La juvenilia digital: el youtuber Germán desbordó la Rural
En el anteúltimo día de la Feria, el chileno firmó ejemplares de su libro #Chupaelperro ocho horas; día de multitudes
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El último sábado de la edición 42 de la Feria del Libro fue un día especial en más de un sentido. Por primera vez tuvo lugar un encuentro "del autor al lector", histórico lema de la Feria, exclusivo para un público determinado. Claro que, en esta oportunidad, el autor era en realidad la estrella de habla hispana de YouTube, Germán Garmendia, cuyo primer libro #Chupaelperro vendió en el país más de 20.000 ejemplares en una semana.
La expectativa provocada por la presencia del famoso youtuber, que tiene 27 millones de seguidores en su canal Hola, soy Germán, desbordó el predio de La Rural con un pico de asistencia histórico en las tres semanas. Con 2500 tickets especiales agotados en pocas horas el mismo día que salieron a la venta, la presencia de Garmendia en la Feria obligó a los organizadores a disponer de un pabellón exclusivo para la firma de ejemplares y a armar un operativo de seguridad inédito que incluyó personal contratado por la Fundación El Libro, la editorial Penguin Random House, un refuerzo de la Policía Federal y una ambulancia. Todo para prevenir cualquier incidente que pudiera ocasionar el desbande de los fanáticos de Germán, que ayer firmó ejemplares de su libro durante ocho horas.
El operativo no fue exagerado: hace pocas semanas, en Bogotá, muchos de los jóvenes que no consiguieron entrar a la sala donde se presentaba Garmendia provocaron disturbios y desmanes.
En su primera visita a Buenos Aires, el chileno de 26 años se robó los flashes y el protagonismo de una jornada dedicada al público juvenil en la que también estuvieron presentes otros best sellers, como la argentina Tiffany Calligaris, que firmó ejemplares de la tercera parte de su saga Witches en el stand de Planeta, y los estadounidenses Rick Yancey, que presentó su novela La quinta ola en la Sala José Hernández, y Sophie Jordan, autora de la trilogía Firelight y de Reino de sombras, entre otros títulos. Ellos tuvieron también su larga fila de fanáticos aunque, claro, imposible siquiera de empatar con los miles que esperaron durante horas para conocer a Germán.
Del autor al lector
Los primeros que llegaron para hacer fila frente a la entrada de Oro y Juncal, específica para los seguidores de Garmendia, lo hicieron a las seis de la mañana. Abrigados, con termos, viandas y el infaltable ejemplar de #Chupaelperro en la mano, requisito indispensable para la firma, esperaron pacientes hasta el mediodía, cuando se abrieron las puertas para el ingreso. A las cuatro de la tarde cuando, según los encargados de prensa de Penguin, ya habían obtenido la firma y el saludo del ídolo alrededor de 1000 personas, la cola para acceder al Pabellón 8 daba unas vueltas larguísimas por todo el predio.
Los que se habían quedado sin el ticket anticipado para ver a Germán compraron la entrada convencional a la Feria y se reunieron frente a una pantalla gigante ubicada en un espacio verde donde proyectaban los videos del joven en loop y, cada tanto, transmitían lo que sucedía adentro del pabellón. Gritaban para pedir que Garmendia saliera a saludar, pero los organizadores no tenían previsto que ese pequeño milagro sucediera, por razones de seguridad.
Mientras tanto, adentro del Pabellón 8, la Garmendiamanía hacía furor: sentado detrás de un escritorio de un metro y medio de ancho (uno de los pedidos del youtuber para evitar que los fans se acercaran demasiado), firmaba un libro detrás de otro. La idea original era que no se demorara más de seis segundos con cada persona para llegar a recibir a todos. También, que nadie se sacara fotos con la estrella ni intentara besarlo o abrazarlo. Durante el tiempo que LA NACION estuvo cerca del escritorio de Garmendia, algunas chicas consiguieron una selfie y algún que otro abrazo. Vestido con un buzo negro con capucha sobre una remera bordó, Germán aceptó que le sacaran algunas fotos -siempre con cámaras de la editorial, que después las subirá al sitio Me gusta leer- y no rechazó ningún roce. Es más, un grupo de siete fans munidas con una bandera argentina atravesada por el nombre de la estrella logró rodearlo para una foto conjunta y, en un segundo, burlando a los agentes de seguridad, se le tiraron encima para tocarlo. Lo despeinaron y le sacaron la capucha. Rápidamente y en forma amable fueron invitadas a retirarse. Germán nunca perdió la sonrisa y los buenos modales.
