Reaparecen en París dos pinturas de Monet que no se veían hace cien años
En el año del centenario de la muerte del artista francés, subastarán paisajes del Sena que permanecieron en colecciones privadas, lejos de la vista del público, desde comienzos del siglo XX; estiman que podrían superar los 10 millones de euros
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En el año del centenario de la muerte de Claude Monet, el mercado del arte vuelve a poner al francés en el centro de la escena: dos pinturas suyas que permanecieron fuera de la vista del público durante casi 100 años saldrán a subasta el 16 de abril en Sotheby’s París. Se trata de Les Îles de Port-Villez (Las islas de Port-Villez, 1883) y Vétheuil, effet du matin (Vétheuil, efecto de la mañana, 1901), dos paisajes del Sena realizados en momentos muy distintos de su carrera que, juntos, trazan un recorrido por su evolución pictórica.
La casa de remates estima para Les Îles de Port-Villez un precio de entre 3 y 5 millones de euros, mientras que Vétheuil, effet du matin podría cosatar entre 6 y 8 millones. Según especialistas, son las pinturas de Monet más valiosas en salir al mercado en Francia en más de dos décadas.
Les Îles de Port-Villez tiene además un atractivo particular, porque hasta ahora solo se la conocía a través de reproducciones en blanco y negro. Pintada poco después de que Monet se instalara en Giverny, en 1883, la obra captura una de las obsesiones que marcarían buena parte de su producción posterior: los reflejos del agua y las variaciones de la luz sobre el río. Esta obra no se veía públicamente desde comienzos del siglo XX.

En ese momento, Monet trabajaba muchas veces desde su célebre barco-taller, que le permitía pintar directamente desde el agua. Thomas Bompard, codirector del departamento de arte moderno y contemporáneo de Sotheby’s París, lo explicó así: “Monet es como un explorador que llega a un mundo nuevo y utiliza su barco para ser lo más libre posible”. Y agregó: “Allí se convierte verdaderamente en el dueño de su estética.”
La otra obra, Vétheuil, effet du matin, pertenece a un Monet ya consolidado. Pintada en 1901, muestra el paisaje de Vétheuil con una composición donde el río ocupa gran parte del lienzo y el interés se desplaza hacia la atmósfera y los efectos de la luz. Forma parte de una serie de vistas del mismo lugar, en línea con el método que el artista desarrolló en su madurez: pintar un mismo motivo una y otra vez para capturar sus variaciones. La última vez que esta obra se vio en público fue en 1928.
Entre ambas piezas hay una distancia de casi veinte años, pero ambas se realizaron en momentos clave de su trayectoria. Si en la primera aparece el artista que descubre Giverny y empieza a experimentar con el paisaje, en la segunda se advierte al pintor que ya ha construido un lenguaje propio basado en la percepción, la repetición y la transformación de la mirada.
Nacido en París en 1840 y criado en Le Havre, Monet fue una figura central del impresionismo, movimiento que rompió con las convenciones académicas del siglo XIX al privilegiar la pintura al aire libre y los efectos cambiantes de la luz. Su nombre quedó asociado a Impresión, sol naciente, la obra que dio origen al término “impresionismo”, y a sus series más célebres, como los almiares, la catedral de Rouen y los nenúfares de Giverny. Este 2026, Francia conmemora el centenario de su muerte, mientras su obra sigue siendo una referencia ineludible tanto en los museos como en el mercado.
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