La hora de Victoria Ocampo: la “hermana mayor” de la cultura argentina
Entre abril y mayo, la Fundación Sur publicará los tres primeros tomos de “Autobiografía”; hoy se conmemora el 47° aniversario de la muerte de la inigualable escritora, editora e intelectual
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Así como la escritora Silvina Ocampo fue la hermana menor del clan, según la definición de su biógrafa, Mariana Enriquez, Victoria Ocampo pasó a ser, por el alcance de su labor como escritora, editora y mecenas, la “hermana mayor de la cultura argentina”. No por nada en La máquina cultural, Beatriz Sarlo le asignó el lugar de la “traductora”, en el sentido de la viajera políglota que “importaba” e interpretaba en clave local movimientos artísticos y las obras de escritores, músicos y filósofos, desde Virginia Woolf hasta Waldo Frank, pasando por Rabindranath Tagore, José Ortega y Gasset e Igor Stravinsky. Es difícil imaginar lo que hubiera sido Ocampo en la era digital.
“La vida de Victoria Ocampo es un ejemplo, un ejemplo de hospitalidad -escribió Jorge Luis Borges en Sur después de la muerte de su amiga-. Esa hospitalidad la llevó a recibir tantas culturas, tantos países a través de su memoria llena de versos en diversos idiomas”. Hoy se conmemora un nuevo aniversario de su muerte, en Beccar, el 27 de enero de 1979.
La Fundación Sur, creada por Victoria Ocampo en 1962 y cuyo Consejo de Administración preside el letrado Juan Javier Negri, publicó como todos los años un aviso fúnebre que recuerda el aniversario de la muerte de la escritora nacida en abril de 1890.

“Enero de 2026 nos encuentra trabajando en la primera reedición de Autobiografía después de la publicada en 1981 -dice Negri a LA NACION-. Es un proyecto que hemos encarado conjuntamente con la Asociación Amigos de Villa Ocampo (AAVO). Ambas entidades formamos un equipo de trabajo dirigido por la profesora Elisa Mayorga de O’Farrell y la doctora Patricia Pellegrini, que ha trabajado mucho y duro para tener los primeros tres tomos listos entre abril y mayo de este año”. Ocampo comenzó a escribir sus memorias en 1952, que se publicaron en seis tomos después de su muerte.
“Hemos contado con la asistencia de Ernesto Montequin para la búsqueda y reposición de antecedentes y materiales, la ayuda de la licenciada Luz Henríquez en el aspecto editorial, la colaboración de Pablo Gauna para maquetar la edición y una mano del ingeniero Ubaldo Aguirre para los aspectos financieros del proyecto -agrega Negri-. Todo bajo la dirección de Marta Álvarez Molindi, presidenta de la AAVO y de la Federacion Argentina de Amigos de Museos, y mía”. Negri recuerda que la primera edición de Autobiografía fue publicada póstumamente, “con gran escasez de recursos, y hubo muchos detalles que se pasaron por alto; así es que ahora hemos ajustado traducciones, enmendado erratas, revisado nombres”.
“Estamos lejos de una edición crítica, pero cerca de una reedición cuidadosa y prolija -asegura-. La tarea de relectura de su autobiografía nos ha confirmado la importancia de Victoria Ocampo como escritora, ensayista y memorialista. Algunas de sus páginas son de increíble lirismo; otras de enorme profundidad y la obra, en su conjunto, algo realmente excepcional dentro de la literatura argentina”.
“Si bien hoy se cumplen cuarenta y siete años de su fallecimiento, el legado de Ocampo tiene una vigencia que, durante mucho tiempo, e incluso hasta hace bastante poco, le era negada -dice la profesora y crítica literaria María Celia Vázquez-. Fue con el auge de los feminismos, los estudios queer y las diversas perspectivas de género que se configuró un horizonte de lectura capaz de ponerlo en valor. Para empezar, al quedar desplazada la crítica ideológica de las preocupaciones contemporáneas, se logró rescatar la figura de Ocampo de ese espacio de antinomias, del tipo peronismo/antiperonismo y europeísmo/nacionalismo, donde había sido confinada. El cambio de perspectiva permitió empezar a descubrir matices y recomponer complejidades. Afortunadamente ahora interesa menos seguir condenándola por ‘gorila’ y extranjerizante que demostrar cuán a la vanguardia estuvo, si pensamos en la defensa de los derechos civiles de las mujeres pero también, o quizás sobre todo, en el agenciamiento de un lugar propio como escritora y gestora cultural”.
