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LA PLATA.- Ramón Alberto Aguirre Suárez se convirtió en aquella época en un zaguero central rudo, que imponía respeto al borde del área con su sola presencia.
Quien en la actualidad se desempeña como profesor y responsable de las actividades deportivas del colegio San José, de esta ciudad, se enorgullece cuando recuerda aquel equipo que sólo cosechó triunfos. "La era Zubeldía marcó un antes y un después en el fútbol argentino. Fuimos pioneros en realizar la primera pretemporada, en entrenarse con lluvia o granizo, en concentrarnos durante varias semanas y en las jugadas de pizarrón. Conocíamos el reglamento a la perfección y sabíamos utilizarlo. Hoy se habla del achique y nosotros fuimos los primeros en aplicarlo, pero con otro nombre: jugar a la posición adelantada".
Sorprende ver su casa sin adornos ni fotografías de su pasado futbolístico. Aguirre Suárez se defiende y dice que "no soy un nostálgico y el valor de mi trayectoria fue rescatado por el periodismo. Nos etiquetaron como el antifútbol, el equipo que usaba alfileres o le tiraba arena a los ojos de los rivales. Nada de eso es cierto. Fue un invento del periodismo ".
Siempre con su amplia sonrisa, casi picaresca, no duda en confesar que "le arruinamos el negocio, porque se vende con los de mayor convocatoria y Estudiantes no lo era. Fue el primer club chico que dejó de serlo. Sobraron títulos y Estudiantes no era un club vendedor de diarios y revistas como los cinco grandes".
Aguirre Suárez no se cansa de hablar de Osvaldo Zubeldía. Y él lo define por su sabiduría como técnico y por su dignidad. "Fue todo un ejemplo porque no llegaba tarde ni faltaba a una práctica. Su mejor virtud fue anticiparse con la estrategia, saber usar el pizarrón y preocuparse poco por el rival. Nos educó y supo formar un equipo aguerrido, sin líderes. Todos opinaban y discutían. La convivencia al principio no fue fácil, pero Osvaldo la supo imponer".
El ex zaguero recuerda que el partido contra Manchester United fue duro. El estadio era una verdadera caldera. "Salimos 20 minutos antes de empezar el partido, aún no estabámos cambiados y la rechifla fue impresionante. Y nosotros nos preguntábamos cómo saldríamos de allí. Si la cancha no tenía alambrado... Claro, la educación era otra y no pasó de silbidos y gritos hostiles."
Aguirre Suárez rememora que el éxito de Estudiantes "no fue de casualidad. Ese fue el objetivo trazado y supimos concretarlo. Nos sobraba confianza y jamás se pensó en fracasar". Con ojos humecidos, recordó aquel vestuario eufórico. "No había gritos ni cantos. Quién iba a abrir la boca si todos lloraban. Yo era más fuerte de carácter, pero pensé en mis padres que estaban en Tucumán. Y alguna lágrima se me cayó. Era el desahogo de tanto sacrificio. Nadie nos regaló nada. Llegamos por el propio esfuerzo".
Y así se refirió al sacrificio. "Sólo teníamos contacto familiar cada tres semanas, cuando compartíamos un asado. Y nada más. ¿Cúal era nuestra diversión? Los periodistas, a quienes les quitábamos grabadores, micrófonos o cámaras fotográficas. Hasta recuerdo -sonríe- que quemamos un colchón en el que descansaba uno que dormía en el Country".
Aguirre Suárez y su mensaje final: la satisfacción que le dio la vida. "Estoy agradecido al fútbol, porque me aseguró un bienestar. Pero también tengo cinco hijos, y ése es mi orgullo."

