniciado una batalla contra sus dudas y su destino. La cordura de Agnes es puesta en duda antes de la muerte de su hijo, del mismo modo en el que Ofelia la pierde, incapaz de soportar el duelo de sus seres queridos.
Hay otros personajes de Shakespeare que aparecen troquelados en el personaje de Agnes: como un espejo invertido de Lady Macbeth, Agnes es bondadosa y empuja a su marido hacia el poder, el éxito, pero a través del reconocimiento de sus virtudes y no mediante el abismo moral. Ambas también están hermanadas en el dolor: han perdido a un hijo y no hay palabras ni actos que puedan consolarlas. Otro personaje que se encuentra en los poros de Agnes es el de Rosalinda, de Como gustéis, quien viste en ocasiones como hombre (en la novela, el joven William cree que es un muchacho la primera vez que la ve), quien lucha por su deseo y quien encuentra en el bosque su refugio.
Fantasmas sombríos y luminoso
En Todo es verdad (2018), la película dirigida y protagonizada por Kenneth Branagh, se recrean los últimos años de vida de Shakespeare, cuando, ya convertido en un célebre y próspero dramaturgo, regresa de Londres a su casa en Stratford, donde viven su esposa e hijas, a quienes ha descuidado y abandonado. Judi Dench protagoniza a su esposa, aún más sabia que durante su juventud: “En esta casa sos solo un huésped”, le dice al hombre mientras le cierra la puerta de su habitación, al mito, al director de compañía y al artista mimado por la Corona.
El espectro de Hamnet ronda las páginas de la novela de O´Farrell, pero a diferencia del fantasma del rey asesinado de la tragedia, quien clama venganza, la presencia del niño es luminosa. La novela Hamnet marcha hacia la representación de Hamlet y hacia el modo en el que una sola espectadora puede decodificarla. ¿Qué le ocurre cuando presencia su propia tragedia, ubicada en un entorno rural, sin reyes ni reinas ni duelos de espada? ¿De qué modo Shakespeare, autor y director, mantuvo vivo a su hijo en el recuerdo de su hijo en el joven actor que interpretó al príncipe?
El duelo nunca cesa y esta idea se hace carne en Todo es verdad. Shakespeare encuentra, escribe Juan Villoro en su ensayo “El rey duerme”, un pequeño paliativo a su dolor: “La obra revierte la tragedia filial: el hijo sufre la inesperada muerte del padre”. Es un procedimiento poético, Hamnet no regresa a la vida, pero su fantasma no se marcha; se convierte en inmortal.






