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Rock

La cultura rock y el fin de la inocencia

Diego Mazzei
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7 de julio de 2019  

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-Ellos no tienen miedo de vos, tienen miedo de lo que vos representás.

-Hey, man, lo único que representamos para ellos es alguien que necesita un corte de pelo.

-Oh, no. Lo que vos representás es la libertad. Ellos te hablarán y te hablarán y te hablarán de libertades individuales. Pero cuando ven a un individuo libre se asustan. Y eso los hace peligrosos.

El diálogo entre George Hansen ( Jack Nicholson ) y Billy (Dennis Hopper), del film Easy Rider, estrenado el 14 de julio de 1969, era una clara muestra del estado de situación y del choque de culturas en Estados Unidos. Los sueños de libertad de unos jóvenes motociclistas chocan contra las convenciones de hombres y mujeres de pequeños pueblos y ciudades que los ven como extraterrestres, seres peligrosos para la sociedad. La película, protagonizada también por Peter Fonda y con una banda sonora que contemplaba lo mejor del folk y la psicodelia americana de esos tiempos, ponía sobre la mesa los temores y las miserias de un ideal que se iba desmoronando.

En la historia de la música popular, los años 60 representan la concreción del rock como movimiento cultural que trascendió al rock & roll como género. De un lado y del otro del océano Atlántico, las influencias viajaban a gran velocidad. Así como algunos artistas ingleses se nutrieron de los pioneros del rock & roll y el blues estadounidenses, la llamada Invasión Británica puso la vara alta a los numerosos grupos de rock que se iban formando en Estados Unidos. Con los Beatles , los Rolling Stones y Bob Dylan como grandes referentes, la década del 60 fue el motor impulsor para la creación de las mejores obras maestras de la cultura rock, aunque cuando se generaliza hablando de los 60, en realidad puede acotarse sobre todo a la segunda mitad de la década. "Solo fue el 66 y principios del 67, eso fue todo", dice Peter Fonda a una joven idealizada con los 60, en una escena del film The Limey. Más allá de las discusiones, lo que sí parece estar claro es que 1969 marcó en muchos aspectos el fin de la inocencia o, como escribió John Lennon , que el sueño había terminado. El clima de época, antecedido en Europa por las revueltas estudiantiles y obreras, y en Estados Unidos con Vietnam candente, asesinatos de líderes políticos y la lucha por los derechos civiles, hacían pensar que la revolución del amor fracasaba estrepitosamente.

Fractura expuesta

La grieta en los Beatles crecía de manera imparable. El concierto en la terraza del edificio de Apple Corps, en el número 3 de Savile Row -la última actuación pública de la banda- abrió un año en el que las turbulencias llevarían a la desintegración. Hacía rato que los Beatles eran un conglomerado de solistas. Ese 1969 dejaron de lado un proyecto llamado Get Back por desavenencias en cuanto a concepto y sonido (se publicaría en 1970, muro de sonido de Phil Spector mediante, bajo el título Let It Be), y se abocaron a otro al que titularán Abbey Road.

La intención, después de las hostilidades durante la grabación del álbum popularmente conocido como Álbum Blanco y del fiasco de Get Back, era hacer un disco como en los viejos tiempos. Pero nunca terminó de funcionar así: pese a que no hubo grandes encontronazos, el clima nunca dejó de ser tenso.

Los Beatles hace su última aparición pública: un pequeño y sorpresivo show en la terraza del edificio de Apple Corps, en Londres
Los Beatles hace su última aparición pública: un pequeño y sorpresivo show en la terraza del edificio de Apple Corps, en Londres

A la presencia de Yoko Ono, convaleciente en una cama instalada dentro del estudio de grabación (se recuperaba de un accidente que tuvo con John en Escocia justo antes de arrancar las sesiones), se le sumó la irrupción de Linda Eastman, la novia de Paul McCartney , que aparecía para hacer fotos del trabajo de los Fab Four. Abbey Road saldría a la calle, pero la herida entre los cuatro Beatles ya no sanaría.

