Un Museo del Escritor hecho a pulmón

Lo crearon dos argentinos; está en Madrid y reúne objetos y rarezas
Laura Ventura
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23 de abril de 2015  

MADRID.- Buscó su teléfono en la guía y se decidió a marcar el número. Era 1982 y Jorge Luis Borges en persona atendía a un entusiasta adolescente que llamaba preocupado por hacer bien su tarea de literatura. El escritor lo citó al día siguiente en su casa de la calle Maipú. Claudio Pérez Míguez tenía 15 años y ya era un devoto admirador del autor. Poco tiempo después de ese encuentro, Borges fue a Quilmes para inaugurar el taller literario que se realizaba en la escuela de Claudio e incluso fue a conocer a la familia del joven lector. Pérez Míguez estudió derecho, pero lo suyo era el arte y la gestión cultural. Junto con Raúl Manrique Girón, también argentino, profesor de pintura e ingeniero, crearon en 1995 el Centro de Arte Moderno, cuya sede original estaba en Quilmes. En 2002 se trasladaron a Madrid y con ellos sus ideas y sus ansias de crear en España un espacio dedicado a la memoria de los escritores hispanoamericanos. Hoy, el Museo del Escritor, único en su especie, con motivo del día que se celebra en honor al libro, quedará reinaugurado tras duplicar el espacio, donde se podrán exponer más reliquias y tesoros de autores en lengua castellana.

Dentro del Centro de Arte Moderno (Galileo 52), en el barrio de Argüelles, funciona el Museo del Escritor, que abre sus puertas con entrada libre y gratuita. Sus dueños realizan las visitas guiadas que se realizan con cita previa. La colección acaba de incorporar piezas de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Oliverio Girondo, Juan Carlos Onetti, Alejandra Pizarnik, Nicanor Parra, Arnaldo Calveyra, Aurora Bernárdez y Miguel Delibes, por nombrar algunos. Son más de 5000 las piezas que se atesoran en este museo. A su vez, a este espacio acudieron artistas de la talla de Antonio Muñoz Molina, José Manuel Caballero Bonald, Ernesto Cardenal, María Kodama, Luisa Valenzuela y María de los Ángeles Marechal para visitar la muestra y también para brindar charlas.

En ese santuario de las letras, se conserva, por ejemplo, la dedicatoria que Cortázar le realizó a Pizarnik en el libro de Henri Michaux, donde la acepta como socia honoraria del Club de la Serpiente. Los anteojos de Onetti, libros que pertenecieron a Borges, un diario de viaje de Mujica Lainez, una tortuga de María Elena Walsh, un sombrero de Bioy Casares, el certificado de nacimiento de Olga Orozco y otros tesoros integran este acervo. "Los caminos de los libros son como los caminos del señor", bromea Pérez Míguez, y agrega su socio que la mayor parte de los objetos son donados, o bien por los herederos de los escritores, o por amigos de los intelectuales.

Es este oasis para coleccionistas -es decir, gracias a la venta de ejemplares inhallables y primeras ediciones de clásicos- el que permite que subsista el museo. Dentro de este Centro de Arte también funciona una pequeña editorial -mínima por su tirada, no por su material-, Del Centro Editores, dedicada a publicar inéditos de grandes autores.

Un largo camino han recorrido estos argentinos cuya propuesta sigue creciendo. En mayo, fuera de las puertas de su museo, inaugurarán en Casa de América una exposición dedicada a las vanguardias en el Río de la Plata. Compartirán allí con un público más amplio los objetos y textos curados para esta muestra. "Nosotros no tenemos dinero. Todo se basa mucho en el contacto personal. Ése es nuestro principal capital y por eso el público confía en nuestro trabajo", resumen.

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