Llamó la atención la edad de los asistentes ansiosos por conseguir la firma, el saludo y la mirada del ídolo: chicos desde 7 u 8 años, que siguen su canal de juegos JuegaGermán, acompañados por sus nerviosos padres, y adolescentes de 14 en adelante que siguen sus consejos de toda índole por Hola, soy Germán. Allí habla de todos menos de libros. Garmendia no es un booktuber como los que el viernes tuvieron un encuentro internacional organizado por la Feria: es una estrella del firmamento virtual y en sus videos habla con humor sobre situaciones de la vida cotidiana con las que los seguidores se sienten identificados. Más que un fenómeno cultural, lo de Garmendia es un caso de estudio sociológico que quedará abierto a los especialistas en conductas humanas. ¿Qué tiene este chico de especial? Los fans que fueron a conocerlo ayer a La Rural coinciden en resaltar su carisma, su sentido del humor y su espontaneidad.
Realidades paralelas
Mientras tanto, adentro de los pabellones, ajenos al fenómeno Hola, soy Germán, fueron muchos los que recorrieron los pasillos desbordados de público. En el stand de Santiago del Estero se bailaba folklore, en el del Ministerio de Cultura porteño se presentó ¿Conoces el Teatro Colón?, el libro para chicos editado por el sello del Colón. A las 16, Jaime Bayly presentó la novela El niño terrible y la escritora maldita en la Sala Victoria Ocampo. A las 20, una multitud asistió a la presentación de Simplemente Quino, libro que reúne tiras inéditas del autor de Mafalda, que estuvo acompañado por Tute y Juan Sasturain. Un sábado de realidades paralelas en la Feria, en nombre de la diversidad cultural.
Cada dos horas, aproximadamente, Garmendia hacía un alto para descansar. A las 18, la fila seguía firme esperando su ansiado momento. La ceremonia de firma estaba prevista hasta las 22. A esa hora esperaban a Germán en Casa Cruz para una fiesta privada en su homenaje organizada por la productora Club Media Network. La asistencia de la estrella de YouTube al restaurante de Palermo fue establecida por contrato. Así que, después de ocho horas de firma y saludos, al cierre de esta edición a Garmendia todavía le faltaba festejar.
La agenda de hoy
A las 13
Convención de bloggers. Los blogueros de la Argentina debatirán y entrevistarán a autores de la literatura juvenil. En la Sala Jorge Luis Borges
A las 16
Luis Pescetti dialogará con el público, leerá textos propios y cantará canciones. En la Sala Jorge Luis Borges
A las 16
Charla con el biólogo Estanislao Bachrach. En la Sala José Hernández
A las 16
"Borges: miradas". Diferentes miradas sobre la literatura borgeana. Con Viviana Ackerman, Claudia Fernández Greco, Edgardo Gutiérrez, Dante Palma, Alejandro Vaccaro. En la Sala L. Lugones.
A las 18
El periodista Hugo Alconada Mon presentará su libro La piñata. En la Sala Victoria Ocampo
Lo que ?se escuchó
En una charla con Dolores Graña en el stand de la nacion
"No volvería a trabajar ?en TV porque el guionista nunca es el dueño de la historia. Son cuatro productoras que lo deciden todo. De hecho, acá la gente no conoce a los guionistas de un programa exitoso. No creo que mucha gente sepa quién escribe La Leona. No es como en los Estados Unidos, donde manda el director o el libretista. Por eso prefiero dedicarme a la literatura, donde decido todo".
CLAUDIA PIÑEIRO
Me gusta
No son muchos los que entran ellos. No venden nada. Pero ahí están, esperando. Son los stands de los países. Con libros raros e idiomas apasionantes. Dos ejemplos. En el de Japón, se pudo aprender todo sobre el Chado, la ceremonia del té a cargo de un maestro. En la de Galicia (invitado del año) se exhibe un facsímil hermoso del Codex Calixtinus de 1140.
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