Si para los Beatles el 69 fue un proceso de decantación que desembocó en la ruptura de la banda al año siguiente (con muy buenas canciones en el camino), para los Rolling Stones la coyuntura fue un poco más dramática. Ya encaramados como una de las bandas grandes del rock, dejaron en el camino a uno de sus fundadores, Brian Jones, que había perdido el rumbo desde hacía tiempo (algo similar a lo que había ocurrido tiempo antes con Syd Barrett en Pink Floyd ). Problemas derivados del copioso consumo de drogas y fragilidad mental forzaron la decisión de Jagger, Richards y compañía, que el 8 de junio anunciaron su partida de la banda y programaron un show gratuito en Hyde Park, donde presentaron a Mick Taylor, el nuevo guitarrista. Dos días antes, Brian Jones fue encontrado muerto en la piscina de Cotchford Farm (un mojón en el infausto Club de los 27, al que le seguirían meses más tarde Janis Joplin, Jimi Hendrix y Jim Morrison). El concierto se realizó igual, ante una multitud, y resultó una especie de réquiem para el compañero caído.

Durante la actuación de los Rolling Stones en Altamont, un miembro de los Hells Angels, encargados de la seguridad, mata a un espectador
Durante la actuación de los Rolling Stones en Altamont, un miembro de los Hells Angels, encargados de la seguridad, mata a un espectador

El 5 diciembre, los Stones lanzaron Let It Bleed, y al día siguiente cerraron el año de la peor manera: durante su actuación en un festival en Altamont, California, mientras tocaban "Under My Thumb", se armó una gresca y un miembro de los Hells Angels, encargados de la seguridad, apuñaló a Meredith Hunter, un espectador afroamericano de 18 años, que había mostrado una pistola.

Invasión de freaks

En agosto, un emprendedor llamado Michael Lang alquiló, junto con unos socios, 240 hectáreas en Bethel, un pequeño pueblo en las afueras de Nueva York, y contrató a algunos de los artistas de rock más encumbrados para cuatro jornadas de lo que sería el más grande festival de música de la historia. Cientos de miles de personas colapsaron las vías de acceso y convirtieron el Festival de Woodstock (ciudad que iba a ser la sede en un principio) en un hito que nadie había imaginado. "Es casi bíblico", dijo Jerry Garcia, de los Grateful Dead. "Llegaron por la noche como un ejército invasor", relató un pueblerino. Alguien los llamó freaks (raros). Así se sentían, según puede verse en el documental registrado por Michael Wadleigh. El evento pasó por situaciones de desborde y zozobra; los accesos quedaron anegados, los artistas debieron llegar en helicópteros, la gente entró por todos lados y se decidió la gratuidad del acontecimiento. Entre los números musicales hubo lluvia (y rituales para intentar frenarla), clases de yoga masivo (a cargo del gurú indio Swami Satchidananda) y muchas drogas, incluso las de mala calidad, de cuya circulación se anotició durante los avisos parroquiales que advertían de gente extraviada. Esperaban 60.000 personas; se calcula que hubo 500.000. Y consagró a artistas como Joe Cocker, Joan Baez, Janis Joplin y Jimi Hendrix y destacó a otros como Richie Havens, Country Joe & The Fish, Canned Heat, Jefferson Airplane y la Incredible String Band. Por cuestiones de agenda o de haber subestimado los alcances del acontecimiento, quedaron en la historia las ausencias de The Beatles, The Rolling Stones, The Doors, Led Zeppelin y Bob Dylan (que vivía ahí cerquita y se quejaba de los intrusos), entre otros.

El Swami Satchidananda y su yoga multitudinario en Woodstock, la madre de todos los festivales
El Swami Satchidananda y su yoga multitudinario en Woodstock, la madre de todos los festivales

Helter Skelter

Por esos días, un personaje siniestro llamado Charles Manson sorprendió a Estados Unidos como líder de una secta de lunáticos, que cometieron asesinatos en California. Resentido por la indiferencia de la industria de la música, Manson (amigo de varias estrellas como los Beach Boys, que grabaron una canción suya, o Neil Young, que le regaló una motocicleta, entre otros), efectuó una retorcida lectura de "Helter Skelter", la canción de los Beatles, y llevó a cabo un raid de resonantes crímenes, entre ellos el de la actriz Sharon Tate (embarazada), esposa del director de cine Roman Polanski, y varios de sus invitados.