“A Victoria le encantaba imaginarse pionera y de hecho en muchos campos lo fue -sostiene Vázquez-. Como bien señala Leopoldo Brizuela, desde muy temprano la revista Sur, dirigida por ella, ejerció hospitalidad con las disidencias sexuales. Brizuela percibe, en el conjunto de autores gays y autoras lesbianas que colaboraban en Sur, la formación de un discreto pero fuerte foco de resistencia. Esta hipótesis, si no echa por tierra, al menos pone en cuestión el presupuesto consolidado de que la revista comenzó a declinar y envejecer en los años 50”. José Bianco, Juan José Sebrelli, María Elena Walsh, Sylvia Molloy y Enrique Pezzoni, entre otros, colaboraron en Sur.
Para Vázquez, la potencia de Ocampo no debe ser confinada ahora en un imaginario queer, “sino en recoger la invitación a volver sobre ella y su obra con preguntas nuevas”. “Celebro que a Victoria le haya llegado la hora; sabemos que volverse contemporáneo es una cuestión de tiempo y que por fin a ella se le dio -concluye-. Sin embargo, para alcanzar plena vigencia estaría buenísimo que se continuara con la reedición de la obra que todavía circula como una figurita difícil de conseguir”.
La profesora y traductora Cecilia Verdi destaca la faceta de escritora de Ocampo. “Menos conocida pero cada vez más valorada, su obra incluye diez volúmenes de Testimonios, título bajo el cual reúne prácticamente toda su producción de ensayos, artículos y semblanzas -dice a LA NACION-. Muchos de estos escritos recogen sus observaciones a partir de experiencias de viajes, de encuentros con escritores, de lecturas, observaciones que entremezcla con reflexiones sobre cuestiones universales que atañen al ser humano. Independientemente de Testimonios, Victoria publicó numerosos libros, como Tagore en las Barrancas de San Isidro, un estudio sobre el escritor británico T. E. Lawrence y otro sobre el compositor Johann Sebastian Bach. Pero la obra de Victoria no se agota aquí. Comprende una Autobiografía en seis volúmenes y una vasta correspondencia de inestimable valor documental y literario con personalidades de la cultura tales como Gabriela Mistral, Virginia Woolf, Roger Caillois, Albert Camus, José Ortega y Gasset, entre tantas otros. Era aficionada al género epistolar y muchas de sus cartas ofrecen adelantos de escritos posteriores tanto es así que ella misma confesó: ‘Cuando me pongo a escribir una carta, escribo en ella un artículo. Por esta razón, cuando escribo un artículo, escribo una carta’”.
Observa Verdi que, en su conjunto, la obra escrita de Ocampo es una muestra del “doble patriotismo” que la caracterizó a lo largo de su vida. “Parte del Río de la Plata y se extiende al mundo entero -señala-. Victoria se nutrió de las letras y del pensamiento europeo para expresar sus propias ideas a través de una obra que se destaca por su carácter dialógico e intertextual. Podría decirse que todo lo que dejó escrito revela la íntima y osada apuesta de presentar sus vivencias y sus reflexiones personales como materia literaria, digna de ser contada. Con este gesto, semejante al que tuvo cuando aceptó ingresar a la Academia Argentina de Letras, abrió el camino para que lo transitaran otras mujeres”.
En Mar del Plata, en el Centro Cultural Victoria Ocampo (Matheu 1851), se puede visitar la muestra fotográfica-literaria Victoria, sus pasos por nuestra ciudad. Villa Victoria abre de lunes a domingos, de 16 a 19. La entrada general cuesta $ 3900; residentes, jubilados y estudiantes, $ 2900.
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