Un sentimiento
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Los argentinos nos sentimos especiales. Tal vez les ocurre lo mismo a los habitantes de todos los países. Pero incluso en ese marco, los argentinos nos sentimos especiales. No es nada malo, todo lo contrario. A lo mejor es más egocentrismo que otra cosa. Pero es preferible que nos sintamos especiales a todo lo contrario.
Dicho esto, y puesto que estamos en un año electoral, mi mejor consejo es que nos concentremos menos en cómo nos sentimos y más en los resultados. Este año cada bando intentará destacar lo malo ajeno y lo bueno propio. Pero no nos dejaremos encandilar por esa pirotecnia.
El asunto es que, aunque nos sentimos especiales, vivimos mal. Millones de argentinos lo pasan horrible. Los que la pasan menos mal, no saben cuándo van a empezar a pasarla peor, en lugar de soñar con prosperar. Además, permanecemos siempre en vísperas de una tormenta perfecta. Con el corazón en la boca y en pie de guerra. Rebeldes, por supuesto, pero contra las cuerdas. Díscolos, pero pensando incluso en abandonar nuestra propia moneda nacional. No sé. A lo mejor deberíamos empezar a votar más con todo ese amor propio que derrochamos. Y empezar de una vez a ser eso que sentimos que somos.
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