Aspirante a estrella de rock, Charles Manson trasciende en cambio como líder mesiánico con asesinatos que derrumban los postulados de la vida en comunidad
Aspirante a estrella de rock, Charles Manson trasciende en cambio como líder mesiánico con asesinatos que derrumban los postulados de la vida en comunidad

Y así como el sueño hippie de amor y paz chocó contra los muros de la locura, la intolerancia y las miserias humanas, la contracultura rockera renacía bajo otras formas más radicales y furiosas. En Inglaterra, Led Zeppelin irrumpió con sus dos primeros discos; King Crimson sentó las bases del metal progresivo con su álbum debut; David Bowie realizó una odisea espacial mientras buscaba su identidad; Pink Floyd musicalizó películas y promovió el liderazgo de Roger Waters, y, tras el disco despedida de Cream ( Goodbye), Eric Clapton cumplió el sueño de armar una superbanda con Steve Winwood, llamada Blind Faith que duraría... unos meses. Pete Townshend canalizó su ambición con The Who y concretó la gran ópera rock de todos los tiempos, Tommy, una historia conceptual basada en su devoción por el gurú Meher Baba, fallecido a comienzos del 69. Además, unos chicos llamados Genesis grabaron su primer disco, aunque en la batería aún no estaba Phil Collins.

Al otro lado del Atlántico, Bob Dylan exploró una sociedad con Johnny Cash y los sonidos del country; en Michigan, Iggy Pop puso en marcha a los Stooges y MC5 hizo rugir el sonido de una Detroit que era mucho más que los ritmos de Motown (que ese año hizo debutar con un disco a cinco hermanos entre los que sobresalía un chiquilín de 11 años llamado Michael Jackson); en Miami, Jim Morrison fue arrestado por obscenidad sobre el escenario; en el oeste, Crosby, Stills & Nash crearon un supergrupo de voces al que pronto se sumaría Neil Young, entonces debutante en soledad, y en Nueva York, Lou Reed terminó de apoderarse de Velvet Underground, mientras que Miles Davis dio el puntapié inicial de la fusión con las dos largas piezas que integran In a Silent Way, al tiempo que dejó grabado el sucesor: Bitches Brew.

El mismo año que consagró a Woodstock como la madre de todos los festivales también expuso un sistema que terminó por engullir los sueños de paz y amor. Y abrió, para los jóvenes de la cultura rock, un mundo en el que también cabían la violencia y la decadencia. La rebeldía empezó a pasar por la furia e iría poco a poco dejando atrás los tiempos hippies para atravesar la era del glam y llegar a la distopía punk. 1969 fue el año en que la juventud dejó la inocencia de lado.

  • SPINETTA SALE A LA SUPERFICIE CON "MUCHACHA". En la Argentina de 1969, el rock, aunque todavía de nicho, sentaba las bases para todo lo que llegaría en las décadas siguientes. Ya apagados los ecos de La Cueva original (que había cerrado dos años antes), mientras en la superficie brillaban cantantes como Leonardo Favio -con el taquillero "Fuiste mía un verano"- y el jovencito Sabú -con su disco debut-, el género se apuntalaba desde bares como La Perla de Once, programas de radio como Modart en la noche y emprendimientos quijotescos como fue la creación del sello Mandioca, que lanzó al mercado un compilado y simples de artistas como Manal, Vox Dei y Moris, entre otros. Ese 1969 ya mostraba la consolidación de Los Gatos -que editan Beat N°1, su cuarto disco, en el que brilla la guitarra de un muchachito llamado Norberto Napolitano, apodado Pappo, que había dejado Los Abuelos de la Nada- y tiene como hito la publicación del disco debut de Almendra, en el que sobresale el inoxidable hit escrito por Luis Alberto Spinetta, "Muchacha (ojos de papel)".

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