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Para un delantero que cruzó los límites que atravesó Martín Palermo, cada grito lo pone ante la posibilidad de un nuevo récord. En los últimos tiempos, a falta de títulos o victorias destacadas para celebrar, el hincha de Boca encontró un buen motivo para sentir alegría, refugiándose en las marcas de su artillero interminable.
Ahora la excusa para recordar a este formidable goleador son las 300 conquistas oficiales, alcanzadas ayer con un cabezazo ante el rival que más lo sufrió, Gimnasia. Esa cifra, la de las tres centenas, puede estar lejos de registros históricos a nivel mundial, pero no deja de ser impresionante si se tiene en cuenta el tipo de carrera que le tocó vivir a Palermo, entre lesiones (algunas de ellas insólitas) y recuperaciones que sólo él podía llevar adelante.
Martín es el jugador que con mayor intensidad recuerda las no tan lejanas épocas de gloria xeneize. Por eso fue el más aplaudido cuando la voz del estadio gritó su nombre. La noche iba a terminar con otro empate amargo, pero al menos el nuevo hito sirvió para que los que estuvieron en la Bombonera se llevaran una razón para saber que vieron otro partido inolvidable.
En los últimos meses de su carrera, para Palermo las marcas personales pasaron a ser algo importante. Tanto que tenía preparada la camiseta que, tarjeta amarilla mediante, mostró ante el fervor del pueblo boquense. Su continuidad parece garantizada. Lo recordaron dirigentes de Boca: "Todavía le quedan seis meses de contrato". Esto, alejó los rumores que decían que Martín estuvo pensando en dejar el fútbol después de pasar la barrera de los 300.
Pero volviendo al tema de la marca, es fácil perderse entre tantos gritos, así que vale la aclaración. Esos 300 goles (en 583 partidos) corresponden a todos sus festejos oficiales en la Argentina y en España, contando torneos locales e internacionales, y con la selección nacional. El detalle es el siguiente: 230 en Boca, 36 en Estudiantes, 21 en Villarreal, 3 en Alavés, 1 en Betis, y 9 con la camiseta celeste y blanca.
Pero, como se dijo, lo más llamativo de esta historia es el recorrido inusual de su carrera. Por motivos propios, como su extrovertida personalidad en sus comienzos, cuando llamaba la atención con sus cambios de look –hasta vistiéndose de mujer–. También por el destino, la fortuna que tuvo –o la falta de ella–. Nadie puede olvidarse que se rompió dos veces los ligamentos de la rodilla (1999 y 2008) y que festejando un gol en Villarreal se le cayó la pared de una tribuna encima, fracturándole la pierna derecha (2001).
Pero volvió una y mil veces. Por eso su historia es más grande. Es leyenda por sus goles contundentes, raros, insólitos. Pero también es un increíble presente para un hombre de 37 años, porque llegó a los 300 y porque acaba de convertirse en el mayor goleador de 2010 en el país, con 18 conquistas (dos más que Santiago Silva).
Deportivamente, el año se acabó para el delantero de la historia maravillosa. Pero el 7 de enero, en Casa Amarilla, comenzará una pretemporada más. Dicen que Falcioni lo considera titular en su nuevo Boca. Todavía hay tiempo para nuevas páginas de gloria del gladiador eterno.
