Huracán de reacciones: ¿por qué todos hablan de David Uclés, el autor del momento?
La historia del andaluz es la de tantos escritores que sueñan con el reconocimiento, pero la suya tiene final feliz: tras un 2025 de un éxito tras otro, ganó esta semana el Premio Nadal de novela; con el tono sereno que lo caracteriza, opinó de política y terminó abandonando la red social X ante reiterados agravios: “Se ha convertido en un nido de fascistas”
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MADRID.— David Uclés (Úbeda, 1990) irrumpió en la escena literaria española sin pedir permiso. ¿Por qué debería hacerlo? Tras cosechar el rechazo de diez editoriales por el manuscrito de su novela La península de las casas vacías, Siruela apostó por él y su ascenso a la fama fue súbito. Recorrió festivales, bibliotecas, universidades, brindó entrevistas por doquier y obtuvo muchos premios y distinciones por la historia de una familia durante la guerra civil, narrada en clave de realismo mágico.
Uclés creó también un huracán de reacciones en el mundo literario y en las redes sociales por sus opiniones políticas. Poco después de someterse a una compleja operación cardíaca, el andaluz acaba de obtener el Premio Nadal, otorgado por el Grupo Planeta, feliz de contar con él en sus huestes. Uclés es el autor del momento; todos hablan de él, incluso aquellos que no lo han leído.
Ramón del Valle-Inclán supo crear no solo un estilo literario. “El segundo manco de España”, después de Miguel de Cervantes, padre del esperpento, cinceló una imagen que se convirtió en un ícono: su barba, sus gafas emulando a Francisco de Quevedo, su cuerpo desgarbado. Esta mañana, sin ir muy lejos, en su columna tan escuchada, Carlos Alsina, precisamente se refería a un diputado de “apariencia valleinclanesca”. Célebre por sus ficciones y por su cáustica mirada de la política y la sociedad de su tiempo, cultivó la amistad con sus contemporáneos, entabló enconadas polémicas, retrató su aldea —Galicia—, pero también las luces y la bohemia de Madrid; disparó contra los tiranos y se rio de los donjuanes y de la rancia aristocracia en las Sonatas. Su tarea fue titánica: la fama de su obra equiparó a la de su persona. Los paralelos entre el autor de Divinas palabras y Uclés emergen de modo notable.
La historia de Uclés es la de tantos escritores que sueñan con el reconocimiento, pero la suya tiene un final —y un presente— feliz. La península de las casas vacías, hoy ubicada en la lista de los mejores libros del siglo XXI tras ser elegida por 21 librerías españolas. La novela, que llegará a la Argentina en marzo, ha vendido 300 mil ejemplares. Siruela, la editorial que apostó por él, ha merecido también elogios por haber apostado por Uclés. “Cuando empecé a escribir este libro hace 17 años, lo hice con la intención de narrar de forma íntegra nuestra herida más reciente: la guerra civil. Me arriesgué a ser criticado por todos, «por los hunos y los hotros», como decía [Miguel de] Unamuno” [colaborador de LA NACION]. Pero por suerte me importaba poco, porque tenía claro el espíritu del libro”, decía en diciembre pasado, en su discurso de aceptación de los VIII Premios Influyentes que organizan El Confidencial y Herbert Smith Freehills Kramer.
Desde el pasado lunes, también integra el Grupo Planeta, quien lo distinguió con el Premio Nadal por su novela La ciudad de las luces rotas, una “carta de amor a Barcelona”, definió. Uclés confesó cuando recogió el galardón que se había presentado a este galardón una decena de veces. De la Andalucía de la guerra civil, en la ficticia Jándula, a Cataluña, en la novela que pronto verá la luz, Uclés extiende su retrato de la España contemporánea. Lo hace no solo desde la ficción, sino desde sus discursos y desde sus redes sociales. En noviembre pasado abandonó la red social X ante los reiterados agravios por sus declaraciones: “Se ha convertido en un nido de fascistas”, dijo.
La polémica no culminaría con la partida de X. El discurso pronunciado en la gala de los Influyentes estaba dirigido a la presidenta de la Comunidad Isabel Díaz Ayuso [quien se reúne precisamente hoy en Buenos Aires con el presidente Javier Milei], ubicada a pocos metros de Uclés. Con el tono sereno que lo caracteriza, expresó: “[…] Somos un pueblo muy diverso, que en ocasiones defendemos ideales opuestos, que no solemos escucharnos con demasiado interés y que creemos que nuestra verdad es una única y universal. Por eso necesitamos con urgencia que nuestros representantes aquí presentes gobiernen para todos, que se tenga en cuenta la libertad, por supuesto, pero también la solidaridad”, pronunciaba. También se quejaba de las malas condiciones para el acceso a la vivienda y la saturación del sistema de salud de la Comunidad de Madrid: “Me duele contemplar los problemas a los que se enfrenta cada día la ciudadanía. A largas listas de espera para operarse en listas alargadas […]. A la imposibilidad de tener una vivienda digna. Véase mi caso, que a pesar de haber vendido 300.000 ejemplares, todavía no me puedo comprar una casa en Madrid que no sea un zulo [un aguantadero, donde los criminales esconden a las personas secuestradas] sin ventana”.
Estos fragmentos arriba mencionados se hicieron virales, pero no sus últimas palabras: “Presidenta Díaz Ayuso no la conozco, no tengo el honor. Me gustaría algún día poder hacerlo, pero espero que esto le pueda hacer simplemente reflexionar porque no lo hago desde ningún color político, ni desde ninguna esquina, solo desde la necesidad que creo de darle más fuerza a la palabra solidaridad”. Tampoco se debe incurrir en la ingenuidad o confiar en la neutralidad que Uclés dice tener. Poco antes de someterse a su intervención cardíaca, en noviembre último, Uclés publicó en El País un testamento público con ironía y sarcasmo valleinclanescos. En él pedía, entre otros anhelos: “Deseo que el funeral se celebre en la catedral de la Almudena y que acudan más invitados que a la boda de la hija de Aznar. Pero que no venga la hija de Aznar. Ni Aznar, porfi. Deseo que con mis ahorros construyan una maqueta de la ciudad de Madrid con fruta y se la entreguen a Ayuso veinte días después, cuando la putrefacción sea tal que no quede ni una sola pieza habitable por ningún insecto. Deduzco cuál será la solución de la presidenta: contratará unos buitres hambrientos, sin fondo, para que la devoren”.
Las críticas arreciaron. ¿Por qué se dirigía a una de las referentes del Partido Popular y presidenta del gobierno madrileño cuando el conflicto es nacional? España también vive su grieta, la crisis social y política de posiciones antagónicas, incluso radicales, ante un mismo evento o idea.

Músico, cantante (no profesional, pero podría dedicarse a ello dada su virtud vocal) dibujante —dedica sus libros con ilustraciones— Uclés es polifacético. Sabe lenguas de signos, tiene formación para guiar a ciegos y dio clases a personas con discapacidades cognitivas.
Nuevamente se podría acudir a Unamuno para entender cómo el escritor más premiado en la actualidad en España es también el más denostado: “La envidia es el vicio nacional”.
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