Ultracrepidarios
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Las lenguas clásicas requieren una vocación de detective. O de periodista, para el caso. Hay que rastrear con esmero y paciencia textos antiguos hasta dar con una sola respuesta. Ahora, por ejemplo, empiezan a darse las condiciones, en esta época de panelistas y opinólogos, para una nueva palabra, cuya existencia la Real Academia Española (RAE) reconoció por Twitter en 2019. Se trata de ultracrepidario, neologismo que significa “el que opina sin saber del tema”. Fue usada por primera vez en 1819 por el ensayista inglés William Hazlitt, aunque pudo haber sido acuñado por otro autor, Charles Lamb. Todavía no está en el Diccionario de la RAE, pero merece estarlo. Es un deporte universal.
El origen de la palabra es delicioso. Ultra, como se sabe, quiere decir “más allá”, en latín. Crepida significaba “sandalia”, y crepidarius, el que hacía sandalias. Narra Plinio el Viejo en su Historia Natural (libro 35, capítulo 36) que el pintor griego Apeles reprendió a un zapatero que, tras juzgar correctamente un error del artista en una sandalia (que Apeles corrigió), se le dio por opinar también sobre las piernas en el cuadro. El pintor le advirtió entonces, indignado, que no juzgara más allá de sus sandalias (“Ne supra crepidam sutor iudicaret”). Zapatero a tus zapatos, en suma. Ojalá hiciéramos caso.
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