Walter Lezcano: “A lo largo de la historia argentina se fingió demencia respecto del racismo”
Escritor, docente y periodista, publicó el ensayo autobiográfico “Marrón cabeza”, sobre la importancia de la lectura y la escritura en contextos adversos; “Ser marrón te quita oportunidades laborales, de desarrollar tu vida afectiva, de poder cumplir tus sueños”, dice
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El escritor y periodista Walter Lezcano (Goya, 1979) no lo duda: en la Argentina el racismo es un problema estructural. En el ensayo autobiográfico Marrón cabeza (Emecé, $32.900), donde narra su infancia, retrata a su madre y reivindica el poder emancipador de la lectura, reflexiona sobre el postergado debate sobre el racismo en el país, que se actualizó esta semana en redes sociales y medios de prensa, una vez concluido el Mundial de Fútbol.
“El racismo, nos quieren convencer desde todos los frentes, no es un problema argentino -sostiene en Marrón cabeza-. Y esta negación le quita materialidad y consistencia al problema”. Ante los cuestionamientos de racismo, agrega, los ciudadanos argentinos optan por la indignación o por “fingir demencia”.
“Lo que está pasando estos días con la cuestión del racismo en la Argentina expuso de forma quizá histórica e inédita, de una manera que todavía no habíamos recibido como país, un problema, mejor dicho, nos explotó en la cara un problema y dejó en claro varias cuestiones”, dice Lezcano a LA NACION.
“El racismo es el elefante blanco en la habitación que todo el mundo estaba queriendo evitar de alguna manera y finalmente se puso sobre la mesa; era algo que en algún momento se tenía que hablar -señala-. Tal como pasó en los años ochenta y noventa con las disidencias sexuales ante la homofobia, tal como pasó con el feminismo a partir de 2015 en respuesta al machismo, el racismo era algo que estaba sucediendo de una forma brutal, violenta, lingüística. Tuvo que pasar una situación como esta para que se pudiese visibilizar como problemática social”.
Para el autor, en la Argentina existe un “racismo situado”. “No es un tipo de racismo como el de Estados Unidos o en países de África, incluso de Latinoamérica -dice-. Tiene que ver con tres cuestiones: por un lado, es un racismo hacia la identidad marrón, mestiza, porque en el país no hay grandes comunidades afrodescendientes; por otro, acá se sigue sosteniendo una narrativa de imaginario blanco, aquello de que la Argentina es un país hecho de inmigrantes europeos, al reflejo de Europa, de la Europa blanca, la Europa aria, y la tercera cuestión tiene que ver con esos bordes entre racismo y clasismo. Siempre se trató de establecer que en la Argentina no había racismo, sino clasismo. El racismo es una problemática argentina que nunca se quiso ver”.
“Si, por ejemplo, se denomina ‘campaña del desierto’ lo que hizo Julio A. Roca, y no se lo llama genocidio, a partir del cual muchas de las familias ricas argentinas construyeron su poder, se está construyendo un relato sesgado -ejemplifica-. Desde el siglo XIX hasta 1930, con toda la oleada de inmigración europea, se estableció un relato de la identidad argentina a partir de ese momento histórico, olvidando y silenciando todo lo anterior”.
“En términos lingüísticos, tenemos la misma palabra para lo placentero, lo afectuoso, como para lo insultante y despreciativo: negro -ilustra-. Hasta hace un tiempo, si te querían insultar, ubicar o despreciar, te decían ‘negro de mierda’, pero en la intimidad los que te quieren te dicen ‘Negri, negrito’. Y está la aceptación total de la utilización de los insultos racistas en el folclore futbolístico. A lo largo de la historia argentina se fingió demencia respecto del racismo”.
“Yo soy descendiente de indios tobas, hay tobas en mi familia, tengo la piel marrón y ciertos rasgos -dice-. Ser marrón en la Argentina, tener la cara mestiza y rasgos de pueblos originarios implica que constantemente tenés que escuchar que te recuerden que sos marrón. Eso no es solamente una cuestión lingüística; ser marrón en la Argentina es tener menos posibilidades laborales, ser cosificado constantemente y sospechado de que podés ser un sujeto peligroso, violento, malhablado. Esto te quita oportunidades de trabajo, de desarrollar tu vida afectiva, de poder cumplir tus sueños”.
Lezcano también es docente en escuelas secundarias. “Los alumnos que vienen de clases desfavorecidas históricamente y que tienen colores de piel marrón, con rasgos de los pueblos originarios, ni siquiera se animan a soñar una vida atractiva, una vida gozosa, una vida hermosa -afirma-. Ser marrón en la Argentina te quita la posibilidad de soñarte a vos mismo en lugares atractivos. Porque sos marrón, automáticamente la Argentina te niega todas las posibilidades de progreso”.
El racismo estructural en el país se evidencia en el trato que se les da a los “marrones” en instituciones estatales como escuelas, cárceles y fuerzas de seguridad. “Es un tipo de complejidad que la Argentina nunca quiso aceptar, nunca quiso reconocer, nunca quiso mirarlo a la cara, y que ahora finalmente se expone por el Mundial por parte de que aquellos que no viven en este país y lo condenan de una forma totalmente desmedida, y que tampoco entienden estos matices del racismo argentino”, reflexiona.
Marrón cabeza surgió por propuesta de la editora y escritora Ana Ojeda, que invitó al autor a escribir una crónica autobiográfica sobre la importancia de la lectura y la escritura en contextos adversos. “En situaciones de vida que parecen totalmente contraproducentes, a veces nos animamos a leer, a sostener una vida alrededor de la lectura y encima también nos animamos a escribir -dice Lezcano-. La invitación funcionó como ese dique que se rompe, para que yo pueda empezar a probar con mayor intensidad de qué forma contar esa historia que quería contar”.
El libro se divide en tres partes: Leer, Escribir y Combatir. “Hoy en día, la palabra ‘marrón’ se volvió un insulto que uno escucha en la calle y lee en las redes; es una adaptación del racismo en la Argentina -explica-. Entonces, con Marrón cabeza quise usar el insulto como un valor, un desafío, un objeto valorado, una forma de utilizar la fuerza del enemigo para combatirlo”.
-¿Qué dijo tu madre al leer el libro?
-Mi vieja fue la primera persona a la que le llevé un ejemplar. Somos una familia de pocas palabras afectivas entre nosotros. Me agradeció el libro y me mandó un mensaje que dice: “Rebién el libro”. Así que esa es una gran crítica, por lo menos para mí, que mi mamá haya leído el libro, que le haya gustado y que me haya dicho eso. Estoy súper, supercontento.
-¿Por qué incorporaste su voz al ensayo?
-Tengo muy en claro que si me animé a algo en la vida fue por ver la valentía, el salvajismo y la fuerza de mi mamá. Soy hijo de madre soltera, y vi que mi mamá se sobrepuso de muchas maneras a situaciones hiperviolentas. Para mí, intentar una vida alrededor de la lectura y la escritura también me parecía hiperviolento, porque, y ahora vuelvo al racismo en la Argentina, si vos sos marrón y pobre tenés que dedicarte a la delincuencia, tenés que estar en una zanja y estar lleno de adicciones. Ese es tu lugar como marrón pobre en la Argentina. Es algo que vengo escuchando desde que era un chico, en los años 80. Quería hacer otra cosa con mi vida. Y si alguna vez tuve ese sueño, y hasta el día de hoy lo intento llevar adelante, fue gracias a verla a mi vieja actuar, moverse y comerse el mundo entre dos panes.



