La risa
En el poema “Vida sencilla”, Octavio Paz propone “reír como el mar ríe, el viento ríe/ sin que la risa suene a vidrios rotos”. Habría que tener estos versos siempre cerca. Y esta foto siempre a mano. Porque quizás en este mismo momento, mientras corremos en la prisa de la subsistencia diaria –tironeados entre el ruido, los trámites y el peso de las horas que jamás alcanzan–, en este mismo instante en que la vida se nos escapa sin que siquiera lo notemos, un niño ríe junto a unos búfalos en un tramo de un río con nombre ancestral, el Éufrates. Y quién le quita a este pibe anónimo tan tremendo derroche de alegría. Pura piel, cuerpo mojado, juego entre el agua y los animales que a su modo acompañan. Cómo atrapar tanta luz, de qué modo disponer de semejante riqueza. Un niño se deja llevar, sin trabas, por la intensidad de lo vivo. Si algo no hay aquí, es ruido a vidrios rotos.
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