"Todo libro es político", dicen en el stand 534

Daniel Gigena
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25 de abril de 2015  

Por primera vez, en la Feria del Libro hay un stand con literatura, ensayo y filosofía publicados por seis sellos autogestivos. A priori, la propuesta evoca el éxito de Los Siete Logos o Sólidos Platónicos, puestos colectivos de sellos independientes como Caja Negra, Eterna Cadencia y Adriana Hidalgo (entre los primeros) y Aquilina, Ediciones Godot y Letra Nómada (de los segundos), que convocan público y cosechan reconocimiento.

En el stand 534 del Pabellón Azul se pueden encontrar libros de editoriales autogestivas de la Argentina, Chile, México y España. Con el lema "Todo libro es político", es un espacio abierto a las presentaciones espontáneas, charlas, firmas de ejemplares, programas radiales y diálogos entre agentes de la industria.

Algunos de estos sellos, como Milena Caserola, funcionan como una "usina de libros": en 2014 publicó casi 50 títulos en un catálogo ecléctico que reúne a autores inéditos con consagrados. Otros, como Tinta Limón o Las Cuarenta, publican diez libros por año. Hekht se define como una "plataforma de exploración editorial" y tiene libros artesanales, cosidos a mano, en tiradas de 500 ejemplares, como el bello Lo informe, de Reynaldo Jiménez. Los libros de estas editoriales se distribuyen en Capital y GBA, pero todos coinciden en que se venden mayormente en encuentros y lecturas públicas.

"Este stand viene a decirle a la Feria que «todo libro no es político» y eso genera una potencia interesante. Nos proponemos comunicarle al público que los procesos de producción (desde la elección del catálogo hasta el marketing) de los libros de editoriales trasnacionales no son iguales a los nuestros. En este sentido creemos que hay que continuar profundizando las discusiones en torno a la «bibliodiversidad», conceptualizada por Gilles Colleu como una noción que aplica la biodiversidad al libro", dice Marilina Winik, de Hekht.

-¿Cómo resisten el achicamiento del mercado?

-Hay un proceso doble. Por un lado, grupos monopólicos compran librerías y editoriales, y eso provoca una homogeneización de contenidos. Y, por el otro, vemos que hay un movimiento vivo de editores que seleccionan catálogos, de librerías que se dedican a fomentar las producciones que no son mainstream, de autores que no son megaestrellas y que aportan contenidos interesantes al "acervo cultural" del país... Hay que seguir fortaleciendo nuestro sector, logrando que toda esa cadena -autor, editor, imprentero, distribuidor, librería, lector- se consolide..

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